viernes, 9 de agosto de 2019

SAN QUIRCE. El ciclo del fratricidio (4ª parte)


Hemos llegado a lo que parece el centro del friso de San Quirce. El canecillo nº 6, que marca exactamente la mitad de la portada es el primero de Abel. Aparece con atuendo pastoril: cayado y cuerno, y abrigado con capote y caperuza. Luego lo veremos otras dos veces, en total, tres veces, mientras Cain aparece cuatro veces (incluyendo la reprensión), reforzando un relato de tal modo que debemos valorar su reiteración. 
Segunda mitad del friso que relata el episodio de Cain y Abel con metopas alusivas (excepto caganer y gallo)

Veremos cómo tras esta primera “presentación” del elegido por Dios, los dos pares de canecillos que le siguen muestran a los dos hermanos “enfrentados”, ya que la ofrenda la realizan uno frente al otro y la posterior agresión también se ha esculpido pareada, con Cain afrontando a su víctima. Y como además ahora las tres metopas van completando la historia de los canes, hay que tenerlo en cuenta para su lectura. Las dos últimas metopas, como dijimos al principio, están colocadas como “efecto espejo” cerrando y escoltando toda la historia de los canes, dando utilidad al sentido apotropaico del gallo y el caganer que ya aparecían al principio.
Canecillo presentando a Abel como pastor seguido por la metopa de la cabra, copia del interior del templo.
capitel interior que inspira la portada (foto Chuchi)

Realmente tanta insistencia en desmenuzar el crimen de Cain que termina con la reprensión divina, ha de tener un sentido en el friso. Nosotros pensamos que esa segunda mitad del friso lo que muestra es el resultado del pecado de la envidia. Y la envidia desencadena el mal de ojo, del que es preciso protegerse con figuras apotropaicas. Es el origen del primer crimen de la humanidad y detenerse en mostrar los rebaños ovinos del elegido por Dios por sus ofrendas frente (y aquí literalmente presentan sus ofrendas uno frente a otro) a la labranza del campo que muestra Cain, con un gesto de su boca quizás apotropaico, contribuye a resaltar los detalles del suceso. Como veremos, también el capitel interior que lo inspira muestra un gesto extraño en la boca del fratricida. De modo que podemos “leer” en este friso tres transgresiones: La Caída de Adan y Eva en el Paraiso y su consiguiente expulsión (¿desobediencia?), el crimen de Caín  y la consiguiente reprensión divina (fratricidio) y como “bajo continuo” que diría el sabio, la agresión sexual o violación que se esculpe en la metopa que cierra la primera mitad del friso, justo antes del canecillo de Abel, una historia quizás contemporánea al templo, otro crimen ya no bíblico sino de la vida presente, con su agresión y sus ordalías. Las metopas narrativas de la segunda mitad, no hacen más que completar el paisaje de Cain y Abel.
Ocurre que en la portada norte también se ha situado excepcionalmente en los canecillos al colegio apostólico, de nuevo sin usar ese espacio con temas apotropaicos, como suele hacerse. Lo estudiaremos.
Abel pastor con cuerno y cayado
La cabra ramoneando en la metopa junto a Abel pastor.Ver leyenda




















En esta portada occidental decimos que los elementos apotropaicos lo constituyen los gallos y caganers a modo de espejo, al principio y final de la serie. En la portada norte se han colocado lo que se consideran signos zodiacales, que a nuestro modesto entender (como pasa en la fachada de San Isidoro de León) no actúan como referencia temporal o alusión al calendario agrícola, sino por el sentido apotropaico que tienen esos signos. Quizás por ello lo vemos en las portadas. En Jaca acabó disperso y a modo de “sodoku” en el ábside, como descubrió Omedes.
Volviendo a nuestra portada, el tallista de calidad ha esculpido el relato de los canes siguiendo los capiteles interiores, como ahora veremos. También se inspiran las metopas en el interior, pero solo a partir de la aparición de los hermanos. Como hemos visto, entre las cinco figuras que describen la Creación, la Caída y la Expulsión, las metopas tan desconcertantes, están “en otra onda”: apotropaicas (caganer y gallo) y aleccionadoras (violación y ordalías). 
Rebaño vigilado por el lobo
La metopa colocada entre las ofrendas de ambos, que se encaran desde sus canecillos, representa a tres ovejas o carneros sobre los que aparece lo que creemos un lobo. Quizás sea un perro, pero desde luego no es ovino. Si fuera un lobo, podría considerarse como un presagio del funesto final de la historia. Pero vamos a ir viendo uno por uno, ahora ya jugando canecillo y metopa, así que dejaremos la descripción de los primeros cinco canecillos paradisíacos para el final, al no tener -a nuestro juicio- relación con las metopas en ese caso.

La utilización de figuras apotropaicas tienen una finalidad protectora, como hemos señalado, y una de las cosas más dañinas de las que hay que protegerse es de la envidia, origen del mal de ojo. Pudieran los comitentes haber hecho una propuesta de resaltar este pecado que lleva al crimen porque eso lo entendían perfectamente laicos y religiosos o ilustrados e idiotae. En el románico más sofisticado, como la abadía normanda de Boscherville, la envidia se representa como un personaje con la ropa abierta que se autolesiona.

LA SEGUNDA PARTE DEL FRISO


Como decimos, la narración de la primera parte de los canes termina con los atribulados protoplastas expulsado del Paraíso. También la metopa siguiente representa lo que denominamos como la violación, que cierra el ciclo de las dos ordalías. A partir de aquí cambia el sentido narrativo, aunque siga con el Génesis.
Por tanto, la figura de Abel como pastor inicia un nuevo ciclo, dentro del relato del Génesis. Pero ahora también las metopas forman parte del relato. De tal modo, que incluso la inscripción que aparece bajo la cabra que ramonea el seto en la metopa junto al pastor, exhibe una inscripción alusiva: PASTOR OVIVM. Canecillo y metopa  aparecen juntos en el motivo inspirador de ambos: un capitel del interior, también pródigo en desmenuzar el episodio del crimen. Parece razonable concluir que esa repetición se debía a la dificultad de que quienes visitaban el exterior pudieran acceder al interior sagrado. Oratores y nobles dentro, laboratores y gañanes fuera.
Vemos, por tanto, que la metopa y el canecillo forman una unidad.
Metopa entre los dos hermanos haciendo la ofrenda en la que un lobo parece acosar a las ovejas (foto Ina)

Y a continuación vemos enfrentados los dos canecillos de las ofrendas, tomados asimismo del interior en un capitel. Ahora tenemos a Abel sin caperuza, con túnica corta, portando en brazos un hermoso cordero (no olvidemos, lo mejor de su ganado) gesto que es bendecido por la dextera dei que asoma de una nube (o de una manga) uniendo los dedos índice y corazón.
Canes de las ofrendas donde ambos hermanos aparecen enfrentados (foto Ina)

Enfrentado y seguido, aparece el canecillo de Caín, con el gesto de apartarse, un poco echado atrás, casi volviendo el rostro, quizás irritado o sorprendido al ver la preferencia de Dios, mientras sostiene una gavilla del cultivo de sus campos. En ninguna parte del Génesis se dice el manido “Abel ofrecía lo mejor de su ganado, Cain lo peor de sus cosechas”. Eso es un aditivo “patrístico” posterior para justificar la predilección de Dios, a quien, al decir de sabios antropólogos, se le hacía en el mundo judío potenciador del ganado y por tanto la trashumancia y lo que luego fue la esencia del pueblo judío: la búsqueda de la Tierra Prometida. Porque podemos reflexionar que si Cain hubiera encontrado la tierra adecuada para cultivar el campo y vivir de ello contando con la bendición divina, el pueblo elegido no habría tenido que emigrar y practicar el nomadismo. La misma marca con que Dios señala ante el mundo a Cain, hará que sea identificado y rehuído pero respetada su vida para mayor duración de su penitencia, hasta que su pariente ciego Lameck lo mate por error.
Abel con su ofrenda bajo la Dextera Dei

Ofrenda de Cain



















Volvamos a las figuras. Entre ambos hermanos enfrentados  con sus ofrendas, aparece una metopa, también inspirada en las abundantes escenas interiores de ganado menor. Hay un capitel con unos corderos rematado por una inquietante cabeza de lobo pero también hay otra cara de un capitel que muestra la misma disposición de esta metopa, donde creemos que la figura sobre los tres corderos pudiera ser un lobo, ya que tiene pelaje esculpido sobre el lomo. Tendría sentido esa presencia negativa lobuna por la alusión que se puede establecer a partir del momento en que Dios elije la ofrenda de Abel y la acechanza que realizará desde entonces Cain para perpretar su infamia.
Capitel del interior con la misma escena de la ofrenda con la Dextera eligiendo la de Abel. A la izda.el Kain agrícola

Ahora, antes de analizar la otra pareja final enfrentada con la consumación del crimen, nos detenemos en la última metopa vinculada a la escena. Es la de KAIN AGRICOLA, como dice la inscripción. Nos ha llamado la atención el gesto de su boca en la metopa, pero es que también el original que lo ha inspirado, el capitel interior, luce el mismo gesto de la boca, quizás muestra la lengua o por lo menos tiene la boca abierta. Precisaremos mejores fotos.
Metopa de Kain agrícola inspirada en el capitel interior (Foto M.J.Friedlander)

El tallista, de la misma forma que aludió al oficio pastoril de Abel esculpiendo una cabra ramoneando un arbusto, nos muestra el oficio de Cain, llevando a los bueyes ungidos por el yugo mientras maneja el arado. En los dos ámbitos: interior y portada.
Lateral del capitel de la ofrenda donde aparece Kain agrícola (foto bread 555 en flirck)

Llegamos a la segunda pareja enfrentada de los hermanos. Primero el Cain homicida vestido con camisa adornada y quizás capucha, cierra su mano izquierda  para mostrar su ira, mientras enarbola en la mano derecha una azada de afilado pico. De nuevo parece mostrar algo extraño en su boca, quizás una lengua ahora partida.
Las tres caras de Cain (ofrenda, agrícola e impío) en el friso de San Quirce

Se apresta a recibir el golpe Abel, ahora extrañamente envejecido, ya que las dos veces anteriores (presentación como pastor y ofrenda) aparece barbilampiño. ¿Quiso el tallista aludir a un lapso de tiempo intermedio?
El pastor levanta su mano izquierda junto a la cara y la derecha la extiende hacia su vientre. El capitel del interior origen de este tema nos ha costado encontrarlo, ya que curiosamente muchas de las fuentes consultadas no lo tenemos, así que hasta tener algo mejor nos arreglamos con una de “fondo” tomada por Ina.
Cain asestando su impío golpe

Abel a punto de recibir la agresión de Cain
























Muerte de Abel en capitel interior (foto Ina)
(lateral izquierdo de la ofrenda)

Escoltan los canecillos de atacante y víctima las metopas ya descritas de gallo y caganer, ajenas a la historia contada y útiles para proteger el recinto y sus figuras.

Termina el friso y la narración el canecillo con la reprensión divina a Cain, identificado por la inscripción  referencia del interior. Cain luce capuchón y manto arrollado como si se dispusiera a partir, flexiona ligeramente las piernas para sustrarse a la amonestación de Dios, quien se efigia como un hombre normal, lampiño, quizás parezca el retrato de un abad, que apunta con su dedo acusador al condenado mientras le dice aquello de UBI EST FRATER TVVS ABEL. Tenemos dudas si en el interior pudiera figurar esta reprensión pero en un lateral del capitel de Noé.
Reprensión de Caín en el friso


Para terminar por el momento esta portada, hemos dejado para el final las imágenes de los cinco primeros canecillos, de los que mantenemos no tienen nada que ver con las metopas, y por eso vamos a ver únicamente su sentido en el relato del suceso del Génesis relativo exclusivamente a Adan y Eva.

Aparece al principio Dios creador, de perfil pero vuelto hacia el espectador, ahora sí con barba y amplio manto que le cuelga por su izquierda, que bendice con su mano derecha mientras sostiene una cruz con su mano derecha. A diferencia de su original en el interior, aquí carece de nimbo crucífero. Le afrontan en el siguiente can los que se entiende son Adan y Eva, muy deteriorados, pero que nos permite suponer que Adan debía llevar un llamativo gorro. De medio perfil, solo acertamos a ver sus respectivas manos izquierdas que se ocupan de tapar sus genitales.




Dios creador bendice a los protoplastas recién creados, con Adan luciendo extraño gorro.(Parecen pendientes de retoque)

El siguiente canecillo, el tercero, tras el primer gallo, les muestra cometiendo el Pecado Original. Eva a nuestra izquierda, pelo corto, recibe al oído el consejo de la serpiente, enroscada al árbol mientras mete en la boca un trozo del fruto.
La comisión del Pecado seguido por el angel de Dios vigilante
No se tapa el sexo sino que con su mano derecha parece acariciar al diablo. Adán vuelve la mano junto a la boca para que comprobemos que está a punto de caer en la tentación mostrando el fruto y con su mano izquierda se tapa el sexo. La base del árbol aparece por encima de sus pies, patada, dando una sensación de irrealidad.

El ángel guardián, con grandes alas, cuello grueso, aparece custodiando la puerta del Paraiso con una espada en su mano derecha mientras sostiene la funda en la izquierda. La inscripción ANGELUS DEI.
Adán y Eva fuera del Paraíso. Adán pisa a Eva

Termina la serie con los pecadores fuera del Paraiso en el último canecillo antes de la historia de Cain y Abel, donde vemos a Adán pisando a Eva, que creemos haber visto en Frómista, escena “vengativa” que suele verse en este relato. La culpa era de ella, como siempre. Levanta su mano derecha pidiendo calma al justiciero ángel, mientras la otra mano la extiende en un gesto mitad de disculpa, mitad de acusación a su compañera.
Adán abre sus manos disculpándose ante el Angel

Todo ello tiene su correspondencia en los capiteles interiores, donde se conserva mejor la identificación, que ha servido de pauta para las figuras de la portada. Próximamente terminaremos de ver los capiteles interiores que no han sido utilizados para ilustrar el friso de la portada, con episodios bíblicos como el Diluvio, el Sacrificio de Isaac y alguno menos claro.

 
En formato similar al friso, capitel de la Creación en San Quirce


Cara central del capitel con la Caida (foto Chuchi el Pasiego)
Lateral del mismo capitel con la Expulsión. Remata la escena una siniestra cabeza de oso o de lobo