lunes, 30 de enero de 2017

El cartulario de Piasca y García Guinea

La celebración de juicios de Dios u ordalías en el territorio cristiano nos ha llevado a proponerlo en una ventana de Santillana.
Las ordalías luego evolucionaron hacia las justas y torneos. Precisamente a la entrada de Santillana, frente al aparcamiento, hay un gran parque, el campo de Regolvo, en el que la tradición sitúa la celebración de esos espectáculos y duelos en la Baja Edad Media.
No acaban ahí las referencias. Días pasados comentamos que García Guinea había citado la actuación de un vecino lebaniego en una ordalía y ahora tenemos la cita completa.
El “inventor del románico” como le llamaba Peridis, hace en “El románico en Santander”. Tomo I de 1979, un estudio tan completo que no ha sido posible incorporarlo a la nueva versión de la Enciclopedia. Sin embargo, resulta imprescindible para conocer la sociedad medieval, al menos en lo que se refiere a lo que ahora es Cantabria y que en su primer libro era Santander:  aún no se había “inventado” la comunidad  y las anchoas no viajaban en valija diplomática.
Investigando pacientemente en cartularios y documentación, el rastreo del profesor resultó tan completo que aún hoy los estudiantes universitarios no se inclinan por el románico porque consideran que ya lo tiene trillado G.Guinea. Yo se lo comenté a él un día por haberlo oído a una joven profesora y se molestó porque él mismo deja abierta la puerta–por ejemplo, en Santillana, precisamente- a encontrar un programa iconográfico en la iglesia y en otros muchos enclaves de la región. Él consideraba que había trazado un catálogo documentado del románico de la región, pero quedaba mucho por hacer. El resultado es que a esta fecha no hay medievalistas en la U.C.
Bien, vayamos a su investigación. Al describir “la sociedad y la vida montañesa en el siglo XI”,  habla de inmunidades (es decir, privilegios para determinados monasterios y villas) y estudia las tres esferas de jurisdicción normales en los estados de la Reconquista:
a)    Jurisdicción del Estado aplicable a las disputas entre dignatarios (condes, etc.) que dirimía directamente el Rey y eran muy escasas.
b)    Jurisdicción señorial , en manos del “potestas” o señor en nombre del Rey (ámbito en el que se produce la ordalía que vamos a relatar) y
c)    La jurisdicción eclesiástica, que aun teniendo desencuentros con la anterior, también reforzaba el poder ante la sociedad.
Cuenta el investigador que en el cartulario de Piasca, que tan ampliamente estudió Julia Montenegro después, “se transcribe en 1052 un juicio ante el conde Don Gómez, al que acudieron los “homines” de Bembibre de una parte, y el abad de Piasca –Rodrigo- por otra, en representación de los de Piasca y Tabarniego, en la disputa del monte de Yebas. Es interesante constatar que la solución de este pleito la remite el conde al “juicio de Dios” del agua calda, de la que uno de los partidarios del abad salió ileso (“et exivit in de sanus”), testimonio éste de la perduración de las ordalías en los mediados del siglo XI en el procedimiento judicial de estas tierras montañesas. Las pruebas del hierro y del agua caliente perduraron hasta bien entrado el siglo XII, pues el fuero de Castro Urdiales, tomado del de Logroño, y concedido a nuestra villa en 1163 por Alfonso VIII, libera a los aforados de dichas pruebas”.
Más adelante, el estudio cita los elementos humanos para implantar justicia, los sayones reales y los merinos, y en el cartulario tenemos hasta sus nombres: el merino de Don Gómez era Gonzalo Citiz. Y añade: “Estos merinos debían de tener jueces de ellos dependientes, puesto que el mismo documento hace mención de “iudices nostros Vicente Ciprianez et Roderico Alvariz”.
Sólo como una hipótesis de trabajo, ya que esta figura es muy abundante en Palencia: Pozancos, San Zoilo  (y la encontramos en Piasca e incluso en Asturias, en S.Pedro de Plecín) sugerimos estos capiteles que presentan en postura muy seria a un  personaje (habitualmente son dos, uno por cada cara del capitel) que meten la mano en la boca de un león que aparece a su lado o lo sujetan por la oreja, como en San Zoilo, si no pudiera ser una evolución de la bocca della veritá que unos decenios antes vemos de una forma mucho más directa. Hay que tener en cuenta que al tiempo que pervivió, por encima de leyes, la realización de estas prueba, y ya sin la bendición oficial de la iglesia (que otra cosa era lo que exigían los feligreses ante crímenes sin testigos) es muy posible que las mismas prueba fueran evolucionando, evitando daños físicos irrecuperables, pero siempre con la toma de juramento como fin primordial.
(capitel de la ventana del ábside de Santa María de Piasca, Liébana, Cantabria)

El problema de obtener la verdad mediante pruebas dolorosas, se aprovechó más tarde para las cacerías de brujas y el sistema de la tortura –incluso por el Estado- para obtener la verdad llega hasta nuestros días. ¿No habrían pedido hoy una ordalía los vecinos de Sevilla ante la contumacia del culpable declarado y sus cómplices en el crimen de una joven, cuyo cadáver no ha aparecido al cabo de diez años, con la burla permanente a la Justicia de culpables y testigos haciendo buscar esos restos por media ciudad?
Una nueva nota al pié de la pag.478 del mencionado tomo I de "El románico en Santander" del ilustre estudioso, reitera el pleito entre el abad de Piasca y el conde Don Gómez por el monte de Yebas, que se resolviera a propuesta del conde danda "iura et calda",y si saliesen sanos tuvieran el monte en común. "Juró don Vermudo y entro "ad caldam" y salió sano." Menciona en la nota un trabajo de Valdeavellano: "La más difundida de estas pruebas -ordalías- en la España cristiana de la Alta Edad Media, fué la del "agua caliente" (iudicium aquae calida, pena caldaria) por lo que aquel que tenía que practicarla, y que no siempre era el acusado o uno de los litigantes, sino un tercero que los documentos llaman "innocens" o inocente, sacaba unas piedrecillas de una caldera de agua hirviendo, vendándose las quemaduras que esto originaba y si al quitarse las vendas, pasado un plazo de tres o cuatro días, el brazo aparecía limpio de todo daño, el resultado de la prueba le era favorable, o en el caso contrario, el juicio se decidía en contra suya (Valdeavellano-Historia de España.De los orígenes a la Baja Edad Media. 2ª parte.Madrid 1963 pg.203-204)...Esta versión del XII, mal fechada, sin duda hay que fijarla hacia 1052. Reina Fernando  en León y Castilla y figuran como testigos Juan, Munio y Domingo.Fecha concreta 18 de Setiembre de 1050.

¿Ordalía en Santillana del Mar?

Entre la abundante literatura sobre las ordalías, he logrado descargarme de internet un libro muy interesante de Robert Bartlett titulado "Trial by Fire and Water" que ofrece una visión en Europa de la aplicación de las ordalías como justicia ordinaria. El mapa que se adjunta llena de puntitos la amplia zona hispana en 1050 de la que estamos hablando, aunque en número estamos un poco por debajo.
Por otro lado hay una página muy resumida y con ampliaciones en esta web y sus enlaces

Pero lo que queremos proponer es una posible muestra escultórica de la ordalía, o al menos del juicio público, esta vez en un capitel de una ventana en Santillana del Mar. El propio García Guinea se queja de lo costoso que resulta encontrar alguna relación en su iconografía, sugiere que deba retrasarse la datación de su iglesia antes de finales del XII y hace, como siempre, una acertada descripción, pero es muy aséptico en la interpretación.
Hace unos días, el profesor que probablemente mejor conoce todo el románico de Palencia, Burgos y Cantabria, me señaló en unos breves minutos que pudo dedicarlo, cómo en la ventana norte del ábside central de la Colegiata de Santillana pudiera haber una escena relacionada con lo que estamos tratando. Vamos a ir acercándonos.





Bien. Podemos ver que la ventana central no tiene esculpidos los capiteles. La explicación es sencilla. En una fecha que no recuerdo, pero hacia el siglo XVII o XVIII un vecino de "posibles" logró permiso para construir una capilla familiar rasgando ese ábside y colocando la capilla a partir del corte. Esas cosas se hacían para buscar acomodo lo más cerca posible del altar y se consentía porque no se valoraba el edificio. Al restaurarlo, no se esculpían los capiteles. De los originales, mejor no preguntar.
Bien, el tema que nos ocupa está situado en el capitel más exterior a la derecha de la ventana norte de este ábside.
Esta observación sugería, como la aguda vista del profesor descubrió, una ordalía, puesto que aparece un personaje, entre otros más, que mete una mano en la boca de un león o fiera. Pero debe matizar que, como buen profesor, mi comentarista no se pronuncia en el sentido que proponemos.
Veamos lo que dice García Guinea al respecto: " De izquierda a derecha podemos ver: personaje un poco ladeado que mete su mano izquierda en la boca de una cabeza monstruosa; dos personajes con las cabezas muy juntas, el primero está de pie e inclinado hacia el segundo que, sentado, parece sostener con sus manos un bastón o un arco; otra figura, también sentada, que sujeta un fuste en vertical que acaba en capitel de volutas".  Ahora toca ver las caras del capitel.

Como describe G.Guinea no parece discutible que el personaje primero introduce su mano en la boca del león, a la manera que estamos viendo desde el principio. Hay que destacar que en Santillana, tal como dijimos, hay en el interior un capitel con escena de acarreo pero sin devoración y otra que hubo de estar, pero que fué extraña y sañudamente picada, dejando sólo los laterales, idénticos al primero.
Por la foto podemos comprobar que el siguiente personaje parece agarrar al otro, al que veremos luego en otra toma más de frente, que es quien ofrece más dudas sobre lo que lleva en las manos.
Este personaje pudiera ser clave para acabar de entender la escena. Lo que lleva -si es que lleva algo-entre las manos le sugiera al profesor G.Guinea un bastón o un arco. No parece tener ese formato de bastón porque abarca las dos manos. El arco creo que es descartable. A este humilde servidor -puede que arrimando el ascua a su sardina- le sugiere un hombre que lleva las manos atadas y la soga llega a los pies. En mi opinión es un reo que está esperando sentencia.
Y ya estamos viendo al último personaje de esta escena. Este hombre está sentado pero creo que no sujeta la columna (uno no se sienta a sujetar una columna, ni siendo de escayola, que pesan lo suyo) sino que está amarrado a la columna. 
Propongo que estamos en una "sala" de juicio -quizás también fuera Santillana iglesia juradera- en donde se presenta el estereotipo del juramento mediante la cabeza leonina en la que se mete la mano.
Las revueltas que se ven debajo de donde aparece la mano izquierda del "reo" indican más bien una soga que la mano derecha.
Pudiera ser coincidencia, pero el capitel adjunto tiene un trenzado al que era muy aficionado el tallista de Santillana, para demostrar su capacidad. Pero ese trenzado lo ha hecho en forma de cerrajería, como las rejas que se ponen en los comercios... o en las prisiones. También coincide que sobre esas rejas aparecen en ambas caras unas siniestras cabezas leoninas sujetándolas.
¿Alusión a la prisión? ¿simple adorno?
Es interesante la observación de G.Guinea respecto a la "rejería" de Santillana: "tienen indudable parentesco con uno de San Juan de Raicedo y otro, quizás ya desaparecido, que logramos fotografiar, que se hallaba al aire y sobre una columna, en las proximidades de la capilla neoclásica, conocida por "El Partenón", perteneciente a los Duques de Santo Mauro, en Las Fraguas. Ambos parecen muy primitivos y nos pueden ofrecer una pista para los de Santillana". (¿quien tiene ese capitel?)
Muy cerca, entre los canecillos que decoran esas fachadas, encontramos otro elemento similar
y también con cabeza devoradora sobre el entramado, pero ya decimos que es un formato habitual en Santillana.
Y ya para terminar esta "exposición fotográfica" hemos de ir hacia el ábside sur, en donde tenemos una ventana con cabeza leonina devoradora, pero nos anticipamos a advertir la clara diferencia.
En este caso, el león no devora la mano de nadie, sino que parece ser acometido por el hombre a su lado, que parece llevar un cinturón de fuerza. En el ángulo, una posible escena de caza animal: un águila sujeta con el pico a un cuadrúpedo, quizás una liebre.

Y a la vuelta, la resolución con el cazador manejando su lanza.
Nada que ver con el dramatismo que refleja el capitel que proponemos como ordalía.

En el alero, entre el arpista bien dotado y otros elementos de buena talla y complicados de entender, tenemos una muestra de la "asepsia" del profesor G.Guinea: cuando llega a la dama que vamos a mostrar, la describe como "figura femenina que soporta serpientes que muerden sus pechos." (a eso lo llamamos lujuria, ¿no?) y su acompañante: "figura humana desnuda, sentada a la manera india. La mano derecha la apoya sobre el pecho del mismo lado". A nuestro modesto parecer, esa pareja "clásica" reproducen al avaro y la lujuria, aunque el avaro, que me parece sujeta contra el pecho la bolsa, está sentado en una postura realmente original. Como el maestro quiere poner figuras largas y no tiene sitio en tan escaso canecillo, le pliega las piernas y ...perfecto.

martes, 24 de enero de 2017

Y ahora...el Fuero General de Navarra

También en Internet está accesible un interesante trabajo de Luis del Campo, a quien suponemos doctor en medicina por sus comentarios. El artículo “Las pruebas del fierro calient y de las gleras en el Fuero General de Navarra” aporta algunos detalles que confirman y amplían cuanto decimos.
Dado que Larraona pertenece al reino de Navarra, nos parece apropiado estudiarlo, puesto que sus explicaciones son válidas para cualquier parte.
Nos saltamos el minucioso relato del hierro caliente, que termina  citando un capítulo con un caso concreto: Si una mujer soltera acusa a un hombre de ser el padre de su “creatura”, quien lo negare, para probarlo debe someterse a la prueba del hierro candente.”
Nos vamos a centrar en las pruebas de las gleras, que es lo que pensamos se expone en Frómista. El articulista recuerda que” en las ordalías intervenía la Iglesia y participaba un representante religioso”. El protocolo estaba fuertemente dirigido y, por ejemplo, la leña que se usaba para calentar tanto el hierro con el agua procedía de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos, de manera que todos los elementos tuvieran la protección divina. Por ello, en las ordalías de agua fría, con la inmersión del acusado en una gran piscina, también era bendecida esa agua. Los reos ayunaban, guardaban vigilia la noche anterior y comulgaban previamente. En algún momento se exigió la desnudez y cuando menos, que fueran descalzos para evitar cualquier trampa que modificara las condiciones de la prueba.
Bien, veamos las gleras. Estas eran una bolsitas de lino o tela hasta un número de nueve, llenas de grava o arena, que se introducían en el recipiente en el que se vertía el agua hirviendo, de manera que el reo debiera sacarlas del fondo para que surtiera efecto la acción del agua caliente.
El articulista señala el capítulo XVIII, Título III del libro V del Fuero General de Navarra donde se describe: Ningún hombre que ha de traer gleras de la caldera, el agua debe ser hirviente y las gleras deben ser nueve ligadas con un trapo de lino, y ligadas con un hilo delgado en el cabo y en el otro cabo al asa de la caldera y las gleras toquen el fondo de la caldera. El agua caliente sea tanto en la caldera como de la muñeca entre hasta la juntura del codo, y líguenlo con trapo de lino y el trapo sea las dos partes del codo y sea ligado en nueve días. Al cabo de los días los fieles cátenle la mano, y si hallaren quemadura, pague la pérdida con las calonias. Los fieles de esas gleras deben ser dos, y el tercero el capellán que bendiga las gleras y el agua. Empero vedado ha sido en Roma a todo clérigo ordenado que no bendiga estas gleras ni el hierro caliente….Este fuego haya de los ramos que suelen bendecir en el dia de ramos en la iglesia y líguenlo en la mano con el sello sabido, que no se suelte hasta que los fieles lo suelten al cabo de nueve días.
Hay que tener en cuenta que el Fuero navarro procede de 1248, época en que esas pruebas y ordalías estaban claramente condenadas por la Iglesia desde el concilio de Letrán de 1215.
Se entiende que las gleras eran sujetas con hilos al asa de la tina, pero no podían “pescarlas” sino metiendo la mano hasta el fondo.
 Encuentra Luis del Campo como muestra de tolerancia del legislador el hecho de permitir que el propio acusado pudiera ser reemplazado por otra persona al ventilar la prueba, pero entendemos que se hacía por que si el acusado era de estirpe, disponía de siervos a los que ordenaría hacerlo por él, o bien contratándole, como dijimos del vecino de Piasca.
También se extraña que los médicos no hicieran alguna objeción ante tanta salvajada, que pocas veces se producía el “milagro”, pero quizás pueda influir que los médicos en esa época eran casi todos judíos y tanto ellos como los musulmanes no eran afectados ya que no podían jurar por Dios o por Cristo, lo que no quiere decir que en caso de acusaciones no sufrieran peor suerte.

A pesar de todo, habían en los burgos personas especialistas en pasar esas pruebas por alguna característica concreta: manos tremendamente encallecidas, o alguna razón por la que se apelara a esos “campeones” (como eran llamados).
Para que el paciente lector no pierda la costumbre actual de acompañar una imagen, nada mejor que la ofrecida en la foto de Rosa G.Nieves.
Sigue intrigándonos el significado de ese objeto (parece una gran flor de lis) que porta el último porteador, en una iconografía absolutamente alejada de la siniestra original que creemos hay en Frómista.
Se puede observar que los porteadores, probablemente siervos de baja condición, casi esclavos, quizás los que sufrían las ordalías por cuenta de sus amos, van descalzos, mientras que los otros dos personajes llevan botines, son de mayor rango.
Capitel procedente de la Granja de Valdecal en el MAN


lunes, 23 de enero de 2017

El Fuero de Miranda de Ebro

Pese a que tenemos pendiente de mostrar notas de diferentes autores sobre las ordalías y su entorno jurídico, esta inesperada visita a la portada de Larraona, en la que además del curioso espinario, observamos una disposición muy concreta de los personajes de la ordalía (las autoridades presidiendo desde los canecillos las vicisitudes desarrolladas abajo en la arquivolta) nos invita a rastrear información sobre las disposiciones jurídicas de la época en su entorno.
Por eso hemos consultado un artículo escrito por Rafael Sánchez Domingo titulado “La pervivencia del derecho germánico en el Fuero de Miranda de Ebro”, que por proximidad geográfica pudiera haber marcado las normas para los hechos luego esculpidos en esta portada.Es fácilmente localizable y descargable en la red.
Extractamos algunos comentarios que se aproximan a lo dispuesto en otros fueros que hemos consultado y que refuerzan –a nuestro juicio –lo que aquí proponemos.
Los fueros son normas enraigadas en las costumbres que son concedidas por el rey o principal y pedidas por los habitantes de los burgos para regular su propia vida y su relación con la autoridad. Muchas veces son copiados de uno a otro. Alfonso VI concedió 26 fueros. “La más antiguas cartas de libertad ( que a fin de cuentas son los fueros, que aceptan los ciudadanos con privilegios concretos sobre la ley común)  que se conocen datan del siglo IX o del X y sólo se generalizan en el siglo XI y XII".
Y añade: “Sin duda, las oscuras circunstancias en las que se produjo su acceso al trono tras la muerte de su hermano Sancho II, llevaron a Alfonso VI a tratar de asentar su legitimidad mediante la confirmación de algunos privilegios forales entre los que destacan el Fuero breve de Sepúlveda y el de Nájera.
Dichos textos fueron confirmados solemnemente en presencia de la corte, de la reina y de varios nobles en el año 1076.”
Vemos que aunque nos desplacemos a Larraona, seguimos en la órbita del mismo rey (1072-1109).
Y sigue explicando el interés del monarca en organizar jurídicamente sus dominios. “Transcurridos los primeros años de su reinado, Alfonso VI, lejos de suspender los otorgamientos forales, los aumentó, a pesar de tener para entonces más asentada su legitimidad.”
Y en línea con lo que estamos manteniendo, añade que el rey mantuvo algo iniciado ya por su padre Fernando I, como fue el acercamiento a Europa y al resto de la cristiandad occidental, fomentando la peregrinación a Santiago. “Como consecuencia de esta disposición de ánimo del monarca, fue que el papa Gregorio VII le encontrara bien dispuesto en sus esfuerzos para sustituir la liturgia tradicional hispana, mozárabe o visigoda por el rito romano, lo que corrobora el Cronicón de Cardeña: “intravit romana lex in Hispania annus 1078”. Esto se hizo palpable con la presencia de los monjes de Cluny.
La conservación de las costumbre germánicas en la Edad Media –sigue Rafael Sánchez- parte de la consideración que durante los siglos XI al XIII el Derecho fue el mismo que rigió durante los siglos VIII al X. Se fundamenta el germanismo castellano en el supuesto que los godos se concentraran en Castilla y en ella permanecieron sin interrupción conservando su espíritu godo.
La pérdida de un clima social pacífico, “acarrea la situación de enfrentamiento real entre el transgresor, su víctima y los grupos de parentesco a que cada uno pertenece”.
Como más tarde propondremos, ese puede ser el sentido que se imprime en varias escenas de los capiteles de Frómista, desde la ordalía hasta la Orestiada, en los que la intención es mostrar para denostar de esas arraigadas costumbres-leyes ancestrales que tanto daño social producían, como la venganza legítima en el seno familiar o los juicios ordálicos con irreparables resultados. Es posible que donde figuren estas imágenes de juramentos y pruebas vulgares hayan sido iglesias juraderas.
La declaración de enemistad entre familias por algún crimen perduraba entre generaciones (para ello hoy podríamos ilustrarlo con las costumbre “jurídicas” gitanas) de forma que “la  declaración de enemistad que originariamente era perpetua, se solía limitar posteriormente a un plazo de veinte años, transcurridos los cuales, caducaba la posibilidad de dar caza al enemigo sin asumir veregildo ni venganza….La cristianización operó sobre estos principios, en pugna no siempre exitosa con el derecho consuetudinario (costumbres). Se tendió a restringir la muerte del proscrito a los actos flagrantes y al chocar con la resistencia social, se introdujo el derecho de asilo en las iglesias, como recurso de limitación a la ejecución de las penas, tanto mortales como lesivas corporalmente.”
Hay que tener en cuenta que, a diferencia del derecho romano, en el germánico la prueba de inocencia corría de cuenta del acusado, lo que pudo llevar a la frecuencia de las pruebas de veracidad, lo que vemos esculpido en esas portadas. “Si no se rechazaba la reclamación del acusador cabían dos posibilidades –añade el autor-  bien condenar y ordenar al demandado a que aceptase la pretensión del demandante o bien ordenar a ambos que aceptasen el resultado de la prueba a practicar, tanto si tenía efecto exculpatorio del demandado como si no.
En nota al pie, el autor relato una prueba en casos de homicidio que era muy antigua: se trataba de querella interpuesta por un tercero que presentaba ante la asamblea al cadáver del acusador, o su mano, separada del cuerpo muerto. La incomparecencia que rebasa el sol (sol satire o sol puesto) daba lugar a la contumacia; en tal caso, el tribunal podía privar al citado de la paz, salvo que estimase circunstancias de fuerza mayor.
“La práctica de la prueba –sigue el jurista- de naturaleza ejecutiva era una figura de naturaleza jurídica formal, cuya esencia consistía en existir o no existir, dando o quitando con ello la razón a quien recibiese sus efectos, puesto que con ello se aproximaba a la corrección o incorrección jurídica de la postura defendida al pleitear. El grupo más importante de prueba estaba formado por las de naturaleza ordálica, consistentes en diversas apelaciones a las divinidades, pruebas que se apoyaban en el principio de religiosidad y en su forma más arcaica, situada bajo el patrocinio de la Diosa Syn, que velaba al objeto de frustrar las falsas acusaciones. Y aclara en nota al pie:” Se trata de las ordalías de fuego, agua fría o caliente, sorteo, lucha o duelo y juramento. Las tres primeras apelan directamente al milagro como prueba de la veracidad de quien tras sufrir el contacto físico con esos elementos dañinos no resulta lesionado. La cuarta y quinta interpretan en el mismo sentido la fortuna, destreza o fortaleza del vencedor. La última, que perduró a lo largo del tiempo, consistía en que el obligado a ella reunía un número variable de personas que ponían a los dioses por testigos de su convicción (juramente asertorio), no de su consentimiento de ser verdaderas las afirmaciones de aquel litigante al que se unen al jurar, pero siempre dentro de los términos que la sentencia les interrogue.”
Pensamos que pese a que estamos usando el derecho germánico, las descripciones y el sentido general nos aproxima a esas figuras románicas, en las que quienes introducen sus manos en la boca del león son testigos de la formalidad de su apadrinado, sin comprometerse a apoyar sus afirmaciones en el juicio concreto al que está sometido.
Una vez más, creemos que una cierta transversalidad en el mundo de la historia del Arte, habría permitido “navegar” en el mundo jurídico a los estudiosos del Arte para establecer el sentido de estas escenas. Ya nos pasó antes con la antropología.
Para ir terminando con esta larga cita al trabajo de Rafael Sánchez Domingo, y siguiendo con el tema de los testigos, añade: "Esta situación específica de llamada y aceptación del testigo hace que no haya excusa para el perjurio, que juntamente con el asesinato son las dos únicas conductas penadas religiosamente con el envío de las almas de sus autores al Nastrond, o sala de serpientes venenosas de la mitología germánica.”
Esta relación de serpientes venenosas interactuando con almas de perjuros nos sugieren algún capitel jaqués, donde quizás deberíamos contemplar la posibilidad de influencia en la vida jurídica. Tendremos que consultar el foro de Jaca, tratado por el doctor Buesa, que leeremos en breve.
Terminamos : “El duelo judicial era una de las costumbres que los godos trajeron a España y que vivió latente hasta que en los siglos de la Reconquista surge de nuevo, aunque era conocido en la época prerromana…El art.15 del fuero de Miranda prescribe….Se redime a los mirandeses del mal fuero antiguo que obligaba a probar la inocencia en un delito o la exactitud de una declaración por medio del duelo, o cogiendo un hierro candente, o introduciendo el brazo en un caldero de agua hirviendo, previamente bendecido,para extraer unas piedras del fondo. Posteriormente se le vendaba el brazo y la mano y pasado un plazo de tres días, al quitarle el vendaje, si desaparecían las quemaduras, el resultado de la prueba era favorable al que la practicaba y en caso contrario, el juicio se decidía en su contra. Menos generalizada estaba en la península la prueba del agua fría, en la que se sumergía al que la practicaba, atado de pies y manos, en un foso lleno de agua, y en caso que se hundiese hasta el fondo ganaba la prueba, mientras que si flotaba, la perdía por entenderse que el agua le rechazaba por impuro.
Estas pruebas llamadas ordalías o juicios de Dios -indicium dei- eran prácticas consistentes en someter a las partes de un juicio, generalmente al demandado o acusado, a unas pruebas a través de las cuales se entendía que la divinidad manifestaba a qué parte asistía la razón o si el acusado era inocente o culpable.
Una muestra de ordalía se relata en tiempos de Escipión, cuando en el 206 a.de C.los españoles Corbi y Orsua la utilizaron para dirimir a quién correspondía la jefatura de una ciudad".
A propósito, en el Cartulario de Piasca, publicado por Julia Montenegro, se hace mención a un vecino del entorno de esa localidad lebaniega que se sometió a una prueba de agua hirviendo representando a otro. En breve completaremos la información.


sábado, 21 de enero de 2017

...y un sorprendente espinario

Debemos terminar esta escapada al descubrimiento de la ordalía de Larraona, y para no extendernos, estudiaremos los detalles que nos faltan sobre las mismas dovelas
Como decíamos, tras el arrastrado por los pelos aparece un hombre que lleva una gallina atada con una cuerda, otro hombre parece enjaezar un cuadrúpedo y el tercero lleva cogida por las patas lo que parece una gallina, mientras en su mano derecha lleva un objeto que suponemos relacionado con el animal. Es sin embargo en la otra parte del arco, donde aparece el juicio y la insistente gallina 
La última dovela muestra al presunto alguacil que lleva amarrado a un animal que no es posible identificar (esperemos que no repita gallina).
Todo el ambiente de la portada, incluído la ordalía, no muestra dramatismo sino caricatura de lo que debía de vivirse ante ella.
Lo realmente sorprendente -si no ha habido bastantes cosas raras antes, como el monosandalismo- es uno de las canecillos, que muestra a un espinario. No es exhibicionista, como tampoco lo es el de Armentia, por ejemplo, pero sí tiene una característica única: la botella que se aplica a la planta del pie. Aquí esa vieja propuesta de la adaptación de la imagen profana del espinario que se saca cada uno de los pecados de la planta del pié (que no deja de tener un bello sentido moral, pero poco apoyo iconográfico) se cae de plano. Lo único que se me ocurre (es la segunda vez que veo en el románico el uso de una botella, después del capitel de San Andrés de Montearados) es que relacionado con la ordalía pudiera haberse adaptado en Navarra (es preciso consultar el Fuero) alguna prueba ordálica que consistiera en caminar sobre rejas al rojo. De ello habría quedado la fiesta folklórica de San Pedro Manrique en Soria. Y en consecuencia, este canecillo mostraría a un hombre antes o después de someterse a la ordalía del hierro candente en su versión caminante. Pero es una pura especulación. Lo que darían los publicitarios de desodorantes y demás por esta imagen...
La wiki nos muestra un ejemplo de ordalía caminando sobre rejas de arado al rojo vivo realizada por Cunegunda de Luxemburgo, acusada por un obispo de adulterio. Ella se sometió voluntaria a la prueba y demostró su inocencia saliendo ilesa.

Una nueva ordalía en Navarra

Teníamos que entrar a conocer los textos de los historiadores que nos hablan con detalle de las ordalías, sus orígenes y usos en cada  pais y en cada región, ya que hasta el siglo XII y en algunos casos después, se practicaba en todo el mundo cristiano.
Pero el fino ojo y la espléndida memoria fotográfica de nuestro amigo JRU nos permite interrumpir el texto para mostrar su aportación sin duda de una ordalía, que no está definida por los especialistas.
Se trata de la portada románica de la iglesia de Larraona, en Navarra, al límite con Alava.
Veamos primero una foto del conjunto de la portada.
Sin entrar a discutir si los personajes a ambos lados de la puerta sean S.Pedro (posible porque lleva las llaves) y el otro recuerde al mercator de Sangüesa por la bolsa al cuello, que pudiera aludir tan sólo a los mercaderes en general que comerciaban frente a esa portada y no a Judas, nos interesa comprobar que no sólo la arquivolta relata una escena de ordalía -al menos el juramento es indiscutible- sino que sobre ella se han esculpido en los canecillos dos elementos muy frecuentes en esas escenas en Palencia; el juez-alcalde y el que probablemente sea el párroco. Algunas escenas resultan algo populacheras, quizás para nuestros ojos de hoy, ya que aparenta que el pleito pueda haberlo originado el robo de una gallina o de un jumento; hay que considerar que en la época y el lugar tampoco habría que esperar historias más trágicas.
Veamos primero la prueba de veracidad, con la ya conocida introducción de las manos en la boca de una fiera, probablemente león.
Salvo que aparentan sentarse, no difieren mucho de los vistos en Castilla. Responden a un modelo.
Algunas escenas del entorno sugieren similitudes con lo ya visto: un personaje arrastra de los pelos a otro  y en otra dovela uno coge de la mano a otro más tenso, quizás la dama solicitando protección a su fiador.

Al comienzo del relato por la izquierda un personaje con una especie de cetro, probablemente una autoridad, un alguacil, arrastra de los pelos a un personaje que parece ser un hombre, quizás para hacerle comparecer en el juicio.
Sobre estas curiosas escenas, entre las que se incluyen la manipulación de animales domésticos, aparecen en los canecillos las autoridades que vigilan que se realicen los juramentos conforme a los fueros y costumbres, el sacerdote con las manos juntas, quizás invocando la concordia antes del inevitable juicio y el alcalde o juez con su distintivo de mando. Esta figura llama la atención por tener la barba bífida que se achacaba habitualmente a los judíos, que sin duda hubieron de ser invocados por sus conocimientos jurídicos. Pero es que además este personaje muestra algo que se puede ver también en Artaiz: el monosandalismo. Lleva un pie calzado y el otro descalzo. Lanzamos la hipótesis de que se trate de un juez judío que se ve obligado a impartir justicia en la puerta de la iglesia (también en Artaiz la figura aparece en la puerta) y por tanto "pisa" suelo mitad sagrado, mitad profano, pero es una incógnita que dejamos para que la resuelvan los estudiosos. Nosotros nos conformamos con relatar "el pleito de la gallina".




jueves, 19 de enero de 2017

El rechazo a las ordalías

Seguimos el relato del artículo citado de Beatriz Mariño. Se centra luego en las escenas de combate de plebeyos, con las víctimas de las acusaciones amparadas a un lado, tal como figuran en un capitel de Castañeda y en otro que no cita y que pensamos relacionado con el tema, éste en San Martín de Elines, ambos en Cantabria.
Sin embargo, su estudio se focaliza en esta unión de combate incruento y la alusión a los sometidos a la prueba, y desaparece en ellos la figura del juramento, de la introducción de las manos en las bocas leoninas. Cuando veamos la literatura al respecto, nos daremos cuenta de cómo van evolucionando en poco tiempo estas ceremonias hasta desvincularlas de la Iglesia y de las rigurosas penas físicas.
Lo comenta Mariño al observar la presencia de una autoridad (un juez o un alcalde) en la arquivolta de Santiago de Carrión, que se repite en alguna más, como Arenillas y Perazancas. Sigamos su discurso : …"La batalla de escudo y bastón fue objeto de continuas censuras tanto por parte del poder civil como del eclesiástico. (No digamos –añadimos nosotros- de las llamadas pruebas vulgares (hierro candente, agua calda, etc., mucho más irreversibles y sanguinarias por similares motivos). El duelo,como las demás ordalías –sigue la investigadora- respondía a una concepción de la justicia difícilmente conciliable con la nueva dinámica económica y social de las ciudades. Monarquía, poder municipal y autoridad eclesiástica combatieron con la mayor firmeza estos “malos usos”. Para que la actividad mercantil se pudiese desarrollar con regularidad, se hacía necesario acabar con todo tipo de arbitrariedades y dar al derecho un carácter más acorde con las ideas de paz y tregua expresadas en las asambleas que se venían celebrando, precisamente, en territorio castellano-leonés. El sistema de penas públicas debía sustituir a las pruebas vulgares; el juez dejaba de ser mero director del litigio entre las partes, para constituirse en el genuino representante del poder real y municipal.”
Como siempre pasa en los documentos, una cosa es lo que se acordaba y se promulgaba, e incluso se condenaba públicamente en las iglesias (como el caso de Frómista que relatamos) y otra era la insistente presión social para que las cosas siguieran “como siempre lo conocíamos”, lo que siempre se había practicado en los litigios desde los visigodos: unas penas implacables, brutales: castración a los sodomitas, manos cortadas a los ladrones, ejecuciones sumarísimas, y en ese sentido pensamos que se esculpe toda una panoplia como alegato del entorno del rey Alfonso VI contra esas prácticas, arrancando con la escena  más primitiva de la aplicación de la justicia ancestral, sugerida por la escultura de un sarcófago que ha estado presenta en el concilio de Husillos: una ejecución en el mundo clásico (quizás entendido en ese ámbito como el mundo bíblico) con testigos transmitiendo unos sentimientos que el “pathosformel” es sólo capaz de sugerir.
Puede que también coadyuvara a esa inquina contra las ordalías, el hecho de que en tiempos del propio Alfonso VI se sometió a ordalía si se aceptaba o no el nuevo rito romano sustituyendo al visigodo o mozárabe: se arrojaron al fuego un ejemplar de cada rito para ver cuál sobrevivía. El Rey hizo caso omiso del resultado e impuso el nuevo rito romano, lo que dicen fué el origen del refrán "Allá van leyes do quieren reyes" que no necesita mayor explicación. Su esposa Constanza seguro que también se vió complacida.
 Pero nos estamos adelantando a donde queremos llegar y es preciso antes abundar en las ordalías y todo el drama que llevaban con ellas.
Para ello, Beatriz Mariño cita un librito de 1881 escrito por José Villaamil y Castro titulado “Del uso de las pruebas llamadas vulgares” (Boletin histórico, Madrid) que hemos logrado localizar y que ofrecemos en esta dirección:


La ordalía como muestra de una justicia a modificar

Hemos podido encontrar el catálogo de la exposición del Met.de Nueva York que citábamos antes, en el que aparecen los capiteles del Walters.(pag.221)

The Art of Medieval Spain, A.D. 500-1200

https://books.google.es/books?isbn=0810964333 -

El catálogo además de mostrar una gran cantidad de fotografías de piezas valiosas, se acompaña de artículos de maestros como Moralejo, John Williams, David Simon y Peter Klein. Es del año 1993 y una delicia poderlo "Hojear". 


Llevamos mucho rato hablando y explicando por boca de varios ilustres autores lo que suponían las ordalías en la vida social de la Edad Media y debemos volver al texto de Beatriz Mariño para ver sus conceptos. De todos modos, pensamos que su descripción se ajusta más a los dictámenes del siglo XII e intuimos que ya se mencionan algunos detalles que no están en las del siglo XI como luego veremos en una obra citada por la misma autora.
"El duelo, como juicio de Dios, -dice la investigadora- tiene su origen en el primitivo derecho germánico. Al igual que las demás ordalías, era medio habitual de apelación en aquellos casos en los que el acusado carecía de cualquier otro testimonio por el que librarse de la acusación. Las "Partidas" distinguen dos tipos de duelo, según el origen social de los participantes. Según el Fuero de Daroca, de 1142, los caballeros debían portar escudo, lanza y espada, e ir vestidos con loriga, yelmo y polaina. Por el contrario, campesinos, villanos y campeones estaban obligados a luchar de pie, vestidos con la saya habitual y sin otras armas que un escudo de madera forrado de cuero o mimbre, y la porra o maza.(1) Dentro del marco peninsular, son los fueros lemosines de Jaca, el fuero de Sobrarbe y el fuero antiguo de Navarra, los que recogen una información más explícita sobre las condiciones y ceremonia de celebración del duelo denominado "Batalla de escudo y bastón".
El demandante presentaba su acusación ante el alcalde, comprometiéndose a esperar al acusado en Juicio de Batalla. Presentaba a los testigos que habían de servirle como fieles o padrinos, y entonces el alcalde convocaba al reptado para que buscase tres peones dispuestos a defender su causa; por lo general se trataba de profesionales contratados, los llamados campeones. A continuación, se otorgaba al demandante o reptador un plazo de diez días para presentar otros tres peones iguales (consembles) a los del acusado. Se medía a unos y otros de manera que la estatura, los brazos y los muslos se igualasen lo más posible (...ca non es egualdat un home valiente combaterse con otro de pequeña fuerza).
La noche víspera del combate velaban las armas en la iglesia. Cuando salía el sol, los fieles los conducían al lugar del combate; a menudo se trataba de la plaza del mercado o delante de la iglesia. Una vez allí, los fieles dividían el campo y marcaban las señales que no debían traspasar".
Nos estamos desviando con estas descripciones del principal objeto de esta propuesta: el juramento que había de hacerse previamente al duelo, que en el caso de infanzones fuera suficiente mientras que para las clases bajas se culminaban con la prueba vulgar. Este ceremonial fué evolucionando desde la brutalidad a una mayor prevalencia del dictamen de los jueces, teniendo siempre presente la mayor o menor capacidad del medio social donde se celebraban para asimilar los cambios. Probablemente en Castilla, ligado a la cerrazón para oponerse al uso del rito romano en la liturgia, se apelara a la permanencia de los viejos códigos y de ahí la necesidad de promover los cambios desde los templos. Es muy posible que en Frómista se realizaran juicios de ese estilo, pese a las recomendaciones de los clérigos.
Un ejemplo que cita Beatriz Mariño muestra una curiosa escena (no hay juramento, pero mucha parafernalia judicial) en la ruta del Camino a su paso por Airvault en Francia

En foto magnífica de Martin en flirck vemos la lucha a escudo y bastón de dos personajes vestidos muy poco adecuados para una batalla "seria", que empuñan porras, quizás los escudos boca abajo indican que no es una lucha sangrienta y destaca entre ellos un pedestal, quizás reproducción del altar en el que habían hecho el juramento previo. Las figuras a los lados (precisamente uno aparece sobre una gran máscara leonina) es posible que representen al clérigo que les ha tomado juramento (lleva una cruz sobre el pecho) y el otro al juez o autoridad civil, en este caso apoyado sobre un posible león sedente, símbolo del poder del rey. De los personajes laterales del capitel, me encanta la figura de nuestra derecha que parece llevar una porra y un maletín (no creemos que de primeros auxilios).


(1) En una larga nota al pie, se cuenta cómo Alfonso VI en 1074 otorga el Fuero de Palenzuela en el que se prohiben las pruebas vulgares: "Homo de Palençuela non habet forum de lidiar cum scuto, aut cum baston nec cum ferro, nec cum calida". Sin embargo, bajo el mismo reinado -sigue Mariño- se establece el combate de escudo y bastón como fórmula de solución ante todo litigio que se produzca entre cristianos y judíos.(Muñoz y Romero: Coleccion dde fueros municipales y cartas pueblas de los reinos de Castilla, Leon, Corona de Aragón y Navarra I.Madrid 1847)

martes, 17 de enero de 2017

Los americanos de Palencia

Vamos a desafiar a nuestro sabio amigo a que somos capaces de seguir repasando las muestras abundantes de ordalías en el norte de Palencia sin caer en la dispersión. Por si acaso, le hemos suministrado la portada de Arenillas, que a día de hoy tiene poca explicación, para que se anime a hacer una propuesta, pero que nos deje seguir con ésta que apenas hemos comenzado. Tenemos mucha literatura por delante.
Otro evidente ejemplo de ordalía "completa", es decir, manos en boca de monstruo para el juramento y paralela lucha a escudo y bastón, la encontramos en el museo de la Walters Art Gallery de Baltimore. Nuestro amable tutor nos facilita la ficha del catálogo de una exposición si no recuerdo mal en el Met.de N.York. Juraría que tengo en algún lugar la referencia de ese catálogo pero nos basta con las fotos que nos remite y que ahora tomamos de la propia web de la Walters que nos permite su uso, cosa que agradecemos. Ocurre que hay alguna cara de uno de los dos capiteles que no está accesible en la descarga de fotos, quizás porque no tienen claro su significado, pero hemos tomado su imagen del catálogo en donde se puede ver lo esencial, sin la calidad de lo que ofrece el museo.
Tenemos un capitel atribuído al norte de Palencia, alrededor del siglo XII donde dos personajes, presumiblemente hombres, sujetan -como en Arenillas-las fauces de la bestia, que parece asoma la lengua, puede que con un sentido de sometimiento. No se nota tensión. Atrae la mirada la manera "ritual" en que los personajes recogen su túnica con la mano libre. No sabemos si hay alguna razón más allá de la simetría para que utilicen cada uno la mano más próxima al monstruo. Pero veamos lo que traducimos de la ficha, probablemente escrita por Dorothy Glass, que es quien estudió las piezas.
Dos capiteles.Palencia. Finales del XII.(dimensiones)
Los dos capiteles, piezas conjuntas, presentan complejos problemas iconográficos, que a pesar de anteriores investigaciones no han podido resolverse. A un nivel muy general, ambos capiteles parecen referirse a la administración de justicia. El  Nº 27304, muestra dos hombres haciendo un juramento poniendo sus manos en la boca de una máscara de león. La leyenda, hecha famosa por la Bocca della Veritá en el porche de Santa Maria in Cosmedin,( Roma ), advierte que la máscara se cerrará sobre las manos de quienes se atrevan a jurar en falso. (para un mas amplio estudio del significado de la máscara de león, cf. H.Hahnloser “Urkunden zur Bedeutung des Türrings”. Festschrift für Erich Meyer, Hamburg, 1957.pp.126-46). Las otras dos caras del capitel son ocupadas por dos hombres, uno de los cuales es enmascarado,y por dos hombres barbilampiños que juntan sus manos.
 Bien, tenemos la primera cara con la ordalía. Ahora, tal como anuncia la ficha, falta la otra cara y otro capitel. Aquí notamos una cierta confusión porque teniendo catalogados como dos capiteles, al final disponemos de tres caras, por lo que no tenemos claro si está en dos capiteles, como dice al principio, o es que uno tiene dos caras esculpidas y el otro solo una. Como nos interesan las imágenes que apoyan lo que estamos estudiando, vamos a verlas.

En mi modesta opinión este es otro capitel, no el mismo, catalogado con otro número y el formato superior es diferente. Por tanto entendemos que se trata de un capitel compañero del anterior por su narración pero diferente. Por el pequeño tamaño del escudo, que parece de cuero, la probable porra (y no espada) que porta el guerrero, y del brazo aparentemente desnudo del rival, parece sugerir un duelo de villanos. Veamos la explicación de Dorothy Glass:
La cara del nº 27305 muestra dos guerreros enlazados en combate. En la cara izquierda del capitel, una mujer con toca coge la mano de un hombre barbado que parece dirigirse hacia los guerreros. La cara derecha del capitel está ocupada por una figura masculina de identidad incierta; los ropajes sugieren un diácono. El tema principal del capitel no se identifica con exactitud. Como ha sido señalado anteriormente, realmente encaja en el tema de combates para determinar si se prueba o se deniega la virtud de la mujer acusada de adulterio. Este tipo de literatura era muy popular en España y aparece reflejado en las Cantigas de Alfonso X de Castilla  (el Sabio) (1221-84), el Libro del Buen Amor de Juan Ruiz y la conocida Celestina. La séptima Cantiga de Alfonso X, por ejemplo, relata el cuento de la abadesa impúdica; aparece elaborado en el manuscrito de El Escorial de las Cantigas (Lib.Real.Biblioteca T.I.I). Los capiteles de la colección Walters parecen contener todos los elementos necesarios para este tipo de narración.

Con esta explicación comprobamos que hay caras que no nos han mostrado. Lo malo es que no las encontramos en la web de The Walters. Las referencias literarias son del siglo XIII  y posteriores mientras que los capiteles son del XII. 
La única que podemos mostrar es la que sacamos (mala calidad) del catálogo.
Es posible que esta cara sea la descrita en el primer capitel "Las otras dos caras del capitel son ocupadas por dos hombres, uno de los cuales es enmascarado,y por dos hombres barbilampiños que juntan sus manos"   
puesto que el personaje de la derecha más parece máscara que humano. Los que juntan sus manos tampoco los encontramos.
Rematamos el contenido de la ficha para tener todos los elementos de juicio:
Aunque la iconografía de los capiteles Walters presentan un problema, su estilo está bien documentado comparativamente. Las figuras están caracterizadas por sus grandes cabezas proporcionadas, narices ganchudas y ojos bulbosos. Los ropajes son amplios y su superficie se rompe con profundos surcos marcando pliegues; unos profundos círculos concéntricos en los pliegues de la rodilla parecen ser la marca característica del escultor. Los capiteles Walters pudieran relacionarse con los dos grandes capiteles procedentes del monasterio de Santa Maria de Lebanza (en el original escriben Alabanza) in Palencia, que se ven ahora en el Fogg Museum. Aunque los capiteles Fogg son probablemente más finos y elaborados, muestran la misma desproporcionada relación entre la cabeza y el cuerpo, así como similar configuración facial y ropaje convencional. Afortunadamente, los capiteles Fogg están datados con seguridad por la inscripción del año 1185. Es en ese periodo, cuando esos capiteles fueron tallados en la región de Palencia.

Bibliografia: The Walters Art Gallery, Guía de la Colección, Baltimore 1936, p.63. Jose Pijoan, Summa Artis: Historia General del Arte, Volumen IX. El Arte Románico Siglos XI y XII (y edición) Madrid 1949, p.534.f.Spanish Medieval Art,  Cesión en honor del Dr.Walter W.S.Cook organizada por la Alumni _Association, Institute of Fine Aers, New York University en cooperación con el Metropolitan Museo de Nueva York 1954,nº 36n¡ y 37. El Renacimiento del siglo XII, Catálogo de una exposición en el Museo de Arte, Rhode Island Scholl of Design, May. 8->Jun.22. 1969, p.116 f. (básicamente el mismo material de esta nota).
Disponemos de las fotos del Fogg, cuyo formato nos recuerda las cabezas de Dehesa de Romanos y Moarves, pero nos ponemos ese límite para poder seguir con nuestra teoría sin dispersarnos.

(Añadimos un año después la cara que nos faltaba, ya que la ficha de Dorothy Glass figura en nuestros archivos. Se trata de la dama afligida (parece que une sus manos en gesto de preocupación, que se dirige al que probablemente es juez o alcalde o autoridad en demanda de justicia, cuyo final se describe en las otras caras que hemos visto)


lunes, 16 de enero de 2017

Otro ejemplo: Arenillas de San Pelayo

Un nuevo caso de ordalía esculpida en capiteles es Arenillas de San Pelayo. Observemos que tanto en Santa María de Carrión -que consideramos la primera en hacerlo- como las siguientes cronológicamente, Santiago de Carrión y ésta que vemos ahora de Arenillas de San Pelayo conservan el mismo esquema: ordalía con bocas devoradoras en el capitel de la izquierda de nuestro acceso y relato de la batalla de escudo y bastón sobre la arquivolta, con dama sollozante incluída.
Veamos las fotos:

En ambas caras del capitel se representa, como ocurre en las otras citadas, la doble opción de la ordalía: en esta que mira a la puerta, también se representa la visión positiva, ya que las testigos (parece que todos los protagonistas son mujeres) sujeten los dientes del monstruo, parece que lo dominan y contienen.


Sin embargo, en la cara externa, tan deteriorada, el monstruo engulle un cuerpo, probablemente el alma del perjuro. A un costado del infante aparecen los dedos de la dama  de nuestra izquierda.En esta portada se narra un episodio quizás concreto, alguna historia de impacto en el entorno. Llama la atención la diferencia entre un ojo y otro de la figura central. Además de ello, la escena al fondo debe tener relación con el episodio de la ordalía, quizás narrando lo que la originó: parecen ser un monje y una monja a los que una tercera persona -quizás una mujer- conduce la mano y la espalda no sabemos si para presentarlos ante las extrañas figuras gesticulantes de los capiteles del otro lado, probablemente un tribunal o jurado. ¿Podría tratarse de una relación ilícita en un ámbito monástico? ¿Tendría por resultado un infanticidio? ¿Se habría utilizado alguna historia, como la de Abelardo y Eloísa como exemplun por los comitentes?
La foto tomada por nuestro profesor-guía nos saca de dudas: realmente es un monje. Y quizás la dama sea una monja, no por buscar morbo, sino por su ropaje, diferente al de las mujeres de la ordalía.


Sobre la arquivolta podemos localizar fácilmente los luchadores de escudo y bastón y la dama sufriente.
No nos extenderemos en hipotetizar más sobre lo propuesto en esta atractiva portada, porque nuestro objetivo es demostrar cómo la ordalía era una práctica habitual en el entorno de Frómista, donde aparece la prueba caldaria más específica.

domingo, 15 de enero de 2017

La Bocca della Veritá

Todo viajero que ha visitado Roma se ha pasado a cumplir el requisito de visitar Santa María en Cosmedin para meter la mano en la Bocca della Veritá que, curiosamente no es una cabeza de león, sino humana. En la foto de la wiki
Teniendo en cuenta la finalidad con que se utilizaba en la antigüedad, la cabeza leonina pudiera tener su origen en el mundo germánico para los juicios de adulterio y otras faltas en las que el juramento sustituía a las pruebas y evidencias. Resulta curioso cómo -suponemos que por razones estéticas- la cabeza leonina con boca abierta se convirtió en el signo de los buzones de correos en los dos siglos pasados y aún hoy supone un atractivo para los niños meter la mano entre sus fauces para depositar una carta, que se espera sea un escrito conteniendo la verdad, como la petición a los Reyes Magos.
Después de la lectura de ese capitel que hemos estudiado de Santiago de Carrión, veamos nuevos ejemplos. Beatriz Mariño observa con la agudeza de su maestro, que en esas portadas próximas a Frómista va discurriendo un programa que combina la escena que hemos visto, con las batallas "a escudo y bastón", de manera que se muestra en los capiteles la advertencia moral y religiosa del perjurio mientras que en la arquivolta aparece la batalla a escudo y bastón propia de la clase baja. Luego veremos en los estudios de los expertos en las normas jurídicas de la época que para los infanzones y nobles era suficiente el juramento, salvo casos extremos, mientras los siervos y clase baja no sólo debían pasar pruebas de ordalía, sino que a veces debían hacerlo sustituyendo a sus dueños.
  Este recorrido por las portadas ya lo hemos hecho, siguiendo a esta autora, en un artículo de opinión en el que aportamos alguna escena que no había mencionado la autora, como la portada de Escalada al norte de Burgos y nuevos artículos al respecto. Se puede ver en
http://www.amigosdelromanico.org/opinion/id_10812.html
Para no salirnos de nuestro propósito de argumentar el capitel de Frómista, veremos primero el posiblemente primer ejemplo tras San Martín, esculpido y deteriorado en la portada de Santa María, a escasa distancia del que hemos estudiado de Santiago.
Pese a que en este capitel no se introduce la mano en la gran boca demoníaca, todo el conjunto -incluído un capitel próximo con varios personajes y una especie de conejo donde aquí está la gran cabeza- indican una ceremonia. Los dos personajes ricamente vestidos y tocados de nuestra izquierda parecen claramente damas, quizás musulmanas o judías. Lo llamativo del grupo de la derecha que levantan sus manos, es el personaje central, quien parece llevar y sujetar con una mano un objeto largo que vemos de perfil y que pudiera sugerir un escudo, de los que se usaban en las batallas de escudo y bastón, puesto que decimos que apunta hacia una ordalía. La foto espléndida para lo difícil que es esa portada es de Juan Ramón Ugarte.

Ordalías, Juicios de Dios y otras pruebas

Tenemos que demostrar o acreditar que nuestra propuesta tiene fundamento. Como decimos, estamos posiblemente ante una única representación en la que aparece el (o los) protagonista/s de la prueba del acqua calda transportando los elementos para la misma y al mismo tiempo uno de ellos realiza el gesto de introducir la mano en la bocca della veritá.
En ese sentido vamos a examinar el estudio de Beatriz Mariño que hemos citado (In Palencia...en Compostellanum de 1986) en el que precisamente agradece a su gran maestro, Moralejo, su dirección en la Memoria de licenciatura de 1982. Éste había mostrado interés por esa figura jurídica y como hemos contado, observó su presencia esculpida en algunas portadas del norte de Palencia.
Después nos adentraremos en la abundante literatura jurídica para demostrar cómo en esa época, finales del XI, se continuaba practicando la Ordalía con muchas reticencias de la autoridad eclesiástica, especialmente por los defensores de la nueva liturgia.
Explica Moralejo en el artículo "Artistas..." cómo se ha de tener en cuenta el público al que iban dirigidas las esculturas mostradas en los templos en un momento en que los burgos comienzan a tener entidad. Dice que "la tendencia simplificadora de los manuales (de arte) en aras de una dudosa eficacia didáctica, ha vulgarizado y consagrado la imagen de un arte románico, rural, monástico y feudal frente a un gótico urbano, burgués y catedralicio o parroquial".
Ese maniqueismo que "ayuda" a clasificarlo todo, cuando estamos ante unos edificios con mucho mayor alcance social que el puramente religioso y que tienen que reflejar los sentimientos de aquellas gentes, incluso más allá de lo que los guardianes de los documentos han decidido conservar o destruir en las bibliotecas conventuales.
Por eso, un poco más adelante, el insigne profesor, citando a Schapiro y Salvini afirma que "nos encontramos ante un fenómeno artístico consciente de la emergencia de un nuevo medio social, de un nuevo público y mentalidad, al que hay que dirigirse en un nuevo lenguaje y proponerlo también un nuevo código moral". Esto es lo que parece transmitir la iconografía de Frómista encargada por el entorno del rey Alfonso VI: nuevo orden. Y para ello muestran al tiempo lo que se quiere renovar: para el pueblo,las viejas leyes de la justicia vengativa y brutal,  y para los monjes, la liturgia clerical.
El primer ejemplo de una escena similar -introducción de la mano en la boca de una gran máscara, habitualmente identificada como de león- lo tenemos muy cerca de Frómista: en la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes. Veamos ahora la otra cara del mismo capitel

Tomamos la descripción de la misma Beatriz Mariño: "También los capiteles que sostienen la arquivolta de Santiago de Carrión parecen subrayar el carácter negativo de la lucha. En el capitel izquierdo, dos figuras vestidas con túnica introducen su mano derecha en las fauces de una máscara de león. Llevan un sudario con una pequeña figura, a la que un cuarto personaje, hoy decapitado, agarra por los cabellos.La otra cara muestra una escena idéntica: pero aquí, las fauces del león están cerradas, y la pequeña figura del sudario tiene un libro en las manos. La relación iconográfica de este capitel con la "batalla de escudo y bastón" (que es el tema que desarrolla en su artículo) parece verse confirmada por otros dos ejemplos." 
Estos otros ejemplos los veremos a continuación. De lo dicho antes por Mariño tenemos que matizar que en la cara donde el león tiene la boca cerrada, los personajes muestran su mano cerrada, sin tener que someterse a la devoración. El "alma" salvada lleva un gran libro sobre el que señala con la mano, probable alusión al juramento fidedigno del acusado que jura en nombre de Cristo. Por otro lado, la expresión aterrada del "alma" en la otra cara, que es cogida por los cabellos por quien suponemos fuera un diablo señala una clara condena. El monstruo devora las manos culpables".  Se muestra el contraste entre el juramento fiel y el perjurio. El sentido moral y religioso de esa ordalía, se completa con el episodio civil y jurídico de la arquivolta donde se reproduce la lid de escudo y bastón con la dama sufriente como objeto probable de la disputa. A la vista de esta sugerente posibilidad, poco importa el error de la investigadora al decir que ambas figuras introducen su mano derecha, ya que es evidente que las de nuestra izquierda usan su izquierda, lo mismo que ocurre en el capitel de Frómista, por puras razones de simetría iconográfica.

A nuestro juicio, y tal como señala la investigadora, muchas de estas ordalías se realizaban en espectaculares ceremonias en la iglesia en casos de perjurio y este capitel quiere mostrar, conminar a los que se someten a ese juramento que su alma será condenada o salvada según la autenticidad del testimonio. Más adelante veremos los detalles de la ordalía representada en Frómista, en la que se utilizaban las gleras en una horrible prueba para evitar la proliferación de los falsos testimonios en determinados delitos.


sábado, 14 de enero de 2017

La ordalía del acqua calda

 El objetivo que nos proponemos es presentar este posible programa iconográfico en San Martín de Frómista relacionando varios capiteles como un alegato contra la vieja ley heredada de los tiempos visigodos y de origen germánico, por una más adecuada a los nuevos tiempos (los Fueros) impulsado por Alfonso VI y apoyada además en la nueva liturgia, el rito romano, al que tan duramente se resistieron en Castilla para su implantación. Es una corriente renovadora que impulsan los cluniacenses protegidos por un rey que acaba de conquistar Toledo, dispone de mucho dinero y se encuentra que en su propio reino tiene una fuerte reacción ante los cambios que se proponen. Pensamos que si algún estudioso encontrara bases de apoyo para desarrollar un trabajo más profundo, nos daríamos por satisfechos. Pretendemos tan sólo marcar las evidencias : ¿Por qué hay un hombre al que  le devora un brazo un ser maligno? ¿Por qué otro pequeño león contempla la escena? ¿Por qué el tallista utiliza la mano izquierda como derecha? ¿qué hacen dos hombres remando en ese capitel de trabajadores?
Juega en contra de nuestra propuesta algo que ya destaca Moralejo: el tema de los porteadores se convierte a partir de Frómista en un tema recurrente e inmediatamente se reproduce perdiendo toda la carga morbosa, de condena que presenta el original,como también lo ha expuesto en algún lugar nuestro conocido amigo socrático:
http://www.amigosdelromanico.org/phpBB/viewtopic.php?f=1&t=2588
 En nuestra modesta opinión, ocurrió en pocos años -los que van desde Frómista a Valdecal, Santillana, Silió, etc.- el mismo error en que seguimos incurriendo: se tomó la anécdota (la vistosa escena de acarreo) como eje de la historia, haciendo en tan poco tiempo que se perdiera su significado. Sin duda ha de tenerse en cuenta para esta deriva un hecho concreto: en pocos años se perdió la cita a la ordalía porque la Iglesia lo prohibió y luego también las leyes. De hecho insistimos en que en Frómista aparece como negativa y mostrada como cosa del pasado, pero tan reciente para los fieles que podían recordarlas con un sentimiento de terror.
Años después se pudo ver el mismo tema en Santillana, donde además provoca nueva interrogante, ya que se esculpe supuestamente dos veces en el interior de la iglesia, y en una de ellas ha sido borrada la central, precisamente la que debería ser de inocente acarreo, conservando los laterales, que ya en Santillana pierde los remeros, se convierten en posibles labriegos y no hay zurdos porque no hay ordalía. ¿Qué contendría la escena central de Santillana para ser violentamente destruída? A poco que se mire, la sospecha de G.Guinea de la rotura para colocar un retablo tiene poco soporte porque el cimacio no se ha tocado. 
Dice Moralejo: "Más que la aclaración de sus orígenes, nos interesa aquí (art.citado de "Artistas... Compostellanum XXX 1985) la posterior fortuna de este pequeño ciclo laboral, significativamente desvirtuado en las copias de que fue objeto, particularmente en iglesias santanderinas. Allí parece tratarse ya de faenas agrícolas: la cubeta para la preparación de la masa sugeriría un lagar; el acarreo de materiales, el de uvas vendimiadas y la herramienta del cantero acabó en azada de cavador".  Y el gran maestro alude a una imagen quizás contemporánea pero que sólo sirve en el sentido de la identificación laboral y no  como ordalía que convierte a este capitel en una residuo de una "justicia" brutal a extinguir, como lo es la "ejecución sumaria" que pensamos se efigia en el capitel de la Orestiada como muestra de la más antigua ley, en el mundo clásico.
Bien, se trata de un marfil germánico del siglo XI del Museo Público de Liverpool claramente relativo al vino, que puede marcar la pauta para todos los demás, pero no para el capitel de Frómista.
De todo el repertorio de porteadores, tan sólo hay un capitel que pudiera remotamente hacer alusión a una ceremonia de agua caliente y es el de Siones, ya que a ambos lados de los porteadores aparecen sentadas sendas damas apenadas y un tanto lúgubres, pero no con una alusión tan directa como en San Martín de Frómista.