jueves, 23 de agosto de 2018

CODA: LA CAZA DEL OSO EN SANTIAGO EL VIEJO, DE ZAMORA.


El gran circo
Como venimos anunciando, una escena similar a la del circo de Silió aparece esculpida con gran cantidad de personajes en un capitel de Santiago el Viejo de Zamora. Hay que destacar que esta vieja y sencilla iglesia carece de canecillos, probablemente desde su origen, y por eso se incrementan las figuras apotropaicas en su interior.
Siluetas de las figuras del frente del capitel de Santiago el Viejo de Zamora

La ficha dedicada a este templo en la Enciclopedia comenta esta escena circense, que está próxima a otros capiteles de claro contenido sexual. De nuevo el circo acompañado de sexo, dos elementos que atraen la mirada, sorprenden al espectador, desactivando alguna dañina intención que trajera, conscientemente o no. Si un diablo o un aojador entran allí, se van a ver sorprendidos y “descolocados” donde esperan encontrar otras imágenes que acompañan a las sepulturas allí ubicadas o a su alrededor y el efecto apotropaico ha de defender el recinto. Los cimacios de estos capiteles contienen cabezas de leones amenazantes.
Excelente foto de Lola e Ina con las figuras circenses del capitel de Zamora. La mujer de la bola arriba, sujeta con su sola mano derecha el cuerpo del personaje boca abajo. Los "portores" se abrazan debajo para apoyarlos 

El abigarrado capitel del circo, con personajes subidos unos sobre otros, con dos hombres sentados o agachados que cruzan brazos y piernas mientras otros se apoyan en ellos, otro hombre cabalga un caballo llevando otro hombre encima en equilibrio, en el centro una aparente fémina superforzuda que lleva en una mano una bola y en la otra sostiene nada menos que a un hombre cabeza abajo, en fin, esa acumulación de figuras entre las que no falta el itifálico, los contorsionistas, forzudos,etc. lo primero que provocan en el visitante, aún hoy, es averiguar qué diablos ocurre allí, identificar lo que hace cada uno, cómo se relaciona con el vecino, si hay alguna escena escondida…en resumen, atrae nuestra mirada queriendo descifrar el “enigma” que ofrece el capitel, exactamente lo que quería el escultor que haga quien llega allí, diablo, curioso o aojador:  que se entretenga en descifrar ese misterio, al modo de “la cantidad no revelada” que decíamos supone –también hoy- la flor de cardo que se pone en la puerta de las cabañas aragonesas y navarras, donde no había presupuesto para capiteles, o los laberintos en las portadas de las iglesias, o los entrelazos sin fin o la tupida red vegetal que “obstruye” el tímpano de Cervatos para impedir entradas indebidas, del mismo modo que se pone sexo en sus ventanas que rechacen la entrada atrayendo la mirada, salvaguardando el interior. Algo de eso veíamos en lugar tan sagrado con el Santo Sepulcro.
Lateral del capitel abigarrado con "castellets", contorsionista e itifálico (quizás un mono). La coincidencia del falo sobre el culo del saltimbanqui inferior no tiene ninguna connotación sexual, a nuestro juicio.

Pensamos que, como en los casos de Cervatos y Santiago el Viejo, son templos que necesitan mayor protección por su aislamiento, o quizás sus promotores lo verían así. Curioso : Cervatos tiene todo lo obsceno en el alero, y su interior está “limpio”. Otras como Santiago, no tienen nada en el alero y han debido proteger desde el interior.
Cara lateral con el jinete portando a otro sobre los hombros


La cacería del oso

Precisamente en Santiago ha visto Lola un detalle muy significativo: hay un capitel con una escena de animales y humanos y entre esos animales parece haber osos y junto a uno de ellos –siempre con sogas envolviendo a unos y otros - un hombre muestra una bola, seguramente una piedra. El otro oso que localizamos -uno en cada esquina- asoma su cabeza entre lo que parecen dos leones que lo acosan.
Frente del capitel de la caza. A la izquierda el oso es sujetada por los brazos y manos del cazador que lleva una soga alrededor. En el centro un mastín (no es león) se revuelve contra otro oso (o es el mismo en diferente escena)

 A veces es difícil distinguir osos de leones o de mastines, y debemos fiar la identificación a datos como la cola o la cabeza, con los dientes o las orejas. El tallista ha tenido buen cuidado en destacar las dos orejas grandes y juntas del mastín del centro de la composición, para diferenciarlo de un león y como miembro del “equipo” de caza, la soga del hombre le pasa por el cuerpo. 
Lateral de la caza con  la gran cabeza del oso mordiendo las cinchas (o los rabos) de los mastines. A la derecha se ve claramente el cuerpo del mastín al que se le ha marcado el ano que muerde una especie de escoba (quizás la soga)

El presunto león de la cara interna parece morder  algo que no distinguimos con su boca, quizás un vegetal, mientras se le ha tallado claramente el ano bajo un corto rabo. ¿Muerde el extremo deshilachado de la soga? Tanto uno como otro de los acosadores no son leones porque no les sube el rabo sobre el lomo como es habitual en el románico, cosa que sí hacen la pareja de leones próxima, que sujetan una bola (¿más circo?) y el resto de leones del templo. 
Capiteles de Santiago con una mujer exhibicionista a la izquierda y pareja de leones con entrelazos sujetando una bola en donde se observa que los leones son esculpidos con el rabo subiendo por el muslo, como suele ser en el románico.

Por tanto, el tallista quiere poner mastines, más cuando el de la derecha levanta un corto rabo propio de un perro.  Lo que se quiere narrar en el capitel es la caza del oso; a la derecha son perros mastines (y no leones)  los que acosan al oso del que sólo aparece su gran cabeza en el ángulo mordiendo las correas de los mastines, netamente diferenciadas de la soga que manejan los cazadores; al otro lado, son los hombres quienes lo capturan, uno de ellos pasa la soga por su cuerpo, sujetando valientemente con las manos enguantadas un cepo que coloca al cuello del oso, mientras otro humano al lado, montado sobre el oso enarbola un objeto, quizás una piedra. Ambos calzan pedules.
Lateral del capitel de la caza, en el que un ¿domador? cabalga la fiera con una bola en la mano mientras otro le abre la boca con guantes para colocarle un cepo o bozal

 No será más que una coincidencia, que en Zamora quizás no hubiera (tantos) osos como en Cantabria, pero parece evidente que la escena trascendía. Salta a la vista que junto a un espectáculo de abigarrado circo, aparecen imágenes con osos atados y humanos que les controlan. Tan sólo el que cabalga al oso a la izquierda y el que pone el cepo son humanos. Si los que acosan al oso a la derecha no fueran leones (pese a que es lo que dice la ficha) se puede pensar en mastines, empleados para la caza del oso habitualmente, como vemos en Villacantid. Si distinguimos las sogas que amarran al oso (con marcas del trenzado) de lo que parecen correas que sujetan a los mastines, claramente diferenciadas, a las que el oso acosado trata de morder a la derecha, podemos componer una violenta caza del oso en dos escenas consecutivas. El tema de la caza del oso, de la que aún existen fotos a principios del siglo XX, casi un rito de iniciación medieval, es el tema central de la famosa novela del escritor costumbrista montañés Jose Mª.de Pereda: “Peñas Arriba”.
Detalle de las cabezas de osos y los mastines para su caza. El cazador lleva guantes para ponerle el cepo al oso

Parece haber, por tanto, una equivalencia de temas entre la iglesia zamorana y la iguñesa : circo y osos y en la de Santiago, además, escenas rústicas, que parecen talladas sin modelo a copiar, como la pareja envuelta por la serpiente que evoca a Adan y Eva, mostrando él su sexo capado y ella sorprendentemente con falda y al lado, la pareja tapada por la hoja de parra,  o la dama exhibicionista entre grandes aves en el pendant. Santiago el Viejo o de los Caballeros estaba en el límite de las murallas, por lo que pudiera necesitar una mayor protección, materializado en sexo y circo. Si en Zamora aparece la captura del oso, no parece descabellado encontrarlo domesticado y útil en el capitel de Silió.
Capiteles de los probables Adán y Eva (él capado, ella con falda) con la serpiente que les envuelve. Al lado, ambos de parra
En el centro mujer exhibicionista con faldas. Al lado los leones con bola

Como decíamos al principio de la tercera entrega, en Villacantid, cerca de Reinosa en Cantabria, zona osera en el pasado no tan lejano, se representa en un capitel exterior la caza del oso con los mismos elementos de Zamora: mastines que acosan, hombres que alancean al bicho (en Zamora lo quieren capturar vivo) y hasta un hombre encargado de “levantar” al oso tocando el cuerno.
Abad mordido por serpientes, rodeado de diablos y quizás con bolsa al cuello en la ventana de Pujayo

Terminemos en Silió y sus “paganas” escenas y asumamos que el aislamiento puede haber ayudado a mostrar mejor los sueños y la vida de los aldeanos, aceptado por el comitente, y a veces atreviéndose a fustigar incluso los vicios y pecados de los que dirigían su fe, como los sorprendentes capiteles de la ventana de Pujayo, que si copia en su entrada –como hemos visto-  al circo de Silió, no duda en mostrar en la ventana la condena de la avaricia de abades y clérigos. Pujayo era iglesuela marginal, fuera de toda ruta, ideal para esos desahogos. O no.
Pendant del abad de Pujayo con un avaro acosado por diablos



DESVELANDO SILIO (y III) (con coda).

Más circo románico
Los osos, especialmente sus amenazadoras cabezas, siempre han aparecido en la iconografía románica, como guardianes (por ejemplo en una mocheta de San Isidoro de León, y en otra de Sta.María del Azogue,Benavente) o como protagonista de un ciclo mensario en el tímpano de Saint-Ursin, en el Berry francés (el año laboral comenzaba cuando el oso abandona su madriguera, a primeros de Febrero) que ha publicado Nathalie le Luel en los Cahiers de Poitiers: “Comment christianiser un ours”. También inicia el mensario de Hormaza (Burgos). Sin embargo, lo más habitual es verlo como escena de cacería, tal como aparece en Villacantid (Cantabria) en un capitel exterior o en una talla extraordinaria en el Museo de los Agustinos de Tolosa (Francia) en foto de Daniel Martin. Sugiero fijarse en el capitel campurriano porque marca la pauta para el que veremos en la coda de esta trilogía, esculpido en Santiago el Viejo en Zamora.
Criado tocando el cuerno y con lanza junto a un mastín para la caza del oso en Villacantid (Cantabria)


Escena central del capitel con el cazador alanceando al oso que atrapa un perro. Los puntos negros son un nido de avispas.



Lateral del mismo capitel con los mastines acosando al oso. Algo similar vemos en Zamora


Capitel museo Agustinos.De Daniel Martin en la web www.augustins.org

Lola e Ina nos envían dos magníficas fotos del famoso capitel de Saint-Andoche en Saulieu en el que tan gráficamente aparece la leyenda de la llegada de la primavera cuando el oso sale de su cueva y lanza el “pet de l’ours”, con todo el significado que tiene su largo ayuno, el tirar el tapón que obstruye sus intestinos de todos los males soportados, una especie de renacer, que lo es. Demuestra este y otros capiteles (en un cercano capitel de esta misma iglesia dos campesinos se alarman ante una pelea de gallos) que el folklore se incorporaba a la iconografía románica, a partir de lo cual los usuarios podían extraer sus moralinas sin necesitar la explicación del sabio clérigo, simplemente relacionando su vida con lo esculpido, como pasa con el capitel de la zorra y el cuervo en Frómista. Va con la naturaleza humana, desde Esopo y antes. Cuando un capitel no se explica por sí mismo, malo; queda expuesto a la interpretación, a veces no del que mira, sino del que le dice lo que tiene que pensar.
Capitel de Saulieu con "el pedo del oso". Quizás el palo con bola pueda identificar al domador.(Foto Lola e Ina)



Lateral con el personaje que "saca" el tapón del culo del oso para señalar que llega el cambio de año (Foto Lola e Ina)


 Pero aún seguimos buscando un paralelo a los osos adiestrados que manejan la bola brillante de Silió. Acabamos de ver la caza del oso, veremos luego la captura (vivo) en Zamora pero nos falta encontrar algo tan insólito como lo que aparece en Silió: la domesticación como animal de circo.

Salterio de S.Remigio del St.John's College de la University de Cambridge


El salterio del siglo XII que añadimos muestra la música sacra arriba y la profana abajo, protagonizadas por un oso que golpea con las manos un tambor que lleva colgado al cuello.
Capitel de la danza ritual
La propuesta sugerida antes sobre la representación en Silió de escenas relativas a ordalías, con los gestos de los personajes de sus capiteles, no deben hacernos obviar el  más misterioso del conjunto de la arquería interior del ábside: los hombres saltando o danzando en círculo portando espadas.
El otro lateral.Bajo los danzantes, las máscaras

Lateral del capitel de los danzantes con espadas





















Cara frontal del capitel de los danzantes de Silió. A los pies, sendas cabezas, quizás máscaras.

Hace tiempo propusimos una posible alusión a una danza guerrera que aún se baila en el folklore de la zona, “la baila de Ibio”, que ejecutan sólo hombres provistos de lanzas y espadas al son de una caracola, seguramente la más celebrada del folklore regional. Coincide que en la ficha escrita por G.Guinea sobre la iglesia, señala que en el primer capitel –que ya hemos visto, el de los personajes que saludan mano en alto intercalados con hombres envueltos en capas, como notables- la figura central parecía portar una cornamusa, hoy perdida (lo más parecido a la caracola actual) que hemos dibujado sobre la silueta. Aparecía en una foto antigua del archivo etnográfico.  Son datos para relacionar ambos capiteles contiguos y todo el conjunto en una ceremonia.
Hombre tocando la cornamusa según foto de archivo

Recordemos que en los ángulos inferiores del capitel de los danzantes de Silió figuran casi perdidas unas cabezas que parecen humanas, y que pudieran ser máscaras con copetes como adornos quizás vegetales, que evocan las máscaras de La Vijanera. También hemos comentado que precisamente en Silió se mantiene viva una fiesta carnavalesca de notable éxito; en el pueblo hay un museo dedicado a ella: “La Vijanera” (¿viejo enero?) coincidiendo con el cambio de año. (www.vijanera.com). El próximo 6 de Enero, domingo, es la fiesta. La caza del oso representada con múltiples personajes es su episodio central. Y tampoco faltan danzantes portando palos o varas mientras saltan en el aire.



Detalle de las máscaras a los pies de los danzantes





Por otro lado, durante varios meses, desde Mayo a Agosto se mantiene elevado en el centro del pueblo un altísimo poste (dos árboles unidos), la Maya, de clara raigambre fálica. Pero como todo esto pertenece al mundo del folklore, minusvalorado por los historiadores, sólo a un chiflado se le ocurre relacionarlo con los capiteles de la iglesia. Los mensarios y calendarios agrícolas son de mayor categoría, al parecer.
Como estas fiestas y bailes hunden sus orígenes “en la noche de los tiempos” no sabemos si vienen incluso de época “de los moros” que es la expresión que se suele utilizar en los pueblos para decirte que ya ni se sabe de cuándo.
Foto anterior a 1936 con el tocador de cuerno por cortesía de vijanera.com

Lo que pretendemos es que si algún lazo tiene este curioso capitel ha de ser relacionado con lo que se está esculpiendo alrededor: ceremonias (quizás de consagración del templo, quizás ordalías o fiesta de bendición de los campos) escenas de circo (de las que veremos más ahora) y, en fin, cosas que tanto a la comunidad religiosa como a los usuarios, pudieran darles tranquilidad y seguridad, reconocimiento. Hay que destacar un hecho interesante: ni una de las figuras esculpidas representa pasaje bíblico alguno, si exceptuamos el dudoso de la expulsión del Edén. ¿Tan poco peso pudieron tener las opiniones de los monjes? ¿O ellos preferían disponer en el templo aquello que los propios parroquianos consideraban útil y necesario, que protegía más que la imagen de un santo o de la Virgen?
Saltador de la Vijanera con máscara y gorro (wikipedia)

Pocas veces hemos visto personajes “que se suben por las paredes”, como los aquí tallados. García Guinea confiesa su incomprensión de la escena, pero señala, como hemos dicho, el tamaño desproporcional de las cabezas que vemos a los pies de los bailarines, lo que nos permite insistir en que son máscaras. La originalidad del tallista para sugerirnos que se trata de una danza, lo transmite la postura idéntica de los guerreros bailarines. Suspender en el aire a los protagonistas con las piernas encogidas empuñando una espada se nos antoja que es la mejor manera de representar una danza guerrera, pese a que G.Guinea no se pronuncia, como es habitual.
Y bien se trate de una escena ritual como una remembranza folklórica, el ambiente esculpido en el templo lo avala.

El oso protagonista en La Vijanera (wikipedia)Gómez Linares

tocador de cuerno en La Vijanera (Foto Nacho Sainz Ezquerra)

















Entre las muchas imágenes de la fiesta, en la que sólo participan varones -como en la Baila- encontramos desde los saltos que realizan los bailarines (que recuerdan el capitel de Silió) hasta las máscaras con altos gorros que llevan en la cabeza, también remembranza de las imágenes de la iglesia románica, pasando por el tocador de cuerno y la figura del oso, que es cazado y matado como símbolo del mal.






Capitel de la caza
Uno de los capiteles más bellos por su expresionismo, la postura dinámica de sus protagonistas y la esmerada ejecución es el de la caza. Es posible que los capiteles del interior de la iglesia hayan sido tallados por distinta mano que las ventanas exteriores.
Hemos apenas trabajado la imagen del capitel para resaltar una vez más cómo el cazador lleva cinturón de fuerza mientras en una postura de lucha, agachado, introduce la lanza en el pecho del león, que a su vez ha mordido en el cuello a un tierno ciervo. La figura del joven cazador ha sido muy bien detallada.
Capitel de la caza en el que marcamos el cinturón de fuerza y la cabeza del cervatillo

 Quizás el relato tenga relación con el capitel que hemos visto en la ventana próxima de la fiera que tiene la cabeza humana atrapada mientras un hombre fálico intenta liberarlo. Naturalmente, todo ello puede ser leído en clave moral, anagógica o como se prefiera. Y seguro que es fácil encontrar un texto adecuado (Biblia, santos Padres, San Agustín o uno de los innumerables escritos que se manejan en los monasterios) que encaje con el ciervo cazado por el malvado león al que acomete el cristiano. Como aquellos rústicos que lo contemplaban requerían del “traductor” con tonsura para que lo entendieran, nosotros lo visitamos sin guía, por lo que sólo vemos lo que nos entra por los ojos. Y como rústicos que somos, vemos lo que se identifica con nuestra vida y las cosas dignas de recordar: héroes cazadores, circo, las ordalías convertidas en espectáculo, la fiesta, los ritos religiosos y las danzas guerreras.
Silueta del capitel de la caza en el ábside de Silió

Otro capitel con circo
En otra ventana se talla otro divertido capitel relacionado con el circo: contorsionista, músico que toca la flauta, arpista…circo. Afortunadamente, el profesor G.Guinea así lo ve, como “circense” y concluye relacionando esta escena con la de Pujayo que ahora veremos, tan similar: “Así, pues, tanto en Pujayo como en Silió este conglomerado de músicos expresan el deseo de los tallistas románicos de manifestar escenas lúdicas de aquella sociedad”.
Capitel de circo en Silió: Tocador de flauta de pan, contorsionista,tocador de arpa...(foto Quique Segura)
En medio, el "flan" marca del tallista (luego aparece en Elines) y arriba cabezas leoninas (¿condena?)

Lástima que no nos diera tiempo antes de que falleciera el profesor, de discutir sobre esa “piña” de tamaño y presencia insólita en el capitel del triunfal que nosotros vemos, junto con el “cojonudo” domador como una escena de circo puro y duro. Me hubiera dicho: ”demuéstralo”; y disponemos de otros ejemplos para ello. Desde luego, no en los manidos textos que controlan los monasterios.
vista lateral con el arpista.Las ondas pudiera representar el recinto para el circo

Describe el sabio: “volviendo al lateral izquierdo de la cesta, pegado a los sillares de la ventana vemos a un personaje masculino, solamente en busto, que parece llevase a la boca una especia de armónica que, aunque cascada por el extremo derecho, tiene una forma rectangular. En este lado izquierdo, pero participando también el derecho, es decir, en el esquinal del capitel, aparece algo inusitado, pero que para nosotros que hemos trabajado en la iglesia de Pujayo, resulta de bastante claridad, aunque siempre discutible. Tanto en Pujayo como en Silió, se trata de una escena de contorsionista que se revuelve sobre sí mismo mostrando al mismo tiempo su rostro de frente y su cuerpo de espaldas. Este tinglado de esta escena circense, se completa en la cara derecha de la cesta, en donde aparece un arpista en el momento de hacer sonar sus cuerdas. Arpa y brazo izquierdo del músico están enormemente fracturados. Su mano derecha debió también tocar el arpa por el otro lado, aunque por su deterioro tan solo puede ello imaginarse. La cabeza del contorsionista muestra sus dos manos, una a cada lado de su rostro, que parece están agarrados a una especie de pliegues ondulados que no podemos explicar. Así, pues, tanto en Pujayo como en Silió este conglomerado de músicos expresan el deseo de los tallistas románicos de manifestar escenas lúdicas de aquella sociedad.”
El capitel de enfrente es de la caza que acabamos de mostrar. Ahora veremos el de la portada de Pujayo, que contiene el mismo número circense.
Pujayo como copia de Silió
Pujayo como copia de Silió




















Por tanto, podríamos decir que demostramos que hay circo en estos capiteles, tal como proponemos: lo dice García Guinea. Sólo nos queda convencer al estudioso que lo trate, de que uno de los números era el del domador con osos.
El otro capitel que ahora recordamos, que nos remite de nuevo al uso de sexo y circo para promover la protección apotropaica, está bastante lejos: en Santiago el Viejo en Zamora, a la orilla del Duero. Pero eso lo dejaremos para la “coda” de esta sinfonía ursulina, y para que podamos en su día acreditar la propuesta inédita que vamos a presentar.


miércoles, 15 de agosto de 2018

DESVELANDO SILIO (II) : PROTAGONISTAS


Un simpático capitel esculpido con poca pericia en La Chaize-le-Vicomte (Vendée francesa)  muestra una escena que si no de circo, sí que pensamos la protagoniza un oso. A la izquierda un personaje toca la rota mientras a su lado lo que entendemos por su postura como un osito se columpia, siendo sujetado por una pierna por un hombre asido por detrás por lo que nos parece un oso, que ha dado lugar a lecturas tan tendenciosas –una vez más- como que se trata de una escena de sodomía. Parece que la gente busca en el románico un alivio a sus traumas.
Capitel de La Chaize-le-Vicomte con escena circense.Ver la boca y la pata del oso, nada humanos

 En nuestra opinión, se trata de nuevo de una escena adecuada al circo: parece que un oso –véase su boca en embudo y peluda como el “músico” de Perazancas, y su pata- abraza por detrás a su domador, que lleva una gran capa, similar a la del músico, en un intento de sorprender, de impactar en la mirada del visitante. Otro capitel próximo muestra músicos, contorsionistas, etc., en fin, todas esas  cosas que nos repiten estaban condenadas por los textos monásticos. Pero que ahí están. Contradicciones.
Un ejemplo de cómo entienden algunos las imágenes románicas

No es preciso ir tan lejos si visitamos S.Martín de Elines, tan relacionada con el equipo que trabaja también en Castañeda, Santillana y Silió. En un capitel de la nave, un hombre aparece sujetando un grupo de animales, en los que se distinguen monos a los extremos, pero el más próximo al hombre, de mayor tamaño que éste, formato diferente a los monos y con pelo en la cabeza, aparenta ser un oso. El humano lo sujeta por el brazo.
Capitel de S.Martín de Elines con un hombre sujetando animales. A su lado, mayor que él, un oso. Los otros parecen monos

Un detalle que pudiera enfatizar cuándo un hombre no es forzudo es el canecillo de Silió en el que un personaje en similar postura a la del circo en su interior, carece de cinturón de fuerza. Otros canecillos muestran las conocidas figuras del arpista o incluso una curiosa porteadora que enseña el sexo. Todo por llamar la atención y sorprender. “Pararrayos del diablo” por usar una expresión actual.
Canecillo con devorado en Silió














Canecillo sexual de Silió. Hay otro similar en S.Martín de Elines


















Porteadores y procesión

Del capitel pendant en el arco triunfal de Silió, lado de la epístola, poco podemos añadir a lo descrito por el profesor García Guinea, si no son fotos. Vimos que Guesuraga entiende su representación litúrgica como un contraposto al del evangelio, el ser maligno que supone el devorado, opuesto a la imagen positiva de la Iglesia. Como nosotros tratamos de huir de cualquier intención oculta en estos mensajes, entendemos que se mostraba a los fieles las dos maneras de celebrar la fiesta, la “pagana” y la religiosa. Y creemos que no hay castigo ni censura a ningún comportamiento. El domador mete la cabeza en la boca del león como parte del espectáculo en el que dos osos sujetan y elevan una bola brillante.
Capitel del triunfal lado de la epístola con porteadores y procesión litúrgica.

 Veamos ahora el contenido de este capitel del lado de la epístola. Enseguida compararemos este capitel procesional con los que figuran en la ventana exterior, como hace G.Guinea, y ratificaremos ese sentido ceremonial, sea bendición de los campos, sea consagración del templo o ceremonia de ordalía.
Marcado en amarillo la figura del obispo con báculo bendiciendo. A su lado, el clérigo con la cruz procesional.A ia izquierda, la barrica que es transportada por el único sobreviviente.

Tras describir el interesante cimacio, como ocurre con el resto, muy relacionados con Santillana, dice de la cesta: “La superficie del lateral izquierdo nos ha dejado sólo una parte de lo en él tallado, sí lo suficiente para poder adivinar el asunto esculpido: la pareja de obreros que llevan sobre sus hombros y colgada de un palo una pila, cubo o pequeña herrada cilíndrica de madera, con resaltados herrajes de refuerzo, repitiendo así la iconografía que ya vimos en el capitel izquierdo de la ventana del sureste del exterior del ábside. Pero el segundo portador ha desaparecido en este capitel del arco triunfal (entendemos que es el primero, en orden de marcha). Con dificultad podemos suponer el tema central de la cesta: un obispo de pie revestido con traje ceremonial, que porta con su mano izquierda un gran báculo, destrozado en su cúspide y con el brazo derecho, doblado en alto, hace con la mano el gesto de bendecir. La cabeza ha sido totalmente seccionada. A su izquierda le sigue un personaje de frente, pero con la cabeza doblada hacia la del obispo,(vemos que mira al frente) y portador de una cruz procesional que cogida con su diestra apoya en el hombro del mismo lado. Se debe tratar, sin duda, de un acto ritual, procesión, consagración, etc. que tampoco podemos determinar porque todo el lateral derecho del capitel está totalmente destruido.” El gran investigador nos remite a la iglesia de Pujayo, que luego veremos.
Segundo porteador del triunfal, lado epístola. El primero solo conserva la silueta. La tina es igual a la del capitel exterior

Como ya hemos planteado meses atrás, por tres veces aparecen personajes portando recipientes en esta iglesia. Dos de ellas, la ventana citada y éste del triunfal, a la manera que aparecen primero en Frómista –donde vemos ordalías- y más tarde, quizás “desactivado ese sentido” en Valdecal, Santillana, Siones, etc. En los tres casos de Silió –el tercero es en la arquería interior del ábside- relacionados con ceremonias litúrgicas. 

Cara exterior del capitel de los porteadores
Cara interna del capitel. Se puede ver el cinturón de fuerza del segundo y se vislumbra del primero, que cuelga por delante



















En el exterior todo un grupo sacerdotal en dos capiteles. Tan sólo en la arquería del ábside interior los cubos son portados por quienes parecen sus mismos usuarios; cubos que pudieran actuar como acetres, al manejar hojas que parecen mojar en los recipientes, o gleras que exhiben triunfantes en la ordalía. Como sabemos que una forma de ordalía consistía en sacar objetos (gleras) de un cubo de agua hirviente, y encontramos tanto en el interior como en el exterior escenas relativas a juramentos (demasiadas manos levantadas para ser bendiciones) y devoraciones (ventana norte del ábside, canecillo) no descartamos que también en Silió se hayan celebrado ordalías, como venimos viendo precisamente en Santillana,  y antes en Frómista y norte de Palencia. También en la arquería interior del ábside de Castañeda y en San Martín de Elines (todas ellas influyeron en la iconografía de Silió) pretendemos que se representan escenas de ordalía.
Capitel con más recipientes en el ábside con posible ordalía



Juramentos no parecen faltar. En un capitel bajo del interior del ábside, sendos hombres aparecen levantando la mano y poniendo la otra sobre su sexo a ambos lados del capitel entre parejas de leones, en una postura antigua de juramento “por su descendencia”,  lo más sagrado. Una solitaria mano que bendice aparece sin cuerpo tras los leones que han perdido sus cabezas.


En el capitel adyacente, son dos hombres que sólo conservan la silueta, quienes levantan sus manos como jurando,  intercalados entre otros que parecen notables (quizás jueces) por la forma de recoger sus capas. No parecen sacerdotes si los comparamos con los del exterior. Transmiten la formalidad de un juramento, típico de las ceremonias previas a las ordalías. Ninguno parece tener los dedos en actitud de bendecir, como se piensa. Tienen la mano abierta, como los sacerdotes de los capiteles de la derecha de la ventana, que saludan mientras sostienen el gurruño que forma su capa al recogerla en la otra mano. También es un signo de aceptación, en este caso, del juramento que hacen los del capitel adjunto. Tan sólo el adyacente a los porteadores en el capitel izquierdo bendice con la mano.
Capital adyacente sin leones pero con personajes que levantan la mano junto a notables con capas (jueces o sacerdotes)

Cara occidental del mismo capitel con personajes que levantan la mano (no bendicen) entre notables


Devorados también tenemos en el interior (además del que todos conocemos en el exterior de una ventana) en una oscura escena en la que aparece una fiera que está sujetando la cabeza de un hombre mientras otro hombre desnudo mostrando su falo parece luchar por defenderlo. Una gran cabeza de león parece anunciar una amenaza de muerte, como vemos que figura en los capiteles de Frómista.

Hombre fálico en escena de devoración


Silueta capitel arquería alta del ábside con hombre fálico

















Detalle del capitel con la cabeza diabólica y las garras sobre el condenado con el falo apuntando a la cabeza


La misma escena del capitel de “la bendición de los campos”, como se ha descrito, muestra un enlace de brazos y muestra de palmas que lo mismo es una ceremonia de hermandad que un conjuro o una ordalía; nadie bendice, alguno parece que se le obliga a levantar la mano y hasta la inclinación de los cuerpos en la cara izquierda parece señalar que se arrastra a alguien a hacerlo. Como no hay tal bendición y por tanto decae la propuesta de “bendición de los campos” proponemos –ya sé, una vez más- que estamos ante una escena de ordalía o juramento o juicio de Dios. Quizás con gleras, que era lo más sencillo. La iconografía que lo acompaña permite esa especulación, pese a que no descartamos una ceremonia de consagración del templo.
Lateral occidental del capitel de la arquería con una posible escena de ordalía


Volviendo al capitel del triunfal, comprobamos que, como dice el profesor, no se conserva nada del lado derecho salvo las volutas y la bola con caperuza que rematan el capitel, como lo hace en las otras caras. Pudiera vislumbrarse siluetas de dos cabezas, que formaran parte del cortejo procesional.
 Lateral perdido del capitel de la epístola del triunfal de Silió.Se percibe la escena central con el portador de la cruz .

Si nos fijamos en los dos grupos de sacerdotes o notables que aparecen en la ventana de los porteadores, comprobaremos que el único que bendice es el más próximo a éstos, mientras su acompañante parece tener una mano oculta en la manga del otro brazo, como suelen aparecer los monjes. Hay que destacar que el segundo porteador exhibe cinturón de fuerza, dada la índole de su trabajo. El primero lo tiene tapado el parte por su propio brazo. Ambos vuelven la cabeza hacia el espectador. Quieren ser reconocidos.
Capitel ventana de los porteadores,El sacerdote de la izquierda mete su mano bajo el manto.El otro bendice.

Es muy importante resaltar aquí el “toque” magistral del tallista, que se esmera –tal como ha destacado G.Guinea- es poner el remate esquinero con esa especie de pincel o brocha que repite sin cesar. Es su marca personal.
Capitel derecho de la venta absidal con dos notables que saludan.En medio la roseta, marca también del tallista, que podemos encontrar asimismo en capiteles de S.Martín de Elines

Sin embargo, en el grupo del pendant nadie bendice, todos muestran la mano en alto, en señal de aceptación o como pensamos en este caso, de saludo. No tienen tonsura y pudiera tratarse tanto de la llegada de otra comunidad (si pensamos en consagración del templo, ya que los porteadores del interior se dirigen hacia un obispo con su báculo) como de autoridades civiles. Tres saludan con su mano izquierda abierta excepto el más exterior que emplea esa mano en abrazar a su acompañante. La especie de borla rayada que llevan en su mano izquierda los dos del interior, entendemos que es –como hemos comentado- el gurruño del pliegue de sus capas, lo que parece distinguirles de los sacerdotes. Otra interpretación del detalle podría ayudar a identificar el carácter de estos personajes: si civiles o eclesiásticos. Coincide que ninguno de los dos con lo que llamamos gurruño en la mano está bendiciendo, sino saludando. Tanto pueden ser eclesiásticos como autoridades civiles o jueces.
Cara exterior del capitel de la ventana del ábside de Silió. Nadie bendice. En el ángulo, otra marca del tallista.El pincel

La reiteración de ceremonias con recipientes y la abundancia de sacerdotes y gestos manuales permiten hipotetizar sobre ceremonias de ordalías, más adecuadas a esas vasijas que para bendecir los campos o consagrar el templo.
Angel con tau junto a un personaje desnudo (aunque parece llevar pedules) interpretado como una Expulsión.

Cara oriental de "la expulsión" (presunta) con un extraño diablo. El ángel al otro lado no ofrece dudas: tiene alas.

Otros capiteles del interior del ábside, como una propuesta expulsión del Paraíso también pueden vincularse a la ordalía que sugerimos. Las otras dos ventanas exteriores del ábside con inquietantes cabezas frente a bolas con caperuza y la del norte con escena de devoración por los pies frente a simios enmarcados por leones –que hemos visto en Frómista- sugiere asimismo algún tipo de condena. Un bueno amigo estudioso del románico, lo veía como alusión a la salvación (las cabezas como almas de difuntos y las bolas con caperuza alusivas a la vida eterna) y la condena eterna (devorado y monos con leones).
Interior del ábside de Silió. (Cantabria)

Pero habíamos comenzado con circo y volvemos a encontrarlo en los capiteles de las ventanas interiores del ábside. Esta vez nos recuerdan a la imaginería de Santiago el Viejo en Zamora con dos temas fundamentales para proteger y dotar de defensa apotropaica al recinto: sexo y circo.