Santiago de Agüero. Propuesta para su portada (Parte II)

Vamos a centrarnos primero en el atuendo de los contendientes. Ambos portan igual vestimenta y empuñan mazas o bastones. No son espadas. En la mocheta inmediata, en la que aparece el creyente regurgitado por el monstruo –al decir de los estudiosos- empuña por un lado una maza, bien definida, y por el otro, una espada. El maestro sabe diferenciar esos instrumentos y nosotros deberíamos hacerlo también. Recordemos cómo se esculpe a sí mismo –dicen- en Biota, allí con un hacha de cantero y ya muy anciano. Se despide.
Capiteles de Santiago de Agüero y mocheta a la izquierda del espectador según se entra.


Pero no debemos abandonar esta portada de Santiago para encontrar más ejemplos de espadas: en el capitel doble que cierra el conjunto a nuestra derecha, aparece un centauro sagitario vuelto hacia atrás –referencia al musulmán y por extensión al mal, según nos explican – al que combate un soldado -el bien, o sea el cristiano- que empuña una neta espada. Si se quieren más ejemplos que despejen dudas de la habilidad del tallista para poner lo que nos cuesta tanto entender hoy, no hay más que hacer una excursión hasta Biota, aprovechando la visita al viejo tallista de su mocheta.
Bien; una vez establecido que son bastones y no espadas lo que manejan nuestros dos luchadores, podríamos ir planteándonos que, conforme a los fueros aragoneses, ésta pudiera ser una iglesia juradera, más si se tratara de una “nueva San Juan de la Peña” y por tanto estaríamos ante un combate judicial.  Los árbitros aparecen en el lado exterior  de nuestro capitel, gesticulando. 
Pero hay otro argumento poderoso utilizado para aludir a la lucha contra el infiel: las marcas de los escudos. Ahora tenemos que meter la lupa en nuestras fotos y encontraremos una sobreabundancia de medias lunas que ni son cuartos crecientes ni menguantes, que bien pudieran –como las del rival- haber sido víctimas de vandalismo: alguien pudo venir a posteriori a hacer incisiones en los escudos para “aclarar” el tema. Ocurre que el rival del "musulmán", en contra de lo que se dice, no tiene inscrita en su escudo cruz alguna (la lucha de la cruz contra la media luna no se ponía en los capiteles de entonces) sino que está plagado  de estrellas de seis u ocho puntas, Ahora más liviano porque es más difícil de hacer que la media luna. Hasta por el borde del escudo. Si tenemos en cuenta que justo en el interior de la puerta se esculpen dos escenas de lucha y persecución de cristianos y musulmanes, ninguno de ellos tiene –como luego veremos- marca alguna para diferenciarlos o identificarlos, cosa que sería más sencilla en el interior.



























Y para señalar sin manipular, hemos marcado las estrellas, que se reparten por toda la superficie del escudo, incluso el borde. Las medias lunas del otro escudo se ven sin duda.























En el famoso capitel del palacio real de Estella con la lucha de Roldán y Ferragut, aparecen dos caballeros musulmanes, al menos sus rodelas así lo aparentan, y ahora sí, encontramos una estrella de seis puntas, pero en el centro del escudo y una única, no sembradas a voleo como en Santiago. También esa especie de flor de ocho pétalos que luce el otro guerrero en el escudo, es distintivo de las tropas musulmanas, como se puede ver en el pendón de las Navas de Tolosa, donde no aparece nada de media lunas.


En los casos que hemos estudiado al principio de este foro de los combates a escudo y bastón en el norte de Palencia y de Burgos, ninguno tiene distintivo y menos de musulmán contra cristiano. En la portada de Escalada, tan silense, tan dañada, que también contiene elementos comunes con Santiago, aparece el combate a escudo y bastón, pese a que éste aparenta más un hacha (pudiera ser de madera) y además se acompaña de otro tema de Santiago: los leones o monstruos devorando un cuadrúpedo. 
Portada de Escalada (Burgos)

Mismo modelo y formato, no hay más que ver los morros de los leones.Y es que pensamos que en un tiempo tan tardío para el románico, hay ya talleres organizados, maestros reclamados desde otros reinos y se produce un mayor intercambio de modelos y de tallistas entre los reinos de Aragón y Castilla, por un “puente” natural como es La Rioja (Santo Domingo de la Calzada) Navarra (Larraona) y Alava (Treviño, etc). El infante desnudo que aparece esculpido entre aves en el interior tiene relación con Santiago de Compostela, lo que sugiere un intercambio frecuente. 








Aparte de las posibilidades que hemos citado, hay otra también razonable: estos luchadores están dirimiendo una disputa, un juicio por motivos territoriales. Serían uno representante de los Luna, familia poderosa en todo el territorio (Luna está a unos 40 kms.de Agüero) que edificó su propia y valiosa iglesia y en cuyo escudo pudieran mostrarse esas abundantes medias lunas, que ni son menguantes ni crecientes, por eso no le damos valor. Si vemos el pendón de las Navas, logrado pocos años más tarde, no vemos ni asomo de medias lunas, y sin embargo, su centro está ocupado por una vistosa estrella de ocho puntas, que recuerda mucho al escudo de Estella y nada al de la portada de Santiago, no así al del interior. 
Un último ejemplo de escudo musulmán cuya única y central decoración es muy similar al emblema conquistado en la citada batalla, al que lleva uno de los caballeros musulmanes de Estella y al musulmán que huye a caballo con la supuesta piedra en la mano en el interior de Santiago, lo tenemos en la galería de Rebolledo de la Torre, en magnífica foto de nuestro discreto maestro profesor Ugarte


 De todos modos, si estamos ante una disputa legal o una batalla judicial, falta ver el motivo. La disputa territorial que citábamos lo hacíamos en base a la posible intervención de los Luna. Luego comentaremos los estudios –que ya citamos al principio del blog- sobre los fueros aragoneses, y especialmente al de Jaca, estudiado por el profesor Buesa (padre).

En la cara externa del capitel, hay otra prueba más de que no es un combate guerrero. Dos hombres gesticulan amigablemente y parecen apuntar y discutir sobre el resultado o el motivo de la pelea al otro lado. Atención al gesto del sentado, recogiendo su toga con la mano.Eso sí lo hemos visto y estudiado cuando vimos las ordalías, sólo que aquí no hay juramento, nadie mete la mano en la boca del león, ni parece sufrir la prueba caldaria, tan habitual en Aragón, según cuentan los historiadores. Pero es que estamos a finales del siglo XII y la Iglesia no quiere favorecer las ordalías, pero la fuerza del pueblo, de las costumbres, y la falta de una organización judicial adecuada, obliga a que los temas de honor se resuelvan “como antes”.
Pero ahora nos interesa resaltar el motivo real que puede haber desencadenado esa batalla judicial: lo tenemos arriba, levantando la vista hacia los seis canecillos, de otra mano menos vistosa que el maestro, pero seguramente, miembro también del equipo.




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