viernes, 19 de julio de 2019

SAN QUIRCE. Ordalía (3ª parte)


Como anunciamos al final de la entrega nº 2, ahora analizamos las siguientes tres metopas, que entendemos tienen relación entre sí y rematan su “narratio” con un capitel interior, como luego ocurre con todo lo descrito en las metopas del rebaño de Abel y el Caín agrícola. 
Seguimos pensando, pese a las observaciones de los profesores, que estas metopas siguen sin tener relación con los canecillos y su relato bíblico del Génesis, y aunque los guerreros de la metopa muestren sus espadas junto al can del ángel armado con espada guardián del Paraiso, o el agresivo sexo del varón en la metopa de la violencia sexual (quizás una violación) “juegue” con las espadas citadas, entendemos que cuentan una  historia ajena a la conocida de los canes. La conclusión de Rico Camps de que el brutal ataque del potente varón a la desnuda mujer sugiere que la inscripción sobre Abel “FACTUS EST ABEL” indica la manera de su concepción (FACTUS), me parece poco defendible, al menos en la línea diferente que proponemos. En ningún caso se puede entender como una alusión a que la concepción de Abel procediera de una agresión sexual.
Por tanto, ahora aparece algo concreto y no genérico como eran las destinadas a proteger el templo con escatología y gallos. Ahora se esculpe una historia para “adoctrinar” a los usuarios, probablemente destinada a aleccionar contra abusos, agresiones sexuales y violaciones, acompañado de la ordalía para averiguar la verdad.
Tercera metopa con la LUCTA de dos rústicos como modelo de ordalía de rústicos

Puede pensarse que hemos obviado citar las descripciones de la Enciclopedia del Románico (Los Ausines, Burgos) pero es porque además de no aclarar nada respecto al tema que estudiamos, contiene olvidos tan curiosos, como cuando menciona que hay en este friso diez metopas y luego las describe una por una…pero sólo nueve: La del sexo se ha quedado en el tintero. Al menos podían haber utilizado la errónea pero púdica interpretación de Pérez de Urbel. Como luego veremos, algún fallo de lectura en los capiteles, nos hacen centrarnos más en los trabajos de los especialistas que venimos utilizando.
Dado que todos los estudiosos vinculan de una forma u otra las metopas con los canecillos, al salirnos de esa línea tan sólo podemos reproducir esas opiniones, sin compartirlas.
Lucha de dos rústicos como ordalía por la agresión sexual posterior en San Quirce de los Ausines (Burgos)

La metopa siguiente muestra, una vez vistas las dos apotropaicas iniciales (homo cacans y gallo) una lucha de villanos a mano desnuda, que tan abundantes hemos visto en las portadas palentinas y burgalesas, muchas veces relacionadas con ordalías, según nuestras entradas anteriores, especialmente a lo largo de 2017.
En amarillo uno y blanco el otro luchador en la ordalía de San Quirce

Hemos delineado los contornos de cada uno de los contendientes de la primera con distintos colores, blanco y amarillo, para ver una mano que agarra la cabeza del rival, mientras éste le sujeta por el hombro derecho y en primer plano vemos una mano que intercepta la del contrario. Las caras carecen de barba, pero son claramente dos varones. La única excepción que vemos sobre lo habitual, es que no cruzan las piernas. No distinguimos inscripción y aceptamos la propuesta de Boto, que recoge la de Pérez de Urbel y Muir, de que ponía LUCTA. En la portada de Moarves, por ejemplo, está espléndidamente representada esta escena de lucha, a veces aparentemente deportiva o festiva, ya que allí no parece mostrarse ordalía. Entendemos, como luego veremos que hace Besson, que se representa una de las formas de la lucha por ordalía, la de los villanos, sin armas, aunque Besson se debate entre simple discordia y ordalía. Aquí no hay duda: la metopa del ataque sexual indica la necesidad de ordalía.
Segunda metopa de lucha ordálica, ahora de guerreros, quizás nobles, en San Quirce de los Ausines (Burgos)

La siguiente metopa, casualmente tras el canecillo del ángel con espada –y creemos que no tienen nada que ver- muestra la otra variedad que hemos estudiado en artículos de este blog de la lucha ritual en las ceremonias de ordalía; ahora se trata de nobles, guerreros, armado cada uno con su espada, escudo y yelmo. En muchos casos, como los del norte de Palencia que ahora citamos, está claramente sustituida la espada por una porra, ya que se trata de evitar la sangre.
Detalle de la lucha armada de dos LIDIATORES en el friso de San Quirce

Como ambos contendientes son diestros, el guerrero a nuestra izquierda sostiene su escudo -apenas perceptible, pero que hemos delineado sobre la foto- con la mano izquierda,  en donde se ven los dedos y las marcas del trascol o tiras para sujetarlo. Como no visten cota de malla y las espadas parecen cortas y anchas, (quizás de madera) poco adecuadas a una lucha real, puede pensarse de nuevo en una ordalía en la que los “LIDIATORES” (según dice la inscripción sobre ellos) son nobles o de mayor nivel que los rufianes, dependiendo de la categoría social de su representado.
En blanco y amarillo los dos LIDIATORES de la metopa de San Quirce, inmediata a la sexual.

 Este tipo de lucha ceremonial lo hemos analizado en Santiago de Carrión de los Condes, Perazancas y Arenillas de San Pelayo, todas en Palencia en la órbita de la primera y luego difundidas por España (Santiago de Agüero, Biota, etc). Se trata de “campeones” que representando a los  acusados, deben superar la ordalía.  
Por tanto, si hay duelo de villanos y de nobles en esas metopas, ¿cuál es el motivo de su combate, en defensa de quién, a quién representan en el pleito que deben dirimir mediante combate de juicio de Dios?
Ordalía de Perazancas (Palencia) copia de la de Santiago de Carrión de los Condes. Lidiatores junto a la dama compungida

En las citadas iglesias del norte de Castilla y sus derivaciones, se acompaña al duelo una imagen inmediata de una dama compungida que se lamenta con las manos en las mejillas, ya que ha sido acusada quizás injustamente, siguiendo el modelo de Santiago de Carrión de los Condes.

En San Quirce la respuesta a por quién se baten la encontramos en la metopa consecutiva: Un hombre desnudo enarbola un enorme falo dirigido hacia una dama también desnuda con su sexo claramente marcado. Aquí, por tanto, no se ha mostrado a la dama expresando su desesperación, sino el mismo delito o pecado cuando se realizó.
La agresión sexual consecutiva a la segunda ordalía de San Quirce

 Ella extiende un largo brazo izquierdo terminado en una gran mano que trata de detener o desviar el avance del falo masculino, mientras extiende su brazo derecho hacia la cara del varón, quizás empuñando algún objeto, brazo que es a su vez sujetado fuertemente por el hombre. La dama luce velo o barbuquejo. Bajo el falo, se inscribe IO. 
Detalle de la metopa de la agresión sexual consecutiva a las dos escenas de ordalías en San Quirce (Burgos)

Resulta algo cándida la descripción de Pérez de Urbel y Muir:

 “Un hombre y una mujer representados con crudo realismo, junto a un árbol. El hombre extiende una mano al árbol y con la otra ofrece algo de forma oblonga a su compañera. Es seguramente la representación del pecado de nuestros primeros padres, aunque falta la serpiente. En el espacio vacío no se leen más que estas dos letras: IO.”
Parece evidente que los estudiosos han confundido los brazos de los protagonistas como ramas de un árbol y el falo con “algo oblongo”. La relación con los protoplastas, ni la  consideramos. Puede ser significativo el nexo de las tres metopas escatológicas con sus inscripciones: IO (sexo) IO CACO (defecación) y MALA CAGO (defecación). Como señala Rico Camps, tiene mucho sentido entender el grito IO como un ¡eh¡ (miradme, asustaos…)
Delineamos las figuras, varón en blanco y hembra en rojo para ver los gestos de las manos

En las portadas que vimos al principio de este blog en 2017, donde incluso en la de Perazancas el profesor Moralejo se había preocupado de investigar el material con que se había confeccionado un escudo de los combatientes que resultó ser de mimbre, suele aparecer el motivo de la ordalía, una mujer que se lamenta, y aquí lo tenemos palmario en esta metopa: el ataque sexual de un varón con un sexo “como espada” que acomete a una mujer desnuda, a la que se le ha esculpido un descriptivo sexo. 
Otro encuadre de la agresión sexual de San Quirce

En las cercanías de Sepúlveda, de fecha posterior a San Quirce, hemos comentado otra escena de violencia sexual, en nuestras entradas de enero de 2018 “Escenas sexuales en capiteles sepulvedanos”, donde en Ventosilla entendemos se esculpe de modo muy rústico otra figura itifálica masculina también sujetando por el brazo a una mujer desnuda que levanta los brazos, a la que se le ha borrado el sexo y las piernas a martillazos.
En Ventosilla (Segovia) cerca de Sepúlveda vemos una escena similar en la que un hombre desnudo acomete a una dama también desnuda con los brazos levantados a la que sujeta. Tras el varón un diablo puede simbolizar la tentación

 Otra escena claramente de ataque sexual, como señala Minerva Sáenz, la vemos en la riojana Ochánduri en un “escandaloso” capitel sexual en el interior de una ventana recientemente destapada en la que aparecen los dos motivos que originan la ordalía y que conforman la portada burgalesa que ahora estudiamos: una evidente agresión sexual, que es repelida por la mujer tirando del pelo al varón lo que provoca que tuerza su cabeza, mientras en la otra cara del capitel unos posibles guerreros  reproducen la misma lucha de las metopas de San Quirce aunque pueden ser vistos como jueces.
Capitel del interior de Ochánduri (La Rioja) con una violación en la que la dama se defiende y al lado dos jueces o soldados (Foto Juan Ramon Ugarte)

 También en iglesias pequeñas, como Pozancos, al norte de Palencia, ya hemos mostrado que en un capitel de una ventana aparece una “costumbrista” escena de la dama que abofetea al casquivano caballero que lleva al brazo su halcón y la sujeta por la cintura (¿un rapto?), mientras en una imagen próxima sobre el tímpano dos hombres se baten en duelo. Al lado, la figura de Daniel entre los leones pudiera evocar el juicio justo como el que ejecutó el profeta  para salvar a la casta Susana.
Tímpano de ventana en Pozancos con la ordalía


Capitel de la ventana de Pozancos (Palencia)¿rapto?



La agresión de San Quirce transmite tal dosis de violencia que resulta difícil entender que los especialistas hablen de escena amorosa. Pensamos que es lo más próximo a una violación, y ese podría ser el origen de las dos variedades de combate judicial que lo acompañan. Más aun, nos atrevemos a proponer que hay una cuarta escena relacionada, que también vemos en algunas portadas palentinas.
Capitel del interior de San Quirce con una mujer como "lujuria" que introduce su mano derecha en la bocca de la veritá

En el interior de San Quirce hay un capitel con una mujer desnuda con serpientes (“la lujuria” es el prototipo) pero que –pese a la afirmación de Magdalena Ilardia- introduce su mano en la boca de un gran león, que es exactamente como se esculpe en Castilla la toma de juramento a los acusados en las ordalías (Santiago de Carrión y Arenillas). En un lateral, un hombre desnudo, interactúa con un gran león que parece sostener un niño entre las garras (puede ser un alma condenada atrapada por el diablo). El hombre levanta su puño cerrado, en la misma postura de los personajes que se niegan a jurar (o juran en falso) metiendo sus manos en las fauces del león que hemos visto en las entradas de este blog de 2017 (Arenillas de San Pelayo, ordalías del Fogg Museum, etc). Tal parece que se describe la toma de juramento de ambos protagonistas (u otros) en un juicio en la iglesia por una denuncia de violación advirtiendo del daño para las víctimas inocentes de esos delitos o de la pérdida del alma de los infractores. De las dos formas de presentar las manos (en un caso metidas en la boca del león y en el otro, dobladas ante su boca) y tal como se muestran las “almas” de los juradores en Santiago de Carrión, pudiera concluirse la condena de los que son atrapados por la boca leonina y la inocencia de los otros.
Vista frontal del capitel de San Quirce donde la femme aux serpents mete la mano en la boca del león ¿acusada de lujuriosa?

Es decir, que tenemos en San Quirce el episodio completo de una ordalía y su origen,  y el final se esculpe en el interior porque el juramento en las ordalías se realizaba dentro de la iglesia, ante el altar. Se disponía este modelo para advertir a los fieles de la terrible condena a las personas que mentían en su juramento. La simple lectura que un sencillo campesino burgalés haría al ver este relato es que las mujeres que acusaban a un hombre de su deshonra, deberían prestar juramento en el templo para que luego (noble o villana) los campeones defendieran su honor en un delito  que habitualmente no tenía testigos. Su palabra contra la del varón y Dios decidía haciendo ganar a uno de los campeones. Estos temas los hemos analizado ampliamente en este blog en los años anteriores.
Los estudiosos proponen filiación respecto a Silos, Arlanza o Frómista y coincide que alguno de esos templos no conserva su iconografía original.
Por su parte, el trabajo del Dr.Hernando Garrido que estamos estudiando aquí, identifica este capitel interior como “la típica representación de la lujuria”. El hecho de que sujete con su mano izquierda el rabo de un león no es comparable –como apunta-  con la figura que suele acompañar a Sansón en la iconografía castellana (Rebolledo de la Torre), totalmente ajeno al tema que nos ocupa. 
Más evidente es lo que hace la mujer lujuriosa con su mano derecha: la introduce claramente en la boca de un león, como los juramentos que vemos en Castilla en torno a las ordalías.
Capitel de juramento en Santiago de Carrión de los Condes, con personajes que meten la mano en la boca del león.En el otro lado sólo la aproximan. Puede representar los perjuros (en esta cara el alma aparece gritando) y los inocentes.

 De todos modos, si sujeta con su mano izquierda la cola del león, ¿qué es lo que entra en la boca del león tras esa mano? ¿Una serpiente? Llama la atención el aspecto “masculino” de la cabeza de la lujuriosa; sólo se nos ocurre, a la vista de su corte de pelo tan moderno, que a las mujeres que se sometían a una ordalía, además de hacerlo desnudas (también los hombres) para que no ocultaran ningún truco que los protegiera (amuletos, ungüentos, etc) se les rapaba el pelo, lo que significaba un castigo añadido aunque luego resultaran inocentes. Nos recuerda mucho a la imagen de la lujuria del Panteón de San Isidoro de León, quizás la más antigua del románico español y que a veces ha sido identificada como “varón” por algunos investigadores por el formato de su cabeza.
Capitel de la lujuria en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León, quizás la primera imagen en España

 Luego estudiaremos los capiteles de la iglesia. Sigamos con Hernando y su opinión sobre estos relieves. Tras comentar que esta mezcla de “hitos bíblicos y profanos” supone una explícita condenación de la violencia y la lujuria, opina que lo escatológico podría leerse en clave sexual. Curiosamente, quizás por seguir la descripción de Pérez de Urbel y Muir, identifica la metopa de la agresión sexual como “otra pareja a punto de iniciar la riña” y vuelve de nuevo al capitel de la lujuriosa del interior para estudiar sus tres caras vistas y que, a nuestro juicio, se relacionan con el juramento de la ordalía, amonestando a los fieles sobre la condena por el perjurio tanto en varones como en hembras: “En el centro se ve una mujer, que mete la mano en la boca de un león, apostado en el ángulo del capitel, y agarra con la izquierda la cola de otro león, que a su lado devora un niño sujeto entre sus garras. Dos serpientes se enredan en las piernas de la mujer y suben por su cuerpo cebándose en los pechos. Arriba asoma una cabeza, de la cual parten las volutas del capitel. En otra de las caras un hombre se esfuerza por desasirse del león que devora al niño, que le tiene también a él sujeto con una de sus garras”. (En nota al pie, dice entre otras cosas, que en Frómista igualmente aparece una mujer agarrada a un león y metiéndole una mano en la boca, aunque si es el capitel que conocemos de una ventana, no tiene nada que ver con esta imagen). 
Capitel de una ventana de Frómista

Comenta luego el origen de la figura de la “femme aux serpents” y los lugares donde aparece en España.
Lo curioso es que si desmenuzamos la cantidad de manos esculpidas en esta escena de la esquina del capitel, nos sobran dos manos y quizás, incluso tres. Son la que sujeta al niño por el cuerpo y al hombre por la pierna, en la que aparecen esculpidos unos dedos que tampoco son de esa mano. 


Poblado capitel de San Quirce.En este ángulo, en rojo el león que sujeta al niño (quizás un alma) pintado en blanco. Las dos manos y el pie verde no pertenecen a nadie visible porque el hombre desnudo del rincón está completo.Aún parece haber una mano más en torno a la pierna derecha del varón, pintada en azul.

Como las manos del león se ocupan de sujetar la cabeza del supuesto niño parece claro que sobran manos o falta un humano. Una de las patas de ese león tiene forma de garra, mientras la otra es humana. Pudiera haberse pensado en esculpir un doble león con una cabeza compartida, que para eso está en el ángulo, a la manera de Frómista, pero finalmente no se puso ese segundo león aunque sí ha conservado sus manos. Un capitel confuso, hasta por su significado, ya que la femme aux serpents no es habitual que meta la mano en la boca del león como juramento. Parece que se han fusionado dos modelos: la de la juradera y la femme aux serpents.

En su libro “Las voces del Románico” el profesor Rico Camps se hace eco del trabajo de Besson referido a esta portada, en la que entiende la vinculación de lo escatológico con el sexo. Como dijimos al estudiar el trabajo del francés, éste encuentra estas escenas como reflejo de los conflictos sociales y la violencia y no tanto como imágenes de juicios de Dios, aunque en su estudio ha querido abarcar tantas y tan variadas formas de representar la violencia en el románico, especialmente el hispano, que podemos concluir lo del refrán castellano al no concretar un sentido de su lectura, abarcando todas las variantes.
El 29-Nov-17 escribíamos en este blog (perdón por la autocita) una entrada titulada “Los guerreros a caballos en Santiago de Agüero” parte.3ª y estudiábamos el famoso trabajo de Besson “A armes égales”, donde precisamente se comenta este friso de San Quirce y se identifican las dos escenas de lucha (villanos y nobles) como combates “a armes égales”, una manifestación de la ceremonia de las ordalías. El estudioso comenta las inscripciones del friso y destaca las dos formas de cultura que han inspirado su latín: las bíblicas con latín clásico, las otras “romanisé”, “deformadas por la lengua hablada, enriquecida con expresiones vulgares”. E incluye las que llevamos vistas de los “cagos”, “io”, “gallo” “lucta” y “lidiatores”. Aunque su conclusión gira en torno al equilibrio de dos mundos, etc. puesto que el sentido apotropaico no lo considera.
Pero lo que nos interesa resaltar, y que tocaremos cuando llegue, es la relación que detecta el francés entre la figura de Sansón y la lucha de caballeros, ambas precisamente esculpidas en esta iglesia aunque el Sansón ha sido desplazado a la fachada norte. Ejemplos abundan, desde el sarcófago de doña Sancha y la Belle Pierre de Cluny a varias iglesias franceses o españolas (San Cugat, San Pedro de la Rua), pero precisemos que los caballeros van montados, mientras en San Quirce los vemos a pie.
A lo largo de enero de 2017 estuvimos presentando las imágenes de ordalías siguiendo el trabajo de Beatriz Mariño. En Segovia, tal como decimos arriba, mostramos un capitel que muestra una agresión sexual similar a la de Burgos, aunque allí parece aludirse a la tentación que supone el baile en las mujeres. Lo mismo en Julio de 2017 con los juicios de Dios.
Vemos, por tanto, una coincidencia del tema ordálico en la iconografía castellana, más allá de lo estudiado por Beatriz Mariño. En el caso concreto de San Quirce, para la audiencia laica que visitaba la iglesia, se muestra el ataque sexual a la mujer y la ordalía consecuente, con villanos o nobles combatiendo por su inocencia. En el interior aparece el juramento de los protagonistas, aunque a ella aparenta que se le atribuye un comportamiento inadecuado. Esto mismo vemos en los capiteles del entorno de Sepúlveda, donde hay ocasiones en las que la dama aparece en postura de baile ante el ataque lascivo masculino. Como dijimos cuando lo exponíamos aquí, los Fueros tenían legislación adecuada, lo que no impedía a la Iglesia ser contundente con las costumbres “incitadoras al pecado” de las damas. Y los monjes de San Quirce no podían ser ajenos a esa tendencia.
Cara oeste del capitel de la femme aux serpents de San Quirce (Foto M.J.Friedlander)

Hemos visto el sentido apotropaico con que se abren y se cierran las metopas del friso –dos primeras y dos finales- y ahora hemos propuesto, siguiendo en algún sentido a los investigadores, que en las tres siguientes se representan escenas de ordalía, que se relaciona con un capitel interior.
Nos quedan las tres restantes, de campo, pastoriles las dos primeras y agrícola la tercera, que como son escoltadas por los canes en los que los protagonistas son Cain y Abel, es inevitable la relación. No podemos negarlo. Puede haber aquí un giro en el relato, y por fin las metopas juegan con los canes. Cierto es que la iconografía está basada en los capiteles interiores, donde también es reiterativa la representación de cabras y ovejas. Pero eso lo veremos en la próxima entrega.

jueves, 11 de julio de 2019

SAN QUIRCE. Homo cacans. (2ª parte)


 En la primera parte de esta entrada dedicada a estudiar la sugestiva portada burgalesa de San Quirce de los Ausines, hemos repasado el significado de la “gallardía” que lo adorna y su utilidad apotropaica junto con los “homo cacans” que también duplicados y en el mismo sentido de lectura de izquierda a derecha acompañan a estas metopas, ya que –a nuestro juicio- al menos en su primera mitad (hasta el canecillo que efigia a Abel con cayado y cuerno de pastor) nada tienen que ver con el relato de los canecillos. Ni contrapunto ni burla de la historia esculpida. La duplicidad o la reiteración era una de las premisas para la eficacia de letanías y conjuros protectores. A fin de cuentas, la letanía no es más que una invocación repetitiva y reiterada para pedir la protección de la Virgen: Ruega por nosotros. El ser humano siempre ha considerado que la salmodia en comunidad era la mejor manera de comunicarse con los dioses. Así el diablo tiene menos oportunidades. Por tanto, y contra el criterio generalmente aceptado, no relacionamos las metopas con el relato bíblico de los canecillos. Lo explicamos.
San Quirce de los Ausines (Burgos) desde su lado sur, donde se aprecia el singular techado de su ábside

Pensamos que el grupo de gallos y cacans tienen claro sentido apotropaico y vamos a ir desvelando detalles que pueden darnos una idea de mezcla de temas, que no hay un único sentido en las metopas, sino que en parte reproducen alguna representación del interior, como evidentemente hacen los canes. La insistencia en la segunda parte de las metopas en reproducir después de Abel animales domésticos se nos escapa, aunque sospechamos que también esos bichos, como señala Alan Dundes, son objetivo del mal de ojo y actúen como cebos en la fachada.
Pero para nosotros sí que hay una relación apotropaica de gallos y cacans. Veamos éstos.
Como ya hemos comentado, la talla de los canes es de mucha mejor calidad que las metopas y además su relato es consistente: Creación, Paraíso, Caída, Expulsión y relato de Cain y Abel con remate en la reprensión divina. Todo debidamente ordenado e inspirado en los capiteles del interior del templo.
En cambio, las metopas comienzan y terminan con sendos mensajes apotropaicos, siguiendo en la primera mitad con dos escenas de posibles ordalías quizás motivadas por la sugerida violación de la metopa 5, justo la que precede al citado Abel con capucha, cayado y cuerno. Las tres metopas siguientes parecen relacionadas con el relato de Cain y Abel, copias de las escenas del interior del templo, algo insistentes en los animales (quizás con intención) pero con detalles significativos como lo que entendemos nuevo gesto apotropaico: en la metopa de Cain arando (Kain agrícola) apostamos porque el impío aparece sacando la lengua, según nuestras fotos y las de algunos buenos amigos mejores fotógrafos.
Kain agrícola saca la lengua en gesto apotropaico
 (fotoQuique Segura)

 La verdad es que no se observa ese detalle hasta mirar en casa pacientemente las imágenes, pero no descartamos volver a San Quirce con mejores medios. Sacar la lengua es un gesto de sentido apotropaico; para algunos, equivalente a una exhibición sexual. Hay muchos “lenguaraces”, por ejemplo, en el interior de Santillana del Mar, y algunos con insinuación sexual, sin escándalo…hoy. El prototipo de mostrar la lengua es precisamente la cabeza de la Gorgona, que figuraba como Medusa en los escudos de los guerreros, para asustar al enemigo. No otra cosa es hacer la haka de los maoríes, ese baile ritual del que se han suprimido algunos gestos sexuales, que actúa como apotropaico antes del partido y que iban dirigidos al rival, aunque ahora miren a “ninguna parte”. Se ha domesticado lo que era una danza protectora del mal que suponía el enemigo, hoy rival.

Bien. Mantenemos que, tal como describen los estudiosos, la sorprendente y agresiva imagen de los homo cacans tiene ese sentido apotropaico. Aquí la característica es que se ha esculpido al sujeto  de cuerpo entero de perfil, contra lo habitual en que aparece de frente y encogido, como en Cervatos, Artaiz, Aulnay, etc. 
Primera metopa con MALA CAGO en el friso de San Quirce. Creemos que nada tiene que ver en el relato, como el gallo.

Sin embargo, como en éstos, aparecen con la boca abierta, la cabeza girada para que se vea su gesto horrible y con la inscripción añadida para que no haya dudas.  Kenaan-Kedar veía en el can francés un hombre que no sabe despegarse del suelo. Muy literario (también opina así García Guinea del caganer de Villanueva de la Nía) pero es porque hacen una lectura  religiosa y no les acomoda atribuir ese gesto obsceno a una iglesia. Menos mal que la inscripción no engaña. Y eso pese a que el profesor Rico hace una larga disgresión en su estudio sobre el IO CACO que creemos brillante pero innecesario. Si es el mismo modelo en ambas metopas y casi el mismo mensaje, habrá que deducir que seguramente el tallista no sabía lo que le mandaban escribir y se le perdió el rabillo de la G en la ejecución, como otros defectos de las otras inscripciones. O que se escribe de dos formas. De nuevo, como hemos señalado en los canes obscenos, los personajes aparecen de perfil pero vuelven la cabeza y nos gritan: ¡eh¡
Detalle del primer caganer con la inscripción abajo a la derecha

Más abajo mostramos un comentario en el sentido del posible uso de las inscripciones en doble “idioma” para ampliar el mensaje a quienes lo contemplaran:  ilustrados (comunidad de monjes) en latín y analfabetos (laicos) en romance.
Precisamente el IO CACO lleva la mano a la boca como para aumentar el berrido de su gesto mientras su masa fecal inunda la metopa. Casi se huele. ¿qué otra cosa va a significar?
El contexto apotropaico de este personaje lo podemos encontrar en los mosaicos del norte de Africa, estudiados por expertos antropólogos como Antón Alvar o Elworthy (The evil Eye).
Caganer de Cervatos (Cantabria)

Caganer de Artaiz (Navarra)

En una entrada de este blog de fecha 3 de Junio de 2018 “El sexo protector. Es bueno…si es obsceno” analizamos un lienzo  de Pedro de Orrente expuesto en Las Edades del Hombre en Aguilar, en el que aparecía un perro defecando en el que se ha pintado expresamente el resultado de su gesto. Y está realizado en un ámbito tan sagrado como el Sacrificio de Isaac. ¿qué llevó al autor,  del que apreciamos su tendencia a insinuar personajes misteriosos en sus lienzos, que en muchos casos iban destinados a conventos y monasterios, a plasmar semejante escena escatológica? Seguramente lo hizo sin conocimiento de los destinatarios…o no.
Caganer de Villanueva de la Nia custodiando la ventana del templo

Segundo homo cacans en el friso gritando y haciendo eco con la mano. La masa fecal a la izqda.y la inscripción debajo dcha

El origen del caganer viene, por lo menos, desde Roma. Los antropólogos nos cuentan cómo hay una pintura pompeyana en la que aparece un hombre en postura similar a la que vemos en Burgos con el lema: “cacatur, cave malum” en donde encontramos una conexión al lema de San Quirce : el malum. Traducido:“cagador ( o cagón) cuidado con el mal”. No dice nada de manzanas. La proximidad de la tentación paradisíaca en San Quirce  ha derivado en otra tentación: pretender que se alude a la manzana de Eva.

imagen de IsisFortuna de una letrina.Hoy en el M.A.Napoles.(Foto de Jackie and Bob Dunn)

De todos modos, el wikizionario , que no es nada académico, creo que muestra la acepción CACO como presente de indicativo del latin cacare, por lo que –independientemente de lo que decimos del indudable sentido de ambas inscripciones de las metopas que estudiamos -pudiera el “escribiente” haber entendido la una castellanizada y la otra en el latín que pretenden escribir.

La gente que estudia el significado del caganer navideño de los belenes ya se toma en serio el sentido apotropaico del personaje, por encima de la tontuna moda de atribuir el personaje a algún famoso del momento. El defecante se coloca, a la manera del perro del cuadro de Orrente para atraer la mirada y evitar un aojamiento no deseado a las figuras del Misterio. También en un ámbito admirado por su belleza. Si hay algo bello que mostrar, conviene poner un elemento que lo “rebaje” para evitar que se fije la mirada, especialmente la primera, en lo que causa admiración. Eso lo estudian muy bien antropólogos con Alan Dundes o Frazer. Esos principios de protección estaban presentes en la mentalidad medieval, tanto de los educados como de los idiotae.
Segundo caganer que parece llevar un collar que lo aprieta

De la utilidad apotropaica del homo cacans, son más los antropólogos que los historiadores del arte que hacen mención de ello (tengamos paciencia), pero el profesor Hernando Garrido, que ya ha publicado en esa clave un amplio trabajo en “Arte y sexualidad en los siglos del románico”, actas del curso del año 2018 editado por la Fundación que acoge este blog, en el artículo “Las representaciones obscenas en el arte románico: entre la vulgaridad y la apostura” además de incluir las metopas que tratamos, comenta lo que entiende como “homo cacans” en un remoto rincón de la bóveda de San Baudelio de Berlanga en Soria. Basándonos en la imagen que acompaña al trabajo proponemos otra alternativa, ya que el sujeto aparece portando fídula en una mano y arco en la otra, instrumentos poco adecuados para la función fisiológica que se le atribuye, y sin embargo muy frecuente en los exhibicionistas músicos. Precisamente es el sexo lo que le cuelga al sujeto con las piernas abiertas y además pintado del mismo color que el vestido, probablemente en un intento de camuflar sin eliminar (para preservar su valor apotropaico con una velada censura cromática). Finalmente, sea cacans o músico con instrumento, tiene la misma utilidad para la que se le puso: profiláctica.
También el mismo Dr. Hernando Garrido tiene un artículo titulado “El expolio del Mosaico Romano en Baños de Valdearados ( Burgos)…en el que denuncia los robos agresivos de teselas con escenas completas en ese yacimiento, y dice (descargable en internet por Dialnet) en la pag.323 : “Muy cerca de Baños, en la ciudad romana de Clunia (Peñalba de Castro) un sillar tallado con relieves fálicos –como el homo cacans- resultaban perfectos antídotos contra el fascinum (el mal de ojo) amén de propiciar la fertilidad ha sido la última pieza robada en diciembre de 2011.”
Det.homo cacans derecho
Detalle homo cacans izquierdo
En la pag.137 del magnífico estudio de Elworthy sobre el mal de ojo (The Evil Eye), disponible en PDF se incluye el dibujo de un mosaico del norte de Africa con un enorme ojo atacado por toda clase de animales apotropaicos y sobre él, un personaje con gorro frigio aparece en cuclillas combatiendo el mal de ojo con su arma: la cacans. Si se diera la vuelta, tendría otro elemento; el fascinum que lleva entre las piernas. 
Dibujo de mosaico de Elworthy con el homo cacans sobre el ojo rechazado

Veamos un recorte del estudio de Deonna, al que volveremos: “Le symbolisme de l’oeil”. En el apartado “l’oeil prophylactique”, donde leemos: “Se preserva de visiones peligrosas no solamente por medios pasivos, desviando la mirada nociva o evitándola, sino también por medios activos, opiniéndola “apotropaia” que le combatan, la destruyan o detengan neutralizando el efecto”. (Y cita a Plutarco que señala los amuletos como útiles contra la fascinación de la envidia: “su sorprendente aspecto detiene la mirada maligna de suerte que se fije con menos intensidad en la víctima”). Se utilizan fórmulas orales o escrito, gestos, talismanes y amuletos múltiples, pedidos en los lugares más diversos.
Y a continuación cita los medios para atacar el mal de ojo: “Se representa al mal de ojo rodeado de animales protectores, que vueltos hacia él, le atacan y forman como una muralla mágica que lo aisla. El falo lo tiene en jaque, acompañado de serpientes subidas sobre patas; se precipita sobre el adversario, se apresta a traspasarlo, le destroza, le sierra. Todo objeto puntiagudo y cortante que pinche, horade o corte, ahuyenta el mal…Los cuernos, los picos (de las aves, como el ibis), los dientes de ciertos animales, las plantas puntiagudas y espinosas tienen la misma eficacia. Una actitud, un gesto obsceno lo ponen en fuga; una mujer desnuda, piernas abierta se sienta sobre él; o un personaje vista de espaldas, un cossim cacans”.
Posible homo cacans en un lateral no visitable de San Martin de Mondoñedo(Lugo)
Caganer en San Pedro de Ansemil (Pontevedra) (primo del de Villanueva)

En un diccionario de la Universidad de Toulouse leemos:
Todos los medios que uno había imaginado para protegerse del mal de ojo habían sido inspirados uniformemente por la misma idea: forzar a la fascinante mirada a volverse, al oponerse a un objeto indecente o ridículo. Se pensaba que esta marca de desprecio neutralizaba los efectos de los sentimientos con los que fue acusado. Era para mostrar que estábamos listos para hacer mal por mal.  El amuleto fálico destinado a ser suspendido, es de marfil; se encontró en Tindaris en Sicilia Este gesto simuló la unión de los genitales de los dos sexos, que, cada uno representado por separado, se consideraron como profilácticos poderosos. "Era posible extender solo el dedo medio entre los otros dedos doblados; Él era el que se llamaba infamis porque se dirigía a las personas que se burlaban, pero también recibió los nombres de impúdico y gusano. 
Típico amuleto fálico del museo arqueológico de León

También fue la razón que lo hizo apto para repeler la influencia del mijo malo; cuando las madres o las niñeras lo temían por un recién nacido, sumergían sus dedos medios en barro o en polvo humedecido con su saliva y se lo aplicaban en la frente. pulgar, índice y dedo medio doblando los otros dos dedos. Otto Jahn, y más recientemente Dil, catalogaron varias manos de metal. Finalmente, cuanto más indecente era una pose, más parecía estar calculada para desviar la mirada fascinante. La tierra de la basura con un monumento era culpable de insultar a aquellos a quienes pertenecía, y exponerse a su maldición; pero si uno daba esta marca de desprecio a una persona que pasaba por tener el ojo malvado, se pensaba que estaba a salvo de sus ataques. Sin duda, es a esta superstición que los amuletos que representan a un hombre agazapado (cossim cacan) están unidos.  Debemos atribuir el mismo origen a ciertas estatuillas femeninas, cuyo gesto recuerda el hecho de que el legendario BAUBO tenga éxito, se dice, para hacer llorar a Demeter por el luto.  
Objeto de madera con triple sentido apotropaico mostrado por Deonna en su estudio

En otro breve artículo en pdf de Deonna “Le dèvoilement prophylactique du corps”, comenta una pequeña figurilla de madera de factura reciente de la montaña suiza donde aparece un campesino que huye y se vuelve dirigiéndose a su acosador haciendo a la vez tres signos apotropaicos: saca la lengua (lo hace Cain en San Quirce), hace con la mano los cuernos (como el interesante capitel románico de Grandson (Suiza) y se levanta la levita para mostrar el culo al enemigo (como las damas en el grabado de la Koninklijke Bibliotheek de la Haya de la entrada de 26-7-17). Ese cúmulo de gestos intercepta la persecución.
Abrumador capitel de Grandson en Suiza con múltiples gestos apotropaicos.(foto Violaine Buchler)
No deberíamos dejar de lado una posibilidad para interpretar esas  “sucias” metopas: El dr.Anton Erkoreka en su breve estudio sobre el mal de ojo en Euskal Herria de 1984 destaca cómo la costumbre de dejar a los niños sin cambiar de ropa y sucios mientras juegan en la calle, habitual cuanto más al sur y especialmente en el norte de Africa, no es desidia maternal, sino una forma de protegerles del mal de ojo, ya que si alguno destaca por su belleza o buen vestir, estará mas proclive a ser aojado. La idea es que todo lo bello atrae la peligrosa mirada aojadora y hay que pasar desapercibido. En el contexto de San Quirce, lo bello son los canecillos bien esculpidos y narrando una historia sagrada en un hermoso edificio, que deben ser protegidos mediante la inclusión de caganers y otros elementos apotropaicos. Hay mil ejemplos de “dañar” lo bello para protegerlo, como hacen los beduinos con sus caballos cortándoles un pico de la oreja para que no sean perfectos, o como San Mateo que se cortó el dedo para no ser perfecto y evitar ser elegido sacerdote, o Noé que tuvo que delegar el rito del sacrificio al sobrevivir al Diluvio en su hijo Set porque el patriarca estaba cojo de un zarpazo de uno de sus pasajeros y los judíos –aún hoy- (y me parece que los “nuestros”) miran que el sacerdote no tenga taras. No me constan curas cojos, mancos o, peor aún, tuertos. Al menos al ser ordenados.
Canecillos obscenos visibles de S.Martin de Mondoñedo (Lugo)

Por eso pedía que no se alabara mi trabajo para evitar un aojamiento no deseado. En los niños, como veremos, se solventa haciendo que la vieja sospechosa que lo admire, cierre su elogio con una jaculatoria citando algo santo, que lo salvaguarda: “Qué neno tan mono, que el Señor se lo conserve”.
El 3 de Agosto de 2014 volvíamos de nuevo en el foro a Michael Camille:
Camille cita nada menos que a Freud: “la cabeza de Medusa ocupa el lugar de la representación de los genitales femeninos o más bien, se aisla sus efectos horrorosos de los que dan placer; hay que tener en cuenta el hecho de que mostrar los genitales se interpreta según otras conexiones, como un acto apotropaico. Lo que despierta horror en uno mismo producirá el mismo efecto sobre el enemigo del que se está tratando de defenderse. Leemos en Rabelais cómo el demonio se dio a la fuga cuando una mujer le mostró su vulva.”
Veersión de la leyenda del diablo en el B.Museum

Tambien en el foro el 21/12/2014 se inicia un comentario sobre Ruth Mellinkoff y su libro “Averting demons” en el que se especifican las cinco maneras de repeler al diablo.
1. mostrando algo similar a lo que queremos ahuyentar, por ejemplo, un diablo, en base al dicho similia similbus curentur.
2. distrayéndolo, entreteniéndolo, intrigándolo para que olvide su intención, Para ello sirven los numerosos entrelazos, cenefas, nudos salomónicos y toda clase de lazos, incluidos laberintos y otros motivos de averiguación: el famoso SATOR, Abracadabra o cualquier inscripción a adivinar, como los juegos del tres en raya (que aparecen grabados en la pared, donde es imposible colocar una piedrecita para jugar). “La intención era atraer su mirada hacia algo inusual, fiero, divertido o grotesco, desviando su mirada de lo que era susceptible de dañar”, dice Mellinkoff.
3. También la figura humana, si aparece deformada: cojos, tullidos, gesticulando, acróbatas, danzantes, cualquier cosa inesperada.
4.  Otra forma de esquivarlo era con la “cantidad no revelada”, que consistía en poner objetos formados de muchas piezas, que inevitablemente el diablo iba a contar, por ejemplo, las famosas flores de cactus secas llenas de espinitas de las cabañas del norte, que se ponían sobre las puertas, o los rabos del tejón, que se ponían en los caballos e incluso junto a los bebés para que el diablo se distrajera contando los pelos y dejando a salvo al infante.
Como hemos dicho antes, al diablo (y al aojador) le atrae lo perfecto lo bello, para dañarlo (por eso el mal de ojo se desarrolla a partir de la envidia). En este sentido pensamos en lugares como Silos, con un claustro de capiteles con imágenes perfectas, simétricas, pero al tiempo de seres monstruosos, intrigantes, que pueden hacer esa función. Es posible que cuando veamos una hermosa catedral gótica, se hayan colocado gárgolas monstruosas en los aliviaderos de las aguas para que los espíritus malignos se alejen.
5. Y finalmente, la manera más común de alejar al diablo es combatiéndolo, bien con cruces, con figuras sagradas o mostrando el sexo, tanto masculino como femenino, que eso es lo que componen los viejos amuletos que usaban los primeros cristianos tras convertirse y que aparecen en los enterramientos de los primeros siglos, como los anillos infantiles de oro con un falo grabado.
Anillos infantiles de sepulturas paleocristianas con falos protectores (British Museum)

 También la herradura –costumbre que aún se conserva y de la que estudia su alusión a la forma del sexo femenino- y pudiera que las figuras del zodiaco, luego cristianizadas. Precisamente en San Quirce su portada norte luce esos signos zodiacales, que luego veremos.
Mellinkoff cita a Donald Ward, famoso folklorista, quien decía: “Siempre que veas algo insultante u obsceno, puedes estar seguro que es algo apotropaico”. De este mismo autor menciona Mellinkoff en la tradición alemana, cuando se sospecha estar ante la presencia de un diablo o alguna otra criatura demoníaca, si eres hombre debes bajar los pantalones y si eres mujer levantar las faldas, en ambos casos para mostrar el trasero al diablo diciendo varias veces : “Kiss my ass, Kiss my ass”.
En un curioso estudio sobre la creencia en el mal de ojo entre los beduinos (que se cubren la cara con el velo para evitar ser aojados, no por la arena del desierto) se dice: “Para estar a salvo de los malos espíritus, el beduino debe apedrearlos, maldecirlos e incluso defecar y orinar sobre ellos”.
La presencia del diablo se relaciona con olor a azufre y el mal olor en general. Las metopas de San Quirce van por esa vía.
Tomamos una foto del foro de AdR de 27.7.2015 con un caganer facilitado por Joel Jalladeau que es un canecillo de Aulnay calificado por Kenaan-Kedar como “acróbata barbudo”.
Canecillo de Aulnay con caganer
La tesis de Antón Alvar sobre el mal de ojo señala: “Las fuentes ponen de manifiesto que lo obsceno y grotesco, además de resultar jocoso y provocar hilaridad, cumplen al mismo tiempo una función apotropaica”.

Podemos ver que casi nos acercamos a la visión de Umberto Eco en el argumento de “El nombre de la rosa” para resaltar que, en contra de la postura de la Iglesia, la risa es sana a los ojos de Dios, tal como Aristóteles propone, y que no puedes temer aquello de lo que te puedes burlar. En la iconografía románica se pretendía desactivar demonios y espíritus inmundos mostrando a modo de espejo aquello que pretendía asustarnos.
Nuestras notas del artículo de Alan Dundes “Wet and Dry, the evil eye, an essay in indo-european and semitic Worldview” en su  Pag.289 que trata de cómo los elementos aojados se muestran como secos y los vivos como húmedos (la expresión sobre un aojado en España sería “haber sido secado” por un mal de ojo) dice:
“Incluso hay otra forma de cegar el mal de ojo y es defecando sobre él”.  Y comenta la imagen del mosaico que mostramos con el homo cacans entre otros elementos atacando al ojo infame. “Corresponde-sigue- a la misma tradición de la pintura encontrada en Pompeya en el pasillo de una letrina en la que un hombre …(ver la pintura adjunta). 
Detalle del mensaje en la letrrina pompeyana (foto Jackie and Bob Dunn)

“Seligmann anota que el excremento es a veces usado para contrarrestar los efectos del mal de ojo, por ejemplo, en el caso de una vaca cuya leche se ha secado, pero no explica por qué se usan los excrementos.” Y  a continuación especula con la tendencia infantil a jugar con excrementos como alusión a dar a luz: el niño que defeca es la madre y el excremento el hijo. En esa freudiana lectura, que no compartimos, añade: como escupir (escupir tres veces sobre el objeto de nuestra protección protege del aojamiento, ver la peli “Mi gran boda griega”) también la defecación puede contener una función insultante.
Tenemos una opinión distinta: la saliva sobre un niño o un animal es para protegerle, y eso hacía el cura cuando bautizaba a un niño, cuya ceremonia ya hemos comentado que está plagada de exorcismos. Mojar el dedo en la saliva y aplicarlo a la frente de un niño es muy frecuente en las viejas abuelas: para dejarlo más peinado, dicen inconscientemente, Quizás el gesto rememore la acción divina de la creación humana. De cualquier manera, la saliva (escupida o manipulada) es un elemento fuertemente apotropaico. En general, lo son los efluvios emanados del cuerpo porque demuestran que se está vivo, algo imposible en un difunto, que es el objetivo de los diablos. Por eso tratamos de mostrar “vida” en los difuntos: ponemos flores, velas, limpiamos la sepultura, y antes también se comía y festejaba en su entorno, como aún hacen en Centroamérica y no por recuerdo de mayas y aztecas. Evidentemente, los gritones cacans de este friso aparentan estar vivos.
Primer caganer del friso de San Quirce de los Ausines

 En el caso que estudiamos, pensamos que el gesto insólito de la defecación en una portada tiene la misión de sorprender, disgustar, incomodar a los malos espíritus y aojadores que contemplan la belleza del templo y hacerles desistir de actuar. Si al gesto asociamos el recuerdo del olor, el efecto es completo. Además, es un acto que sólo lo pueden hacer los vivos, y eso es precisamente lo que ahuyenta a los espíritus malignos, puesto que sus víctimas son seres inertes, los difuntos, y un acto vital como ese les hace huir.
Uno de los estudios citados por Boto es “Modelos y antimodelos en la cultura medieval” de Maria Corti, de la Universidad de Pavía, en apoyo de su lectura de que esas metopas actúan como antimodelos de los canes bíblicos. No se aleja mucho el estudio de “lo alto” contrapuesto a “lo bajo” interpretado por muchos investigadores o la lucha de la carne contra el espíritu, con modelos literarios como hemos citado de Salomón y su opuesto Marcolfo. Pensamos que la mayoría de referencias son posteriores a lo que estudiamos. Sin embargo, aprovechamos un párrafo que, sin referirse para nada al tema que tratamos, probablemente alejado de la altura intelectual del artículo, puede ser un punto de vista útil. La investigadora utiliza textos de Humberto de Romans (de nuevo usando referencias posteriores a la datación de San Quirce) un dominico de mediados del siglo XIII que daba consejos para la predicación. Así sugiere a sus compañeros que preparen sus sermones en los dos “genera linguarum”: latin y vernácula, ya que en la misma comunidad pueden coexistir círculos culturales de más alto o más bajo nivel. Ese consejo puede verse materializado en esta fachada, en la que pese a que los lemas están en latín, coincide que la metopa más ofensiva MALA CAGO muestra el verbo en lengua vulgar, como lo usamos hoy, mientras que hay una segunda versión con el verbo en latín IO CACO, del verbo cacare.
En este mismo sentido resulta ingeniosa e ilustrativa la introducción de Ziolkowski al volumen 4 de “Cultures, Beliefs and Traditions”, titulado “Obscenity” Social Control and Artistic Creation in the European Middle Ages, con trabajos de Camille, Caviness y otras grandes firmas, reflexionando que cuando se citan actos u órganos sexuales, se hace en latín quitando dureza y suavizando la alusión. “Puedo golpear mi dedo con un martillo y exclamar “Feces” sin producir más que perplejidad a mis oyentes, porque la reacción que esperaban era en lenguaje al uso.”  No está de más recordar nuestro recurso al lenguaje obsceno para conjurar la sorpresa o el desagrado como acción diabólica. Los tacos son siempre sexuales o escatológicos. No es frecuente mandar a alguien a tomar vientos, sino que se es más contundente mandando como lo hacen los dos caganers de San Quirce, que le gritan a quien rechazan que se vaya donde describen. Ya estudiamos en su día que amenazar a los ladrones  con sodomía era lo más común en los letreros de los jardines de Pompeya y Herculano, casi siempre enarbolados por un Priapo bien dotado.
Los trabajos de nuestros maestros van en otro sentido de lo que entendemos. Hernando Garrido apenas hace más que describir, vinculando metopas con canes, y así entiende que el letrero MALA CAGO alude al canecillo contigüo de la caída por la ingestión de la manzana, lo que “resalta la torpeza del pecado del Paraiso”.
Al primer caganer se le ha querido relacionar con la manzana pero este canecillo no es el más próximo

Pérez de Urbel y Muir, lógicamente más “distraídos” de estos temas, por su época y su temática, hablan de “representaciones sumamente curiosas e interesantes” en esas metopas con “escenas de carácter realista”. También hacen la lectura relacionando metopas con canes. Del primer caganer dice: Una figura extraña, cuya actitud, inexplicable a primera vista, nos explican estas dos palabras grabadas en la piedra: MALA CAGO. Sin duda, para el cínico artista, el acto aquí representado tenía relación con la manzana del pecado.
Respecto al segundo dice: “Un hombre en la misma actitud que hemos observado ya al principio, y aun mas cruda en algunos detalles. El letrero dice: IO CACO”.
Más adelante veremos su peculiar versión en la metopa sexual.
Caganer en el Roman de la Rose (siglo XIII)
Por su parte, el Dr.Boto estudia esta fachada en la dualidad que hemos citado de canónigos dentro y seglares en el hastial, propiciando “enmiendas conductuales”, aunque alterando la interpretación con las metopas inadecuadas, con una actitud burlesca e irreverente. Cita a Lojendio y Rodríguez que entendieron que el grito IO CACO era expresión del propio artista (en esa línea ya descartada de entender que se camuflaba lo inadecuado como “venganza” o “travesura” de un escultor como si no fuera sometida su obra a minuciosa revisión). Boto destaca la hilaridad que su contemplación podría provocar, aunque no menciona el valor apotropaico tanto de la risa como de la visión de las propias figuras.
Finalmente, el profesor Rico Camps en su libro desmiente el “desorden con los temas populares” que señalaban Pérez de Urbel y Muir, y antes al contrario, afirma que estamos ante un “organismo bien trabado”.
Acostumbrados como estamos a que los expertos no acepten la existencia de representaciones teatrales o autos sacramentales en los templos del románico, más difícil es encajar que una obra contemporánea de esta iglesia representada a miles de millas de este perdido lugar pudiera tener relación con los canes. Se trata del Jeu d’Adam escrito en dialecto anglo-normando.
La interpretación no difiere mucho de lo visto, lo que convierte nuestra lectura en algo extraño. “La iconografía de las metopas es consecuencia de la acción de los canecillos cuando contemplamos el alero en  conjunto, como dos realidades superpuestas y consecutivas”…y lo compara con las escenas de los márgenes del Tapiz de Bayeux. Entre las referencias textuales cita la Epístola de San Pablo a los Romanos , que valora al punto de afirmar que “el texto de San Pablo es, de hecho, la fuente sagrada (la primera y más autorizada) de la doctrina que alimenta y sobre la que alecciona el programa iconográfico del tejadillo en todos y cada uno de sus términos. De ello no me cabe la menor duda.”
Como la explicación a tan excluyente conclusión se describe plagando el texto de latines seguramente muy cultos, que nos deja fuera de juego, nos pondremos el gorro –como Kain- de rústico ignorante e intentaremos seguir leyendo esta portada para vulgares gañanes.
Un posible parto en la torre de S.Pedro de Tejada (Burgos)

Y una reflexión que nos viene a la mente es la evidencia de una primera excepción en ese friso: Todos los canes forman un programa iconográfico. Esto sí que debe llamar nuestra atención. Es muy difícil, si lo hay, dar con una iglesia románica en la que los canecillos de un friso muestren un programa iconográfico, narrando además, escenas del Génesis. Podríamos decir que, de manera excepcional, el comitente ha aprovechado los canes, que habitualmente no relatan nada en su conjunto, para dar una lección bíblica extraída de los capiteles (eso sí es normal) del interior. Como mantenemos que los canecillos en las iglesias románicas tienen una función protectora con escenas llamativas –que no tienen por qué ser obscenas- aquí se ha usurpado su misión con relato bíblico y se han visto obligados a colocar esa protección en algunas metopas. Tanto para el inicio como para el final de las metopas se han elegido dos figuras apotropaicas (gallo y caganer) que cumplen la función que en la mayoría de las otras iglesias se plasma en los canes.
En S.Pedro de Tejada se ha mostrado canónicamente lo sagrado en la portada y lo obsceno en los canecillos

 No queremos aportar muestras de posibles caganers de Frómista, tan recompuesta, en la que dice Hernando se pudiera haber inspirado el artista. Pero no muy lejos tenemos San Pedro de Tejada, en donde sí se ha reservado, como es habitual, los canes para poner llamativas figuras obscenas, sin programa, pero con la clara misión de atraer las miradas.
La segunda excepción de San Quirce sería la intención de cargar las tintas en la figuración de los motivos obscenos –nótese que tratamos de no poner entre ellos la agresión sexual que luego veremos- esculpiendo los insólitos caganer con su indudable inscripción. Podría pensarse en un afán de concentración de obscenidad en ambas metopas, para suplir la carencia en el resto.
En resumen, entendemos que lo obsceno que habitualmente ocupa los canecillos, al estar éstos usados para un relato bíblico, se ha materializado en un doble juego de metopas al principio y al final del relato: caganer y gallo, sin relación con el contexto del relato bíblico allí esculpido.
Ahora veremos las tres siguientes metopas, de los lidiadores y la escena sexual que tampoco tienen que ver con el relato bíblico y sí pudieran tener relación –en el sentido ordálico- con un par de capiteles del interior. Todo a nuestro modesto y humilde parecer.