lunes, 17 de junio de 2019

ESCATOLOGIA APOTROPAICA EN SAN QUIRCE (1ª parte)


Con este título algo repipi Intentamos hacer una aproximación a la interpretación de esta discutida portada occidental de San Quirce de los Ausines en Burgos, de mediados del siglo XII, en la clave que defendemos hace tiempo del  sentido apotropaico de las escenas obscenas, que aparecen aquí intercaladas con las representaciones bíblicas, en un templo diferente que concita dos características muy especiales: la repetición del temario veterotestamentario del interior –allí sin “ contrapunto escatológico” – y además cuenta en ambos lugares con texto inscrito, lo que debería limitar las hipótesis o lecturas alternativas. Parece que se quiso contar la misma historia para distintos espectadores: religiosos en el interior, laicos e iletrados en el exterior, pero aquí con una intencionalidad adecuada a la calle, al riesgo de estar en el mundo.
Ocurre que para documentarnos antes de opinar, leyendo a buenos historiadores y consultando nuestras fotos, creemos que hay detalles de cierto valor que han pasado desapercibidos y pudieran apoyar nuestro punto de vista.
San Quirce de los Ausines (Burgos). La portada que tratamos aparece tras la puerta de acceso al recinto

Nos ha interesado especialmente el breve artículo y propuesta del Dr. Gerardo Boto, a quien seguimos no solo por su capacidad de relacionar la iconografía, sino por “quitar muchas telarañas” que suelen abundar entre quienes ven en clave dogmática o doctrinal la imaginería románica. El ejemplo de su magnífico estudio del claustro de Silos puede ser referencia para este punto de vista. Como en el trabajo que usamos se citan publicaciones de otros famosos historiadores del Arte (entre ellos Nurit Kenaan-Kedar, la gran estudiosa de las esculturas “marginales”) e incluso podemos hablar de un trabajo del malogrado Fernando Villaseñor, confío que podamos aportar el punto de vista apotropaico que creemos envuelve su famosa portada. Ya avanza Boto una cita a Gurevich , uno de nuestros autores favoritos por lo bien que engarza la religiosidad popular medieval con las imágenes: “En el periodo medieval anterior al siglo XV lo grotesco no se confronta a lo sacro. Es más, en ocasiones, ni siquiera se distingue de él; al contrario, es quizá una de las formas de aproximación a lo sagrado. Lo profana y lo sanciona al tiempo”. En mi modesta opinión, sirve de apoyo y protección de lo sagrado, sin burlarlo.
Analizaremos nuestras fotos (logradas gracias a la amabilidad de los profesores que cuidan esta web) y comprobaremos su lectura por los estudiosos, para luego dar nuestra modesta opinión y matizar los escritos de otros autores. El trabajo del Dr.Boto se titula: “Escultura románica en Castilla y León: límites y perspectivas” incluido en un libro: “El arte románico en el territorio burgalés” editado en 2004 por la Universidad Popular para la Educación y Cultura de Burgos, resultado de un seminario que dirigió García Guinea. También aparece en ese volumen un trabajo del Dr. Hernando Garrido: "La escultura monumental románica burgalesa: los grandes talleres", cuyas descripciones comparativas de San Quirce (exterior/interior) ayudarán a ilustrar cuanto proponemos.
Con posterioridad, en 2008 Rico Camps publicó un libro “Las voces del románico” dedicado al estudio de este templo, un libro repleto de erudición pero que busca la lectura literaria e incluso filológica más que la iconográfica, a nuestro parecer,  y que también comentaremos.
Portada de San Quirce con los canecillos y metopas que tanto interés suscitan

LOS GALLOS DE SAN QUIRCE
Anticipándonos al detalle del estudio del Dr.Boto, queríamos mostrar nuestros datos sobre dos metopas de la portada, quizás las más sencillas de identificar (una inscripción dice claramente GALLO) que aparecen junto a canecillos que relatan la Caida y el suceso de Cain y Abel, con la destacada presencia de Dios a cada lado, aunque la más clara indicación de su función creemos reside en ser ambas las metopas que complementan los dos “homo cacans”. Esa alternancia de canecillo de relato bíblico con escenas chocantes, sexuales o ridículas,  ha hecho prodigar la teoría del “contrapunto”, incluso el “me cago en todo lo que te cuento” pero tiene poco sentido a la vista de su pervivencia. Como siempre decimos, si se ha respetado y conservado,  es porque tenía utilidad, servía para algo y no podía ser para adoctrinar con el Génesis y al tiempo denostar de ello. La pregunta debe ser ¿Para qué se ponían?  Más tarde lo analizaremos más a fondo.
Conjunto de canecillos del Génesis intercalados con metopas sorprendentes. Señalados Gallos y caganers

Las más frecuentes referencias de los estudiosos son a la literatura posterior:  Arcipreste de Hita, Berceo, Chaucer,  los goliardos, etc.,que justificarían, en todo caso a posteriori,  lo que allí se esculpe. No vemos nada costumbrista ni folklórico en ese alero, sino relato bíblico y protección. Los canecillos y su orden de lectura tienen todo el sentido: Creación, Caida, y Cain y Abel. Puro Génesis. Son las metopas las que desbaratan el relato. En ese sentido actúan como la acción de Marcolfo frente a la sabiduría de Salomón, pero no queremos caer en aquello que criticamos. Lo iremos viendo. Vamos con los gallos.
Primer gallo, que sigue al primer caganer entre las escenas del Paraiso con la inscripción casi perdida.

Aunque uno de los gallos ha perdido parte de su inscripción, parece evidente que en ambos se calificaba al ave como lo que es: Gallo. ¿qué razón había para poner repetido al gallo junto a los cacans y éstos también repetidos a su vez? Pienso que las metopas no se relacionan con el canecillo inmediato, sino con las otras metopas, con la excepción de los animales de Abel, que probablemente equilibran la metopa del Kain agrícola (por cierto, de aspecto diferente a las otras figuras de Cain que sólo aparecen en canecillos con capucha y aquí sin letrero, ya que se entiende que repite la escena interior así identificada).
 En  algunos libros miniados medievales aparece una imagen sagrada (por ejemplo, una Crucifixión) que está enmarcada con lianas que envuelven monos, humanos desnudos y personajes de gestos obscenos. O como hemos mostrado en este blog, la entrada al Santo Sepulcro de Jerusalén, enmarcada con un dintel plagado de figuras desnudas. 
Detalle del dintel del Santo Sepulcro de Jerusalén

O las figuras retorcidas que enmarcan el crucifijo de D.Fernando y Dña.Sancha. A nuestro entender, se trata de dotar de protección apotropaica a imágenes sagradas, expuestas a la acción diabólica o los aojadores. Por suponer una intención: si los espectadores rústicos e iletrados recibían información sobre el relato de los canecillos de San Quirce, tendrían cierta tendencia a maldecir, aojar, denostar, de lo que allí se cuenta: la Caída del Paraíso y el asesinato de Abel. Esa reacción primaria se desbarata intercalando metopas que actúan de “distracción” y desvío de esos malos sentimientos, de protectores contra el propio mal que algún visitante pudiera desencadenar. 
Pero esto es solo una especulación. Pensamos que el sentido apotropaico pudiera haberse instalado para proteger enterramientos en el interior y el entorno de la iglesia, porque no parece constar la existencia de tumbas de la época. Y allí se moriría la gente, como en todas partes. ¿Dónde se les enterraba? El contorno del ábside, probablemente la zona más primitiva de la iglesia, muestra elementos apotropaicos, sin tanto “folklore” como en la portada, porque es lo más normal, como el vigoroso canecillo pensante.
Canecillo obsceno del ábside de S.Quirce

Los estudiosos han explicado la presencia de los gallos en el sentido de aviso o vigilancia que se les atribuye, puesto que como dice Boto, parece exponerse a lo largo de ese alero una serie de contramodelos que pudieran poner en solfa el discurso oficial que supone el relato bíblico en los canes. Por su parte, Rico apunta sobre los gallos que “su doble y heráldica (toda vez que dinámica) representación en uno y otro extremo del alero es tan clarividente como polivante: amén de cantar los dos pecados bíblicos, señala literalmente su propagación y deriva en el mundo…” En esa polivalencia, el autor no deja de citar al gallo aquí como “heraldo del mal”  “invirtiendo su popularísimo uso (en conjuros, oraciones, campanarios y también portadas) como infalible repelente de males y espíritus malignos”. Nosotros creemos, modestamente, que no hay tal inversión de utilidad y que los gallos del alero conservan su utilidad apotropaica. De la misma manera que los caganers aparecen abriendo la boca, no para pregonar el pecado adjunto, sino porque se dota a la figura de doble fuerza apotropaica: la merde y el grito. Por eso vemos tantos caganers abriendo la boca: Cervatos, Artaiz, etc.
Luego daremos nuestra opinión en ese sentido.
Caganer de Artaiz con la boca abierta

Vincula Boto a los gallos con  énfasis “en el error mortal de Adán y Eva” y una “laudatio a Abel”. No vemos ese encaje respecto a los gallos. Luego cita a los clásicos, que resaltaron la fogosidad del bicho, incluso su agresividad que sugiere relacionada con la lucha y coito cercanos. También menciona su alegoría de los celos, “que se representaba con un gallo en los brazos, dado que éste era un animal vigilante y celosísimo”, razón por la que lo vincula a los celos que originaron la muerte de Abel. A nuestro modesto entender, las vasijas y ánforas griegas en que aparece un adulto entregando un gallo a un joven no tiene que ver con los celos, sino que era una proposición amorosa y sexual pura y dura. Los celos tienen que ver con el amor carnal y lo de Cain y Abel era otra historia.



 También se asocia al gallo con la castración, como estudia Cristóbal Macías  en su artículo “El simbolismo del gallo y su reflejo en la obra de Picasso”, quien como sabemos  estaba fascinado por el animal. En griego se traduce por eunuco. En una nota al pie señala que era venerado “en la Persia mazdeísta, donde el animal tenía carácter sagrado y su canto, heraldo de la mañana, anunciaba el fin de la noche, reino de las potencias maléficas de Ahrimán, con la virtud añadida de ser capaz de expulsar a los demonios, sus vasallos. Esto le valió fama de animal apotropaico capaz de alejar cualquier mal y, por ende, aseguró su presencia en todas las casas”
Anfora dell 510 a.C.donde Zeus ofrece un gallo a Ganímedes,coronado por una diosa.
Y todos sabemos el ramalazo del copero divino.Staatliche_Antikensammlungen



En esta pieza del Rijksmuseum tomada del blog historsex.com aparece destacado el gallo en una transacción sexual.


Asimismo se puede considerar alusivo al pecado de orgullo, del que el gallo puede resultar un ejemplo, o, como cita Cristóbal Macías, hasta San Ambrosio de Milán consideraba a Cristo “el gallo que anuncia el día de la Salvación”, pero aquí nos inclinamos por el valor apotropaico que también tienen otras metopas de esa portada, lo que confiere una unidad de acción. Evidentemente, las alusiones clásicas homosexuales pensamos que nada tienen que ver con la presencia gallinácea en San Quirce, aunque alguien pudiera verlo como repertorio de los “pecados” o groserías allí talladas. Nosotros valoramos su capacidad apotropaica, lo mismo que el sexo y los cacans. Tampoco nos molesta relacionarlo con el sexo, que es lo más apotropaico junto con el cacans y el circo. Lo dice Camille.
Siguiendo con el trabajo del Dr.Boto, reflexiona el autor que es evidente que la figuración duplicada de ambos gallos ha de tener relación con lo narrado, concluyendo que se debe a lo ya citado: celos o ardor, puesto que lo acompañan escenas de sexo directo y crimen por envidia.
Sobre este particular, todos entendemos la presencia de gallos en las torres de las iglesias como emblemas de vigilancia. Los más “simbolistas” enseguida se acuerdan de San Pedro y sus negaciones. ¿acaso no estaba anunciando el gallo la inminente muerte de Cristo?
capitel de la torre de S.Pedro de Tejada

 También conocemos el que remataba san Isidoro de León, parece que de origen musulmán. Y el que se esculpe en un capitel de la ventana oriental del cimborrio de San Martín de Frómista, por citar algún gallinero bien conocido. Había otro gallo famoso en la torre sur de San Martín pero hoy solo podemos ver el que sobrevive en la torre norte. Nosotros vamos a aportar –porque tiene inscripción- un gallo muy significativo esculpido en el superviviente claustro siciliano de Cefalú, del que tenemos una única postal premonitoria de que habríamos de usarla ahora para nuestros argumentos. Si hay algún territorio especialmente supersticioso, ese es Sicilia. Luego lo vemos. El gallo de la torre Sur de Frómista fue derribado por un rayo, quizás porque se puso sólo como “pararrayos contra el diablo” aunque la tormenta (obra diabólica) no lo respetó. 
Gallo de S,.Isidoro de León

Sin embargo, el gallo se colocaba en la cumbre de las iglesias por su valor apotropaico. Es cierto que era “vigilante” (en cierto modo, celoso) porque cantaba con las primeras luces del día, pero esa propiedad hacía que al disiparse la oscuridad de la noche desaparecieran los diablos que acosaban casas, iglesias y sepulturas. Es decir, pasaba un poco como con el dicho de que “el gallo cree que amanece porque él canta” y no al revés. Pues, aquí ocurre algo similar: pensar que el gallo cantando al amanecer trae la luz, cuando lo que se creía en esas supersticiones medievales, era que gracias a su canto con las primeras luces, los malos espíritus y los diablos se retiraban. Lo hacían por la aparición de la luz, pero podía creerse que era por el canto del gallo. Lo apotropaico era la superación de la noche y no el cacareo. Hoy hemos “domesticado” su presencia como veleta, cuando en su origen era más poderoso.
En la Revue des Etudes anciennes tome 6 de 1904 de los Anales de la Facultad de Letras de Burdeos, a partir de su página 6 descargable en 
https://archive.org/details/revuedesetudesa06pari/page/6
se estudia el Hipolectrion, curioso e imaginario bicho mitológico citado por Esquilo, que se componía de cabeza y cuerpo de caballo y cola de gallo. Naturalmente, remitimos al interesado a sus más 300 páginas para recrearse. 
Hipolectrion.(Antikensammlung_Berlin)

Pero usaremos sus datos sobre el gallo de los estudiosos galos. (En efecto, sabemos que el gallo es emblema de la Galia y por extensión de la France).  El animalito aparecía sobre la Acrópolis montado por un joven desnudo, con virtud mágica. Al igual que los ojos pintados en las proas de los barcos, o las cabezas de medusas o las sirenas, tenían cualidades profilácticas, se pintaban en los vasos áticos y servían para ahuyentar el mal de ojo. El libro añade que el gallo es una bestia profiláctica por excelencia, estalla  su canto al amanecer y pone en fuga a los demonios y fantasmas. Lo dice Shakespeare por boca de Hamlet y no es una figura retórica, sino una creencia medieval. Por ello se ofrece el gallo a los dioses infernales. Los espartanos ofrecían un sacrificio del gallo como recuerdo funerario por los muertos en batalla (estela de Chrysapha). Los griegos lo llamaban “el que espanta al mal”. Los griegos tenían amuletos en forma de cabeza de gallo y subsiste el sacrificio del gallo como un rito mágico. Esculapio de la isla Tiberina cura a un ciego con el colirio hecho de miel mezclada con sangre de gallo blanco. La carne de gallo era tabú en los misterios de Eleusis.
El gallo también es un dios en la mitología; se trata de Abraxas, cuyo nombre al ser invocado derivó en el conocido “abracadabra” de los magos.
Abraxas como amuleto (Nordisk_familjebok)

El gallo favorecía la procreación (Eliano). El rey Pirro, quien (como el rey de las islas Tonga que cita Frazer en su “Rama Dorada”) tenia el don de curar ciertas enfermedades posando el pie sobre el pecho del enfermo, no lo hacía más que tras haber sacrificado un gallo blanco. El gallo es ante todo símbolo solar. En el papiro mágico de Leyden se pide levantar un altar de adobe y sacrificar un gallo blanco. En Macedonia, a la entrada de las casas se cuelgan cabezas de gallo, para preservarlas de los espiritus. Comparan el rol del gallo o la gallina con las ofrendas al mar, y se usa en la ceremonia judía dicha kappara, la víspera del yonkipour. El gallo que remata nuestros campanarios tiene, sin duda, un origen supersticioso.
Las supersticiones antiguas relativas al canto del gallo testimonian ese doble sentido: funerario y profiláctico: el canto del gallo, en medio de la noche es un presagio fúnebre…Si el gallo ha cantado, es que un vecino va a morir o un alma erra cerca; hace falta protegerse y Timalcion (“Satiricón” de Petronio) hace pasar su anillo de oro de una mano a otra. Incluso como el gallo es una victima que agrada a los muertos, Trimalcion hace imprescindible buscar y guisar al gallo predictor. 

Pero el hipolectyron era un animal cómico, hacia reir y por lo tanto, espantaba al mal. En un cuento de los hermanos Grimm los enanos han robado un niño y lo han sustituido por un horrible gnomo. Los vecinos deciden que hace falta hacer reir al monstruo, y así obligarlo a marchar.  El maligno es como el personaje de la comedia: se le desarma en el momento que rie. Es por lo que gran número de filacterias son destinadas a hacer reir. Se habla de verter un poco de vino  sobre la mesa para evitar un incendio: se le ahoga en agua; la magia imitativa se previene vertiendo algunas gotas de un liquido sobre una lampara encendida: similia similibus curantur, que tanto hemos citado. Es curioso que una expresión de la lengua alemana relacione como la magia antigua, el gallo y el incendio: einen rothen Hahn auf das Haus setzen, que significa pegar fuego a una casa.
Es por lo que la superstición  antigua ha multiplicado con profusión las figuras cómicas y obscenas, lo que los griegos llamaban “animales alados o prótomos de cuadrúpedos alados, tan numerosos como episemas sobre monedas arcaicas de Asia menor y sobre los escudos”…( sigue una relación muy larga, entre las que está Baubo). Y hablan del dios egipcio Bès (ver wiki) enano y muy dotado, popular y fértil, y se demuestra que su culto estaba introducido en Italia, Muy a menudo, esas figuras, como muchos otros tipos grotescos han servido a los romanos de filacterias contra el mal de ojo.          
 Gran parte de lo anterior está firmado por PAUL PERDRIZET publicado en la revista citada.
Segundo gallo, ahora con inscripción legible, junto al caganer al final del alero.Quizás hubo una inscripción hoy perdida sobre el gallo a la izquierda. El GALLO aparece bajo la cabeza del bicho de arriba a abajo.




Nos gustaría resaltar este último párrafo en el que se comenta la provocación de la risa por medio de figuras cómicas, gesticulantes,  con exhibición sexual o escatológica,  provocativas, o sea, obscenas (que están fuera de la escena, que no toca ver allí) porque son las figuras sorprendentes las más apotropaicas. Cuando podamos hablar de ello sin atraer mirones o escandalizados lectores, haremos un somero análisis del papiro erótico de Turín, en el que podemos ver que ya en el antiguo Egipto se dibujaban personajes ridículos, calvos, enanos, rodeados de monos  en escandalosas posturas sexuales y monstruosos falos, que se interpreta como una caricatura de personajes de la época y que realmente contiene lo mismo que podemos encontrar disperso en los canecillos obscenos de cualquier iglesia románica, porque la creencia popular pervivió por encima de la religión para protegerse de la acción de los malos espíritus atrayendo su mirada con escenas escabrosas que les sorprendieran. El texto del papiro pidiendo protección y ayuda como sortilegios para atraer el amor y rechazar el mal lo indican claramente. La primera parte del papiro muestra dibujos de animales realizando tareas humanas, como tocar el arpa o la flauta. ¿Acaso no es este un motivo habitual en la iconografía románica? La segunda parte ya son los dibujos de actividades sexuales humanas, casi caricaturas. ¿No es esto también tema de los canecillos? ¿Por qué aparecen juntos en el papiro? Es evidente su relación apotropaica por el mismo método: sorprender, asombrar, causar risa. Lo comenta ell profesor Rico en su libro cuando menciona un solitario IO que también aparece bajo el enorme falo de la escena sexual. Una segunda interpretación le lleva a sugerir que está lanzando un ¡eh¡ para llamar la atención, para atraer nuestra mirada. Estamos de acuerdo; quiere que le miremos, no para hacer un alarde sino para activar el mecanismo apotropaico, como la pareja copuladora de Yermo, mostrada de perfil pero que vuelven sus cabezas para decirnos: ¡eh, mirad lo que hacemos¡ La respuesta es asombro y risa. Siguieron haciéndolo las gárgolas en el gótico, cuando ya no había aleros.
Pareja copuladora de Yermo que vuelve la cabeza: !eh¡ 



 No es que en el templo románico se esculpan obscenidades para pedir a Dios protección, sino que en un gesto ancestral tolerado y a veces avalado por el párroco (uno más entre los lugareños) para ahuyentar al diablo mediante artimañas eficaces. Y además podemos observar que aún hoy en día la reacción del visitante es idéntica al del medievo:  descubre sorprendido la escena inadecuada, y a continuación, la risa. Si uno se sitúa en la tapia de Cervatos y observa los visitantes, podrá ver su risa al comentar el espectáculo llamativo. Las figuras apotropaicas tienen la función de hacer reir, que es la manera más simple de evitar al diablo y sus poderes. Si yo soy el párroco y debo elegir entre “limpiar” esas imágenes y dejar el templo (según criterio de los feligreses) sin protección de vivos y difuntos y que no vaya nadie a ese lugar expuesto, o dotarlo de una figuras que pronto son asimiladas por los fieles (los lugareños ven hoy esas figuras –si es que alguna vez las miran- como simples partes del mobiliario) sin más trascendencia que los comentarios de los turistas, la elección no parece dudosa.
Gallo del claustro de Cefalú con su leyenda apotropaica



Y vamos a mostrar el curioso capitel del gallo en el duomo de Cefalú. Construido en 1131 por orden de Rugero II, hizo traer tierra de Jerusalén para construir el cementerio que lo rodeaba. Los difuntos estaban verdaderamente enterrados en “tierra sagrada”.  El claustro, del siglo XII, del que sólo han sobrevivido dos alas, muestra escenas bíblicas (Arca de Noé, etc) y también saltimbanquis, pero el capitel que nos interesa es el del gallo.  Tiene una inscripción que ha sido leída de forma variopinta, como una premonición de la llegada de un obispo siglos después, cuando el mensaje está claramente dirigido a los aojadores o los malos espíritus que acosan el edificio. Dice : QUI POSUIT ME HIC REX HUNC PRAEVIDISSE VIDETUR, que entiendo dice al espectador: “el rey que me puso aquí esperaba que me vieras”, con un significado apotropaico, a mi juicio, porque advierte al mal espíritu que ronda el claustro que un poder superior (el rey) tenía prevista su nefasta presencia en ese claustro próximo al cementerio y rodeado de imágenes sagradas. Sabía que iba a rondar el mal y por tanto ordenó esculpir el antídoto. “Sabía el rey que ibas a venir y te puso este gallo para que te marches. Al verlo, vas a creer que amanece y se te acaba el plazo para hacer el mal”. Es decir, tiene una función profiláctica prevista ante el acoso de diablos y otros pendejos. Una vez más –aquí el gallo, en otros sitios las figuras obscenas- actúan como pararrayos contra el diablo, como veníamos comentando en el foro donde escribíamos en 2014. Parece más lógico ahuyentar al diablo en un claustro con un gallo que con sexo o circo.
Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar (Palencia)


 No debemos descartar que el carácter apotropaico de estas metopas hacían su función por los enterramientos que hubiera en el entorno del templo, ya que hemos visto que los gallos tenían desde muy antiguo un valor protector de los difuntos, que para eso es el valor apotropaico. Recientemente hemos ido expresamente a hacer la foto del canecillo obsceno en el presbiterio de Vallespinoso de Aguilar para poderlo relacionar con las sepulturas a sus pies. ¿Que el cementerio puede ser posterior al templo? Sí, y también anterior. Lo que es seguro es que por ubicación y orientación, allí ha habido enterramientos desde mucho tiempo atrás, aunque las sepulturas sean recientes, como es de esperar. Curiosamente en la roca sobre la que se levanta la iglesia, tan adecuada para tallar sepulcros antropomorfos, no hemos visto ninguno.
cara norte de Sta.Cecilia con el cementerio
Inquietante itifálico con la boca abierta sobre el
cementerio de Vallespinoso

   













También estudia el juego de los gallos de San Quirce el profesor Rico Camps (Las voces del Románico.Arte y epigrafía en San Quirce de Burgos.Nausicaá.2008) quien tomando como base la Epístola a los romanos de San Pablo investiga más la epigrafía y las referencias escritas que los matices de la iconografía. De momento, en el tema de los gallos, los vincula más a los canes adyacentes que a las metopas, aunque destaca su figuración al principio y final del discurso. Pese a que reconoce al principio que la mayoría de los datos que aporta para sustentar su propuesta “no estuvieron nunca en la cabeza del mentor del alero (y menos aún, obviamente, en la del escultor que le dio forma)”, aporta una visión intelectual que convierte nuestra mirada en la del “idiotae”, el analfabeto para el que –pese a los letreros- se esculpió el alero.
El canecillo obsceno aparece sobre las cruces del cementerio en Vallespinoso de Aguilar

 Porque algo que ya dice Boto y que había sido anunciado por Pérez de Urbel y Muir hace muchos años, es compartido por Rico y nos apuntamos: aunque pueda haber varias manos (claramente las metopas no son del autor de los canes) se saca la conclusión que el dintel fue “repetición” de varios capiteles interiores, de modo que incluso las epigrafías se pueden resolver con las del interior, aunque no muy diferentes de fecha de realización. Luego mostraremos que también algunos canes del ábside por su sentido apotropaico pueden ser de la primera fase de la iglesia, que se entiende construida en dos fases, pero el alero es del tiempo de la nave.
Se puede discutir si las metopas, de inferior calidad que los canecillos, fueron talladas y colocadas al tiempo o no, ya que es posible que se hicieran algo después, precisamente como reacción a los comentarios de los fieles ante las historias negativas del Génesis. O por razones de enterramientos. No lo sabemos. La propia incongruencia de sus figuras, rebaños junto a agresiones sexuales (luego mostraremos que es una escena de violencia sexual) dos clases de luchas, que sugieren ordalías, (en el interior hay escenas de bocca de la veritá y condena de lujuria) e incluso detalles que quizás tenemos mal fotografiados, pero nos parece que el Kain agrícola asoma la lengua en su boca, otro significado sexual y apotropaico…todo nos invita a hacer un recorrido por tan misterioso alero. Con paciencia.

(Añadido el 18/6) :En la tesis apotropaica que proponemos, existe un clamoroso ejemplo -a nuestro entender- en la iglesia leridana de Sant Joan de Boi. Sus pinturas minuciosamente estudiadas por la Dra.Milagros Guardia y publicadas en el Codex Aqvilarensis nº 33 "Lo profano en el arte sagrado medieval" Actas del Coloquio Ars Medievalis de 2017 son el equivalente en pintura de lo que estamos analizando, ya que esa iglesia carece de canecillos, por lo que tanto el relato sagrado (martirio de San Esteban) como las imágenes protectoras y apotropaicas conviven en el muro interior, pero separadas. 
El exhibicionista con pata de palo de Sant Joan de Boi (foto arteguias.com)

Una muestra evidente de esto último es el personaje que aparece en el interior de un arco mostrando los genitales, al que curiosamente sólo le han raspado el pene, dejando útil su eficacia al dejar visible el resto de su genitalidad. Además, para reforzar su valor -ya decimos que es habitual poner doble protección (músicos-exhibicionistas, etc)- le han puesto una pata de palo y hemos comentado los frecuentes casos -Lescar, Jaca- en que un cojo casi siempre relacionado con la caza representa un eficaz antidiablo, porque los cazadores necesitan la suerte y los tullidos la atraen, más bien alejan la mala suerte, que por eso pasamos el décimo por la chepa del giboso. Por si fuera poco, un nutrido grupo de juglares y saltimbanquis ocupan todo un muro, lo que veríamos en los canecillos de cualquier otra iglesia, que van a atraer la mirada maligna dejando el resto a salvo. Un abundante muestrario de animales, algunos fabulosos, aparecen en el muro (lo mismo que podríamos ver en los canecillos de una iglesia románica)
Gallo en el interior del tímpano (foto 11299883 en flirck) que no está alertando sino alejando los malos espíritus
Pero el elemento más defensor del recinto lo han colocado precisamente en la puerta, en el tímpano y es un gallo, que. contra lo que pensamos, no está alertando de nada, sino ahuyentando los malos espíritus protegiendo el recinto sagrado, como lo hacen los jaculatores y hasta el "capado" cojo del arco, un potente personaje apotropaico, como ya hemos señalado: cojo y exhibicionista. Sant Joan, levantada a principios del XII en el remoto pirineo, plagado de malos espíritus, necesitaba una especial protección que no pudieron darle pagando a un escultor.
Pero estas cosas no aparecen en los libros de las sacristías, porque son supersticiones y para eso tuvieron 9 siglos los eclesiásticos para borrar cualquier alusión a lo que estudian hoy los antropólogos.
(añadido el 3/7). Creía haber citado una muestra más del carácter apotropaico del gallo: su presencia en los márgenes del Tapiz de Bayeux. A nuestro entender, todas las figuras del margen, tanto superior como inferior, están protegiendo el relato, el bello trabajo de las bordadoras que lucían a la vista del visitante. Son, por tanto, apotropaicas, y muestran cosas que vemos en las figuras románicas: centauros, combates, sexo, etc. En el episodio del entierro del rey, la catedral luce un gallo en su tejado.
Escena de preparativos de la batalla de Hasting con gallos intercalados entre cruces (wikipedia) en el Tapiz de Bayeux