domingo, 26 de febrero de 2017

Siervos y señores medievales

Comentamos algunos párrafos más del valioso estudio del profesor Laliena “Siervos medievales de Aragón y Navarra en los siglos XI-XIII" que pueden relacionarse con lo que vemos esculpido en los capiteles románicos referido a juicios y ordalías.
"Antes del siglo XII los jueces se regían por la ausencia de argumentación de las partes y la falta de investigación de los hechos, de modo que la adjudicación de la justicia se resolvía mediante pruebas  esencialmente irracionales, como las ordalías o los juramentos".
Se constata en el estudio que en unos tiempos en que se había impuesto el destierro de esas costumbres ancestrales por presión de la Iglesia, se vuelven a utilizar, “en un ambiente jurídico retardatario y arcaizante…La carencia de honor de los siervos impedía que pudieran usar cualquier tipo de ordalía para protegerlo del vasto territorio de la duda que se extendía más allá de los testigos y juramentos. Los combates rústicos se restringían a los casos de robo (y casi exclusivamente de ganado) con una preeminencia de los infanzones, visualizada en la oposición entre juramento y batalla de candelas”.
La batalla de candelas fue una evolución no lesiva, probablemente ofrecida por la Iglesia, por la cual se confeccionaban dos cirios idénticos, que se encendían sobre el altar, indicando la inocencia de aquel cuya llama se mantuviese más tiempo encendida.
Ocurría que la absoluta indigencia de los siervos no les permitía ni siquiera acceder por sí mismos a las ordalías, que requerían desembolso económico previo, por lo que, paradójicamente, las padecían representando al señor pero no eran utilizables para ellos salvo casos muy concretos. Para los señores e infanzones el juramento era suficiente. Se matiza que cuando uno de éstos ya había tenido que jurar, a la segunda vez se imponía el combate judicial. Así explica el investigador que “la coexistencia con el duelo –aunque fuera a escudo y bastón- ratificó esta posición simbólica de las ordalías unilaterales y bilaterales. Sin perder nunca por completo su matiz degradante, los pobres soportaban el hierro y los acomodados acudían a un procedimiento digno: la batalla”.
“El Fuero General de Navarra incluye las ordalías del duelo, el hierro y la candela, así como la del agua hirviendo o del caldero tal como se ejecutaban en el transcurso del siglo XIII y subraya la decisión de mantenerlas a pesar del veto eclesiástico de 1215".
Como ya hemos dicho sobre otros trabajos, una vez se posiciona la  Iglesia contra ellas, se buscan alternativas en sedes reales y con autoridades civiles o jueces del rey. Incluso para tomar juramento se va descendiendo la dignidad del tomador del mismo, de modo que en ausencia de clérigo, se acepte alcalde, alguacil o finalmente cualquiera vecino digno. En las sedes de juramento se mostraban también, como lugar público, las medidas oficiales de cereal, telas, etc., lo que nos lleva a pensar que en algunos lugares (Jaca, por ejemplo) donde hallamos marcadas medidas, eran lugares juraderos, además de mercado y centros de reunión.
Precisamente en Jaca, tal como dice el profesor Laliena, el Fuero castigaba al perjuro con la expulsión de la villa “puesto que por ninguna cosa se pierde tanto el fruto de los campos o de las viñas como por el perjurio”. Este comentario pudiera obedecer –en nuestra opinión- a algún prejuicio o creencia por la que la falta grave contra la justicia pudiera afectar a los frutos del campo.
"La pena para los falsos testimonios –dice- incluía trasquilar el pelo en forma de cruz y quemar la frente, también con forma de cruz, con un badajo de campana al rojo vivo.”
Cuenta el Dr.Laliena en su valioso y recomendable estudio, a manera de resumen, que “La ordalía revestía una doble cara: en la medida en que era un síntoma de servidumbre y un modo de confirmarla, resultaba vergonzosa y denigrante. Pero como recurso judicial para demostrar lo indemostrable por otras vías -en particular, las heridas ofensivas- contribuía decisivamente a restituir el honor perdido.”
Terminamos en un enclave que describe el estudioso donde se efectuaban esas pruebas cuando se trataba de personas de la montaña y por disputas ganaderas: la ermita de San Caprasio en Santa Cruz de la Serós, cerca de San Juan de la Peña, que ya hemos mencionado.
“Ser pobre y no tener ni cien sueldos, impedía someterse a estas pruebas a los mezquinos, “a los cuales la verdad debía ser extraída por medios dolorosos y connotados de vergüenza”.
Siempre atentos a la alusión iconográfica, no dejamos de percibir que, al igual que en San Caprasio no hay iconografía, en la cercana Santa María de Santa Cruz de la Serós, intrigante iglesia con esa famosa estancia inaccesible y oculta sobre la nave de la iglesia –que se la supone, entre otras cosas, para guardar el tesoro ante incursiones y revueltas- tenga enfrente en la nave un desconcertante capitel.

La gesticulación de los dos personajes a los extremos que parecen estar desnudos, la imposición de mano sobre la cabeza de otro personaje de los tres centrales, bien vestidos, más dignos, con vistoso peinado, colocando las manos como jurando - al menos el central- e incluso el hecho de que el que es tomado de la mano a nuestra izquierda lleve una sola media anudada -parece llevar ambos pédules- nos pueden haber llevado a pensar desde un exorcismo a una preparación catecumenal, pero ahora pudiera señalar la ceremonia previa a una ordalía bilateral. Siempre en el terreno de la hipótesis.

Terminamos la cita del libro: “…la doble tenaza formada por la justicia del rey y la condena de la Iglesia, redujo al mínimo la presencia de las ordalías en el panorama legal y judicial navarro, pero con todo, el hierro candente perduró en el fuero general en aspectos importantes del honor y de la coerción”.
Como decimos, una preciosidad el trabajo reflejado en el texto del profesor Laliena, en el que se puede entender el significado de pasar la soga por el cuello de un infanzón a otro, cómo se castigaba a los plebeyos que asesinaban a un infanzón o la gravedad de un acto aparentemente anodino como retener el freno de un caballo montado por un superior.

sábado, 25 de febrero de 2017

Justicia mezquina

Estamos documentando nuestra propuesta de interpretación de un programa iconográfico en Frómista en el que se describirían las viejas leyes, salvajes y lesivas de una manera brutal para culpables o inocentes, pero firmemente ancladas en la tradición visigótica, y la intención tanto de la autoridad real, a través de Alfonso VI, como de la Iglesia de Roma a través de los monjes cluniacenses, de transformar esas leyes y costumbres por medio de la reforma gregoriana. Como iremos viendo, algunos capiteles muestran (para rechazarlas) escenas que van desde las ordalías, habitualmente soportadas por las clases más desvalidas de la sociedad, hasta la justicia vengativa por crímenes en el ámbito familiar, que pudiera estar representado en el famoso capitel de la Orestiada, pasando por otros conflictos armados en capiteles cercanos.
Como se podrá ver, todo ello enmarcado en el siglo XI, nada que ver -pese al título- con los comentarios que en estas fechas proliferan en la red. Cualquier coincidencia con la realidad será interpretada como que en mil años no hemos cambiado nada. En el trabajo que manejamos se menciona una frase de Perry Anderson que, escrita para la Alta Edad Media, parece leída hoy: Carece de sentido negar que la justicia era el nombre ordinario del poder.
Porque los mezquinos eran campesinos siervos al servicio de señores, tal como ha estudiado el profesor Carlos Laliena en un magnífico estudio "Siervos medievales de Aragón y Navarra en  los siglos XI-XIII" del que vamos a mostrar algunos apuntes.
Como nos planteamos la posibilidad de que en el capitel de los porteadores de Frómista se está mostrando la humillación para los mezquinos castellanos (el estudio sólo abarca esas dos regiones, pero deducimos que no serían muy diferentes las leyes o fueros castellanos), hemos de dar un paso más, proponiendo la identidad de esas víctimas de las ordalías: los siervos. Vestimenta y actitud de las figuras ayudan a esa idea y el "uso" por los infanzones de esos casi esclavos, además de la literatura que hemos expuesto, permiten seguir ese hilo.

Pese a disponer de la tierra cedida por el señor y tener familia, la diferencia entre siervo y esclavo dependía más del señor que tuvieran que del ordenamiento jurídico. "La servidumbre, a diferencia de la esclavitud, no es una exclusión. El siervo es un hombre desvalorizado, no desocializado." "Inútil buscar una definición jurídica única, puesto que estamos en un mundo de flexibilidad de las reglas", añade el autor. Cita a un prestigioso autor, Dominique Barthélemy quien señala tres características del siervo: Pertenencia a otro, obediencia y humillación (que creemos ver reflejada en ese capitel de los siervos, no de los porteadores).
En Aragón y Navarra se les llama mezquinos, palabra de origen árabe -miskin- que señala a quien no posee nada, pobre, humilde, obligado a mendigar. El Dr.Laliena cita un documento de confirmación de Sancho Ramírez en 1084 al abad de Leyre indicando que un lugar "sea poblado por mezquinos de Leyre y nadie se atreva a estar allí sin ser siervo de San Salvador". Vemos que tiene el mismo sentido mezquino y siervo.
En lo que se refiere al uso de las ordalías, dice que eran utilizadas primeramente con la clara voluntad de proteger los bienes eclesiásticos. Ante el crecimiento de la población y el alarmante interés de apoderarse de propiedades de la Iglesia, ordena "que si algún hombre rústico quisiera extraer de la iglesia una tierra, viña, etc. que acuda a San Juan (suponemos que S.Juan de la Peña) y jure sobre el altar y después de haber jurado, coja el hierro caliente judicial como mis villanos me hacen a mi por todo el reino".
No debe ser casual que si en la primitiva iglesia de San Juan de la Peña se dirimían cuestiones jurídicas, se impartía justicia y si no bastara con el juramento, fuera preciso usar el ferro, apareciera una imagen de Daniel en el foso, figura utilizada para mostrar al Daniel juez, de la que tan sólo nos ha quedado Habacuc sin el menor género de dudas, ya que se ve perfectamente la mano del ángel que lo transporta del moño y lleva en una mano la torta y en la otra el cocido que según cuenta Daniel 14, estaba preparando a sus segadores.
Y sigue el rey: todo ello se justifica porque muchos "inflados por el espíritu maligno" no temen prestar juramentos falsos. Y aclara el profesor Laliena: si los reclamantes de bienes son infanzones y potestades (los ricos, vamos) deben acudir con el rey ante el altar y prestar juramento ante el monarca y su corte. En caso de perjurio confirmado, el rey debe juzgar y castigar al que lo comete...y añade: "Juan José Larrea ha insistido en el carácter de justicia de clase e instrumento represivo de la justicia real a la que atribuye la posibilidad de usar de manera sistemática la ordalía como medio de sometimiento más que de prueba".
Parece que utilizar la ley para castigar al débil y dejar impune al poderoso iba con la condición real.
El interés del libro del Dr.Laliena hace que veamos normas que, fueran o no aplicadas, estaban dispuestas por las costumbres. Así, menciona fueros de 1247 marcando cómo desarrollarse los procedimientos judiciales, y alude al pasado en el que los siervos aragoneses estuvieron expuestos a ser partidos en dos con un cuchillo como resultado de la partición de la herencia entre los hijos de los señores. En esa fórmula del apartado 405 del Fuero General de Navarra de mediados del siglo XIII ( y suponemos que a mayor antigüedad, más brutalidad) se plantea la posibilidad de que un villano solariego dependa simultáneamente del rey -a través del noble u oficial real que tiene su señal - y de un señor, de manera que a la muerte del siervo sea necesario distribuir sus descendientes entre ambos potentados y si el número de hijos es impar, el más joven deba ser descuartizado para cumplir hasta el límite la regla de una partición igualitaria: partan por medio la creatura; la senyal (la parte del rey) tome su pierna diestra y el señor solariego la siniestra, y partan todo el cuerpo con la cabeza por medio. Sólo entonces, si uno dice querer pagar, no deben partir. Si alguno de ellos, para perjudicar al otro, le corta la mano y el pie al campesino, debe pagar una multa equivalente a la mitad de la que se acostumbra a satisfacer en la comarca correspondiente a un homicidio".
De nuevo quedaba en manos del infanzón la vida del pobre siervo impar, ya que si no había acuerdo o por simple obstinación, podría preferir la muerte del siervo como represalia contra el rival. El acuerdo conllevaba el pago de una cantidad por llevarse el cuerpo entero.
El profesor Laliena lógicamente relativiza la aplicación de esta medida, que serviría más para poner al límite el "derroche ostentatorio" de estos nobles. "Somos poderosos, en la medida en que podemos destruir impunemente -amparados por la ley- a un siervo" matiza el investigador que significaría esa postura.
Para no molestar al autor más de lo imprescindible en nuestro propósito iconográfico, omitimos el interesantísimo relato sobre la virginidad, violación y matrimonio en el Fuero de Navarra y entraremos en el asunto de las ordalías.




domingo, 19 de febrero de 2017

Ordalía en el Tapiz de Bayeux

A menudo encontramos expresiones actuales que tienen su origen en lo que estamos estudiando. "Veredicto" no significa más que alguien dice la verdad, se supone que tras oir las diferentes versiones y "comprobar" (com-probar) es decir, ver las pruebas. 

La batalla de Hastings entre Guillermo el Conquistador Duque de Normandia y el último rey anglosajón de Inglaterra, Harold II tuvo lugar en 1066 en plena época que estudiamos y la invasión a Inglaterra se originó por el incumplimiento de un juramento. Hay estudiosos que proponen que la historia de la derrota del rey Harold es consecuencia del incumplimiento de un juramento de fidelidad. En ese juramento se habría incluido un compromiso matrimonial al que pudiera aludir otra escena. Varios años más tarde se conmemoró este hecho tejiendo el famosísimo Tapiz de Bayeux en el que podemos ver cómo sobre la escena del juramento sobre dos relicarios del rey Harold se ha bordado la expresión Sacramentum, que es lo que se utilizaba en los juramentos y ordalías, tal como hecho dicho el pasado dia 11. No es gratuito que para jurar tocando ambas lipsanotecas, abra los brazos en cruz.


El hecho de exponer anualmente en la puerta de la iglesia el extenso bordado servía para recordar a los fieles las nefastas consecuencias de no respetar el juramento.
Respecto a las figuras (en este caso animales -algunos mitológicos- en ambos márgenes vemos una interpretación hacia su sentido apotropaico, para proteger la historia principal y sobre todo a los personajes inscritos. El 25.12.2014 aparece en "El sexo protector" .del foro de Amigos del Románico.
Sin embargo, hay otra escena dudosa en la que se ha querido ver algo relacionado con una ordalía. El titulo es “Ubi unus clericus et Aelfgyva….(aquí un clérigo y Aelfgyva), a quien hay quien considera hija del duque Guillermo, prometida al rey Harold. Otras propuestas van en línea de señalar que ese nombre era un tratamiento equivalente a princesa o lady. Pese a ello , también se puede considerar el “toque” como la bendición eclesiástica a dicho compromiso, que se desarrolló en un ámbito eclesiástico o palaciego. A nosotros nos parece, por la postura del supuesto clérigo, algo violenta, más una agresión El estudioso Edward Freeman piensa que fuera una hermana de Harold y que formaría parte –como acompañamiento del juramento de fidelidad de Harold hacia Guillermo- de la promesa de matrimonio con alguno de los cortesanos de Guillermo, que tampoco se realizaría una vez que rompe su voto.
De cualquier modo, el suceso tendría suficiente importancia como para tener viñeta propia en la historia de la conquista.

En un voluminoso libro accesible en internet “The study of the Bayeux Tapestry”, editado y coescrito poir Richard Gameson en 1997 se incluyen varios trabajos de especialistas. Nos centramos en lo que se refiere a juramento y ordalía, que como hemos dicho, toda la historia gira en torno al compromiso jurado por Harold de fidelidad a Guillermo, luego roto y que trae la derrota de sus guerreros y su propia muerte, con alusiones a señales divinas (el cometa Halley) como castigo por su perjurio. El papa había bendecido las tropas invasoras.
Además de resaltar sobremanera el juramento luego incumplido, hay otra escena en la que se da protagonismo a un personaje femenino Aelfgyva sobre el que se ha especulado mucho. Aparece en una portada (quizás iglesia) recibiendo un contacto en la mejilla con la mano de un clérigo, que tampoco tiene una explicación convincente y por tanto, múltiples explicaciones.
Aparece con el lema “UBI UNUS CLERICUS ET AELFGYVA” en la escena 7. Parece estar en las puertas del palacio de Guillermo y se discute si es esposa, hermana del rey, de sus hermanos, y hasta se postula que el nombre sea un título.similar a Lady y el personaje sea nada menos que la “patrona” del tapiz, la duquesa Matilde. Para nosotros el problema se centra el saber qué es lo que están haciendo, por qué ese gesto del cachete o alcanzar la mejilla de la dama (algo insólito en un clérigo medieval) que nos recuerda al de la confirmación. También se cita  a otra dama, Emma hija de Ricardo I de Normandia y madre de Eduardo el Confesor. Si atendemos a la gestualidad, la dama muestra sorpresa y el varón, agresividad.
En el libro mencionado figura un interesante artículo de W.R.Lethaby titulado "The Perjury at Bayeux", en el que encontramos que el drama descrito "se divide en dos grandes temas: el crimen (el perjurio) y su castigo".
En otro trabajo, ahora de Charles Prentout en el que trata de hipotetizar sobra la identidad de los personajes secundarios, entre ellos nuestra Aelfgyva, desde affaires amorosos clericales hasta interpretar el cachete como una forma de sorprender al recibidor para que no olvide el acontecimiento que está viviendo, que es una de las lecturas que se dan a ese acto en la confirmación, además del clásico de "endurecer y preparar al aspirante a sufrir por su fe como un mártir". Es decir, para avivar la memoria de la persona "agredida". Verdaderamente, me cuesta "agreer" esa propuesta en que se insiste en estos trabajos sobre la "caricia" en la mejilla. Quizás es que los british son más duros que los continentales a la hora de acariciar.
No olvida el articulista tener en cuenta lo bordado en la parte inferior, que pretende tener relación con lo contado arriba, al mostrar escenas de contenido escatológico, (pié para pensar en lo antes propuesto) pero a nuestro entender sólo tienen sentido apotropaico, para sorprender a los que contemplen los personajes con intenciones dañinas, haciendo con esos temidos lectores lo mismo que el clérigo cachetudo: sorprender.


jueves, 16 de febrero de 2017

Las manos de Anastasia

Un nuevo desvío (dispersión lo llama mi amigo) se nos cuela en el estudio del tema de las ordalías. Trataremos de poner un mínimo orden para contarlo –pensamos que el asunto es muy curioso- sin alejarnos demasiado de nuestra intención, los capiteles de Frómista.
Dresgranamos el contenido de un valioso artículo: “Trial by Ordeal: The key to proof in the Early Common Law” que, escrito por Paul R.Hyams estudia las ordalías especialmente en la Inglaterra medieval. Volveremos enseguida a considerar su contenido.
Sus reflexiones nos llevan a la actualidad: resulta chocante que hoy sigamos haciendo mención inconsciente a las ordalías cuando oímos a políticos manifestando su confianza en personas “por las que pondrían la mano en el fuego” aunque realmente ahora es para afirmar lo contrario, pero siempre con esa expresión de “jurar por la honradez de otro”.
Una de las abundantes citas que realiza el investigador nos deja sorprendidos por la concatenación de representaciones a las que alude. Menciona la figura de una santa : Anastasia, cuya hagiografía probablemente se potencia por sus manos o más bien por su ausencia de manos, que a fin de cuentas, es lo que tiene relación con las ordalías que estamos estudiando.
Acudimos al trabajo de Susana Navarro Agustí sobra esta santa, ficha publicada por la UCM en 2014 pero nada se dice del relato que mencionamos.
Donde sí que hay un profundo estudio es en “Fifteenth-Century Studies”  Volumen 29 editado por Edelgard E. DuBruck,Barbara I. Gusick  con abundantes referencias iconográficas.
Al parecer, sobre la historia apócrifa que todos conocemos de la partera Salomé, que asiste a la Virgen en el Nacimiento y que por dudar físicamente de su Virginidad es castigada en sus manos, y resuelto su drama inmediatamente mediante el arrepentimiento al tocar los pañales del Niño, se instaló en la Baja Edad Media una nueva historia de Anastasia, que según unos había nacido sin manos y según otros las había perdido por causa del castigo de su padre, alto dignatario judío. Veamos primero la "clásica" de la cátedra de Maximiliano de Rávena donde vemos claramente a Salomé mostrando aterrada a la Virgen su mano dañada por su falta de fé. No es gratuita la semejanza con la insólita postura (!!no dormita¡¡) de San José, otro personaje "dubitativo"
Veamos ahora las imágenes (para mi desconocidas hasta ahora) de Anastasia, primero en Book of Hours France, Paris, 1490-1500 MS M.7 fol. 14r 
(foto de The Morgan library & Museum)
Esta Anastasia (cuyo nombre relativo a la anástasis, es decir, resurrección, no deja de tener connotaciones cristológicas) aparece ampliamente representada en distintas versiones a partir del siglo XIII.
La tenemos en el portal de Belén tendiendo sus muñones sanguinolentos al ángel del Nacimiento, que milagrosamente trae en sus manos…unas nuevas manos para nuestra santa.
Encontramos cierta confusión en la historia, pero tampoco vamos a pararnos a establecer orígenes o consecuentes. Nos bastará ver un nuevo modelo en el que nuestra Santa aparece primero entre San José y María con brazos extraños y al lado sosteniendo milagrosamente al Niño entre sus nuevos brazos, con la silueta de las manos perdidas al lado, amarrados a las nuevas. Todo ello y mucho más lo podemos ver (debidamente capado) en

Fifteenth-Century Studies, Volumen 29 editado por Edelgard E. DuBruck,Barbara I. Gusick a partir de la página 52 con referencias a los teatros medievales en los que se identificaba a cada uno de personajes que desfilaban por el Portal.

(The Holkham Bible.The British Library)
Hay otro libro que trata de estos misterios 

The Senses in Late Medieval England Escrito por C. M. Woolgar en el que se muestra otra imagen anterior de esta misma historia de Anastasia.

Bien, pero ahora hemos de confesar que habíamos acabado en esta curiosa historia buscando un nuevo ejemplo de ordalía en un documento conocido por todos: El Tapiz de Bayeux, que confiamos poder mostrar enseguida, en el que no sólo hay una, sino dos escenas en ese sentido.





lunes, 13 de febrero de 2017

Ordalías hispanas

Me ha recordado la imagen anterior del "voluntario animado" a tomar el hierro candente con el mismo aspecto que cuando llevamos a los niños a vacunar -bien agarrados, pelo alborotado y con los pies en el aire- a la imagen menos violenta del clérigo y la supuesta monja que aparecen "animados" o empujados suavemente (agarrados por el hombro y sujetando la mano de la dama) en la portada de Arenillas quizás hacia la toma de juramento que pudiera desembocar en ordalía.

















Veamos brevemente un resumen del librito de José Villa-amil y Castro de 1881 mencionado por Beatriz Mariño en su trabajo sobre las ordalías vulgares en Palencia que vimos anteriormente. Título :”Del uso de las pruebas judiciales llamadas vulgares”, que conviene repasar dado que hace mención a las prácticas en los reinos hispanos.
Cita una ordalía en el siglo VI que se utilizó bastante en la vida del cristianismo: la declaración divina sobre la autenticidad de una supuesta reliquia. No se nos olvida que santa Elena recurre a una ordalía para averiguar cuál de las tres cruces halladas en el Gólgota era “la buena”. 
Pero la prueba relatada por Villa-amil de Zaragoza se refirió a la autenticidad de una reliquia encontrada en la iglesia de los arrianos. Ya hemos dicho que una ordalía se utilizó para determinar la validez o no de los textos de la reforma gregoriana, aunque se impuso el criterio real. Y dice el investigador:
“En los Estados del oriente de la península parece que se prefería la prueba del agua fría a la del agua hirviendo. Así se desprende de la disposición tomada en el concilio celebrado en Vic hacia 1068 para que quien fuese acusado de haber mandado, dispuesto o aconsejado que se hiciese alguna cosa mala, en la cual se supiese que no intervino, jure por su mano sobre el altar no haberlo mandado; y todos los que interviniesen en hechos malos, si negaren haber intervenido, se purguen por el juicio del agua fría en la Sede de San Pedro y no queriendo hacerlo, queden excomulgados, haciéndose todas las prueba a los querellantes y a los acusados, de la paz y tregua de Dios por el mismo juicio del agua fría de la sede de S.Pedro…
En Aragon debió ser muy usada la prueba del hierro candente, según las numerosas menciones que de ella se hacen. Don Sancho Ramirez la establece, como la practicaban sus villanos, para varios casos y por los muchos perjurios que se cometían, en la llamada carta iudicialis, de S.Juan de la Peña, que mandó hacer en 1062…la manera de efectuar la prueba, que consistía en hincarse de rodillas ante el altar teniendo en una mano un puñado de tierra de la heredad que se litigaba y juraba pertenecerle, y en seguida tomar el hierro ardiendo.
En Oviedo y Avilés, se reservaba para los sospechosos de robo que ya habían sido convictos en ocasiones anteriores.
La caldaria, según documentos de los siglos X y XI era más usada en Galicia (España Sagrada) por pleitos sobre posesiones entre monasterios. La pasa el presbítero Salamino sin lesiones. A veces se usan aguas termales de alta temperatura, como las que aún surgen en Orense. En Galicia se juraba sobre el sepulcro de Santiago (probare sacramentum in tumulum B.Jacobi). Ordalía fue que el rey Ordoño echara un toro bravo al obispo Ataulfo, ante quien se arrodilló, dejándole los cuernos en las manos , dejándolos luego sobre el altar el santo obispo.
La prueba cuyo uso más se prolongó fue la del hierro candente, usada en el siglo XIV para determinar la validez de la atribución de un hijo al rey. Incluso en las apasionadas querellas de Savonarola en Italia aparece la ordalía".
“En nuestra península, aun cuando se ha dicho que desde el siglo X vemos, por nuestros fueros municipales, cómo se iban suprimiendo poco a poco las pruebas judiciales, y que ya no existían en España en época en que todavía estaban en su mayor vigor y fuerza en Francia, no aparece muy pronunciada la oposición contra estas prácticas hasta el siglo XI. En el ultimo tercio de éste sí que, seguramente, se habían atraído muy general aversión y gozaban de escaso crédito; contribuyendo quizá en gran manera a su abandono, contra lo que generalmente se ha creido, la influencia cluniacense, pues en los parajes donde ésta aun no se ha había sentido es donde las hallamos en uso, y el monarca mayor protector de los monjes franceses es el que resulta que más favorable se mostró a la supresión de tales supersticiosos procedimientos."
"Alfonso VI hizo, en efecto, mucho uso de la esección, por via de privilegio, de la prueba caldaria. ..En 1076 confirma el fuero de Nájera concedido por el rey Sancho el Mayor de Navarra y advierte de las penas en que incurria el vecino de la ciudad que lidiase o se sometieses a las prueba de agua hirviendo o del hierro. En 1087 concede fuero a los clérigos de Astorga, dejando exentos de prueba caldaria y lo mismo en otros muchos como hemos visto.
Un decreto de 1288 en el concilio de León reiterándolo implica que se seguía haciendo. Se excomulga a sus practicantes y ordenantes “puesto que parece que con ello tientan a Dios y son castigados sin razón en estas purgaciones los inocentes".

Hay motivos para creer que, por lo menos desde este tiempo, el clero comenzó a rehusar su cooperación a la práctica de las pruebas vulgares, mientras persistían en usarlas los tribunales civiles. Asi parece darlo a entender lo que se dice en el ceremonial de S.Juan de la Peña, publicado por Martinez Marina, respecto a la bendición de “las gleras y el agoa” para la prueba caldaria.
El texto en negrilla y subrayado supone un respaldo a la propuesta que venimos manteniendo de que la escultura de Frómista contiene un alegato contra la pervivencia del Fuero Juzgo y otras leyes antiguas, que tanto los cluniacenses como el propio Rey Alfonso VI se empeñan en desterrar. Veremos pronto la forma de insistir en ello desde capiteles como el de la Orestiada.

sábado, 11 de febrero de 2017

Las ordalías condenadas... pero no tanto

Hemos citado antes un importante trabajo: "Justicia vindicatoria" de Ignasi Terradas Saborit, del que sacamos algunas notas valiosas, que refuerzan nuestro criterio de que se utilizó la iconografía de los templos románicos para mostrar y condenar la ordalía, y como en muchos otros casos (la música, las fiestas profanas,etc) con poco éxito.
Vimos cómo la postura oficial de la Iglesia, contraria a esas pruebas cruentas era sobrepasada por la fuerza de las costumbres y tolerada por aquélla cuando no había manera de confirmar la veracidad de los hechos por la via indagatoria. La Iglesia constata que no sólo se cometen abundantes perjurios, sino que incluso sus ministros son capaces de manipular y atenuar o endurecer las pruebas a su conveniencia.
“La legitimación de los juicios de Dios consistió fundamentalmente en instituirlos como sacramentos y esto es lo que hallamos en la liturgia de las ordalías que se han conservado entre los siglos IX y XIII” dice el autor. El mayor carácter anticristiano para Agobardo (que ya hemos citado antes como enemigo de éstas) es la ordalía bilateral (con dos personas sometidas para que Dios decida quién es el culpable). Esto luego derivará en los torneos. Hay que hacer ver a los estudiosos que la abundante presencia de los duelos a caballo tiene mucha relación con este “sacramento”, lo mismo que hemos visto que la batalla a escudo y bastón tenía el mismo significado pero para la gente vulgar. La inclusión de la mediadora en la figura de la Tregua Domini también hemos podido ver que no hace más que reflejar el mandato eclesiástico del no uso de ese sistema judicial. No es –como uno mismo pensaba de manera genérica- una llamada a la paz y la concordia, sino un mandato directo contra esa práctica, una proclama contra las ordalías. Quizás haya que revisar la iconografía de no pocas iglesias románicas respecto a este tema.
Sigamos con el estudio de Terradas: La ley consideraba el combate judicial como subsidiario del proceso con testimonios. Pero el autor insiste en que la apelación a las pruebas sólo era aceptada ante la falta de otras formas de comprobación.
En la pag.609 informa extensamente de la prueba del agua fría, a la que la Iglesia consideraba la prueba prototípica, ya que al menos no se producía derramamiento de sangre y si se hacían bien las cosas, no había muerte. Por esa razón tuvo en su momento apoyo directo del papado y del Emperador. El origen de esta prueba se encuentra ya en Mesopotamia. Para la Iglesia era muy directa la relación con el Bautismo, puesto que el agua bendita en que se sumergía al reo equivalía a la de bautizar. Tanto esta ordalía como la de la cruz (ambos contendientes ponían los brazos en cruz hasta que uno –el culpable- los bajaba) tampoco eran bien considerados precisamente por su alusión directa a temas cristológicos. Describe el autor la liturgia con el reo desnudo solo cubierto con un perizoneo, tras un riguroso ayuno y purificación durante tres días.
“La ordalía del agua fría se podía realizar en un estanque , en un lago o bien en un río y también se podía hacer desde una barca como muestra el codex lambacensis del siglo IX. 
(imagen tomada de la Bayerische StaatsBibliothek)
El reo podía nombrar a otra persona para que pasara la ordalía por él, un “advocatus” y hay ejemplos de haber usado un objeto de subrogación, como una tabla con el nombre del reo escrito en ella. ¿Las tablas que manejan como remos los personajes de Frómista pudieran aludir a este caso?
Una vez que el sacerdote recibe a los reos en la puerta de la iglesia (si fuera ordalía de agua calda o de hierro, es en el pórtico donde se calientan los útiles para luego transportarlos ante el altar con la vigilancia permanente del sacerdote o quien presida la ceremonia.) comprueba que éstos comulgan. Bendice el agua y da de beber a los ordalientes. Los lavan con agua y jabón para eliminar cualquier subterfugio de pomadas o ungüentos, teniendo en cuenta que se acompañaba la ceremonia de exorcismos puesto que se temía que se apelara por los malos a las artes diabólicas para superar las pruebas.
“Justus est, Domine, et rectum iudicium tuum", entonaba la letanía.El reo debe llevar entre sus brazos un báculo o palo con líneas escritas invocando a Dios. Lo vemos en esta lámina “ colocado efectivamente sobre los codos y debajo de las rodillas , con las manos atadas delante de las  mismas y apretándolas. El reo así ligado, en posición fetal, aparece también asegurado todo él con una cadena o cuerda trabada a la embarcación, el lugar desde donde está sumergido.” Ya hemos visto otra variante de sujeción del reo.

La ordalía del agua fría se había establecido ante la abundancia de perjurios.
De aplicación rutinaria a las clases serviles, era normal la subrogación por los siervos cuando los señores deben pasarla y la adición de la vergüenza de la ordalía a los más estigmatizados de “culpa original” como las mujeres (Ya hemos visto antes que esa prueba la pasaban también mujeres, pero de condición servil). Otro dato a añadir a los privilegios de los más ricos, como vemos, para suscitar sin muchos pesares los juicios de Dios, era la posibilidad de subrogarlos.

Toda ordalía debía ir previamente acompañada de juramento, para dar la posibilidad al culpable de escapar de ella antes de su ejecución.
“En el Fuero de Teruel –sigue el jurista- el sellado de la prueba (vendaje y envoltura de la parte sometida al hierro candente o a la del agua hirviendo) la ejecutaba el arcediano o prepósito de la comunidad o cabildo de canónigos, jurisdicción que se consideraba idónea para las ordalías, aunque también se hacían en parroquias, pese a las órdenes restrictivas de los obispos”.
Se recomendaba no olvidar poner sal y agua bendita en la comida de los reos en los días siguientes a la prueba, antes de levantar el sellado de la herida.
Todas las investigaciones encuentran abundante documentación en las ordalías de Varad, población húngara en la que tardíamente se realizaron y registraron numerosas pruebas.


miércoles, 8 de febrero de 2017

La prueba del agua fría

Esta variante de las pruebas vulgares pudiera ser interesante que la tratemos porque nos puede conducir a hacer una propuesta más ajustada de la cara este del capitel de Frómista con que iniciamos este estudio: la de los hombres remando en un bote.
Pero antes vamos a tomar en consideración la iglesia que apenas habíamos comenzado a ver, la de Silió en el cántabro valle del Besaya.
Está claro que en ninguna de las tres escenas con porteadores de esta iglesia aparece la mano juradera en la boca del monstruo, pero, como hemos apuntado antes, sí que parece haber un juramento a mano elevada en el capitel del interior del ábside.
Pero hay otra escena de porteadores apenas conocida, pese a que Silió es una visita muy frecuente en los cursos de Aguilar. La oscuridad, las telarañas y que la iglesia sufrió un gran incendio en la guerra civil, impiden de una forma u otra ver los detalles.


En el arco triunfal, lado de la epístola, aparece –como vemos- un porteador con barrica, cuyo primer personaje sólo conserva la silueta. ¿En qué contexto se ilustra la escena? Pues el costado contrario también se volatilizó con el incendio, no queda nada identificable, pero el frente expone claramente una procesión, o al menos, una ceremonia religiosa. Veamos la foto.

Sobre el fondo de volutas, se distingue perfectamente una cruz procesional, portada en alto por un personaje que conserva la cabeza. A su derecha, se percibe correctamente la vestimenta de un personaje muy ancho, que bendice con la derecha –ha perdido los dedos bendicentes- pero sobre cuyo amplio pecho se percibe la dalmática sobre la que apoya su mano izquierda que posiblemente llevaba un báculo, ya que bajo la gran bola con caperuza que preside la escena, aún distinguimos la voluta. El asta, aunque roto, deja su marca más abajo de la vestidura religiosa. A su derecha, la silueta del primer porteador.
Esta escena nos permite proponer que pudiera formar parte del relato de una ordalía, aunque ya hemos comentado que todos los casos mostrados quizás representen una ceremonia litúrgica de la bendición de los campos o incluso, por la presencia del obispo, la consagración del templo.
Si fuera así –que estamos ante una ordalía con todo el ceremonial que lo acompañaba – y teniendo en cuenta que esta iglesia se levanta en el siglo XII, antes del concilio en que oficialmente se prohíben estas pruebas, (1215) pero no bien vistas por la Iglesia de Roma, esta representación pudiera darnos la explicación de por qué se picó sañudamente un capitel de Santillana –cuya iconografía probablemente ha influido en la de Silió- cuyos laterales son idénticos a otro capitel del mismo templo en donde se esculpe una escena de acarreo.

Los expertos con los que he comentado ese lapicidio sin aparente explicación, han apelado a algún contenido sexual, insólito en una escena de “constructores”. Sin embargo, si se hubiera incluído en la escena picada algo similar a lo que tenemos en Silió, relacionando el acarreo –si es ordalía- con la intervención eclesiástica, sí que pudiera haber provocado quizás en el siglo XIV o más tarde, en plena Inquisición, que se borrara ese apoyo clerical, para desvincular totalmente a la Iglesia de estas salvajadas.
Pero comenzábamos esta entrada hablando de una tercera variedad de pruebas vulgares; teníamos la del hierro al rojo, la del agua calda (que es la que pretendemos se representa en la cara central del capitel de Frómista) y finalmente la del agua fría, es decir, agua sin calentar. Se trataba, como ya hemos apuntado, de sumergir al o la candidato/a bien en una gran tina, bien en la corriente del río o en el mar, con el pie derecho atado a la mano izquierda y viceversa, de manera que esa inmovilidad dejaba a merced de Dios -que es de lo que se trataba- el conceder la supervivencia o no del sometido. Como ya hemos aclarado antes, los culpables eran los que flotaban, (el bendito agua lo rechazaba) y los inocentes se iban al fondo, confiándose en que la rapidez de su rescate evitara que un nuevo inocente fuera al paraíso.
En este interesante grabado del siglo XVII que aporta la wiki podemos ver una muestra de ambos resultados:

La figura principal, evidentemente una dama, muestra a la perdedora de la ordalía. En primer plano, sólo asoman las manos atadas del vencedor o vencedora, esperemos que felizmente recuperado instantes después.
Todo ello viene a cuento de una nueva sugerencia: existe en algunos lugares del norte de Burgos un motivo iconográfico en varias iglesias románicas donde podemos encontrar en el mismo enclave los portadores de barrica y personajes sobre una barca. Concretamente en la iglesia de Santa María de Siones hay un completo repertorio, siempre que lo aceptemos, aunque sea por unos momentos, que se ha querido mostrar una amplia variedad de pruebas ordálicas.
A la escena ya comentada de porteadores de barrica con presencia de dos personajes espectantes, algo siniestros, 
encontramos otros capiteles con personajes dentro de una barca. No hacen nada, aparentemente, no pescan, no reman, parece que hay una soga en la proa y los tres pasajeros solamente aparecen expectantes. ¿están esperando el resultado de una prueba del agua fría?

No acaban aquí las referencias. Naturalmente, este capitel ha sido objeto de múltiples especulaciones, entre ellas ésta que hacemos. Desde mención a navegantes irlandeses difundiendo la doctrina, hasta templarios y otras especies para gente de más imaginación que lectura. Pero esta imagen es muy parecida a la cara izquierda según miramos del capitel de Frómista que nos ocupa.


Proponemos -variando un poco nuestra primera lectura- que esta cara del capitel de la ordalía de Frómista, muestre otra variedad de la ordalía, que también pudiera haber sido practicada en Frómista o alrededores, que sería la ordalía del agua fría.
En Siones existen varios capiteles más que pueden referirse a pruebas vulgares, como este misterioso capitel en el que varios personajes permanecen sumergidos en una tina (prueba del agua fria) o este otro con grandes tinas esperando ser utilizadas en ¿pruebas de agua fría?


No sólo estos capiteles y algunos más de Siones sugieren este tipo de ceremonias; es que hasta reconocidos temas "habituales" reflejados en la iconografía de Siones tienen referencia directa a las ordalías ; por ejemplo, todos hemos visto que hay uno en el que reconocemos la lucha de David contra Goliat, identificado el rey-pastor con su onda y su cayado y el un tanto insólito Goliat a caballo, probable referencia a los nobles que abusaban de los campesinos en la zona. Pero es que la lucha de David contra Goliat es una clara ordalía, en la que Dios se pone, como se espera con un futuro rey de Israel, de parte del más débil.
Además, no faltan tampoco la referencia a la esencia que quedó de las ordalías tras la prohibición por la Iglesia, poco respetada por otro lado, ante la necesidad de determinar la culpabilidad en los pleitos en los que no se podía obtener la verdad por otros medios: el torneo, una ordalía que fue derivando a espectáculo. Aparte de que para la Iglesia el tema de las ordalías resultaba un negocio muy lucrativo -cada juicio les reportaba el equivalente al costo de una vaca- ya dijimos que se posicionaron en contra por las múltiples triquiñuelas y trampas que se hacía (la misma Iglesia no quedó ajena a ello) y porque al final muchas veces quedaban dañados quienes eran realmente inocentes.
Resulta sorprendente ver cómo en Siones -y en algunos enclaves cercanos, caso de Vallejo, o La Cerca
(La Cerca, Burgos, capitel ventana ábside)
se repite un tema que ha sido interpretado con respecto a algún significado que no sugiera la imaginación : la pesca milagrosa, etc.
Muy cerca de esta barca, en La Cerca, como hemos visto en Siones y como aparece en Vallejo, tenemos un torneo, una justa, una ordalía al fin, otra muestra de la justicia popular, esta vez con mediadora.

Resumamos: creemos que aunque la ordalía no era una prueba habitual, sí tenía la suficiente fuerza y la Iglesia tenía suficiente interés en pregonar su postura contraria porque su doctrina era contraria a los daños corporales, proponía que habría que buscar otras formas de realizar "inquisiciones" ante la comisión de delitos, rechazaba el abuso en que se incurría al realizarse muchos juramentos en falso y todo su empeño, al que se adhirió la monarquía reinante, impulsaba su eliminación, lo que no impidió su utilización ante la falta de otro tipo de pruebas inculpatorias, hasta bien entrado el siglo XIII y más allá. Es probable que en Frómista se haya realizado una denuncia de los monjes contra el abuso de los más débiles que sufrían obligados esas penas, tanto las de agua fría (lateral este del capitel) como del agua calda con juramento (cara central) y sus terribles consecuencias (cara oeste, con el tallista de la mano derecha inutilizada).

sábado, 4 de febrero de 2017

A favor y en contra de las ordalías

En aras a dar algunos apuntes en torno a la mucha literatura que existe sobre las ordalías en toda Europa y en España, extractaremos los que vemos más adecuados.
Hay una web:  ec.aciprensa.com/wiki/Ordalías_o_Juicios_de_Dios
que  ofrece un buen resumen, aunque quizás por ser una enciclopedia católica pretende que en España no afectaran esas prácticas, cuando los fueros desde Fernando I hasta bien entrado el siglo XIV inciden en dejar exentos de esas pruebas a los aforados, lo que demuestra  que se seguían practicando mucho después de 1215 en que la Iglesia decidió no dar su respaldo.


Courtesy of Fordham University (tomado de la web mentalfloss.com/article/50161/history-trial-ordeal)
En un trabajo enorme, mil páginas, de Ignasi Terradas Saborit, titulado “Justicia vindicatoria” que consultamos en la biblioteca de Derecho, se recorre la historia de la  filosofía del derecho desde sus orígenes y estudia la polémica en el siglo IX entre Hincmar, arzobispo de Reims, que se declara a favor de su uso, y de Agobardo, arzobispo de Lyon, de origen visigodo hispano, que las considera de origen pagano –como así eran- y unas meras supersticiones, que pretendían comprometer a Dios en los juicios de los hombres.
Los hechos son, una vez más, que la Iglesia las tolera y cristianiza al ver que no puede erradicarlas; el propio Carlomagno, como dice la enciclopedia católica, las defiende.
“La legitimación de los juicios de Dios consistiría fundamentalmente en instituirlos como sacramentos y esto es lo que hallamos en la liturgia de las ordalías que se ha conservado entre los siglos IX y XIII,” dice el investigador.
“Para Agobardo el mayor carácter anticristiano es la ordalía bilateral, el combate judicial” ( a diferencia de la que sufría una sola persona). Lo considera proclive al abuso. “Pero la ley consideraba al combate judicial como subsidiario al proceso con testimonios”. Se producían abusos, como que por una misma clase de delito, se juzgara al reo según su origen en la ciudad de los hechos. “Agobardo considera el combate judicial tan arraigado en las leyes y costumbres, que es preciso actuar lentamente para su erradicación, mediante el ataque por dos frentes: el doctrinal  (por ser contrario al cristianismo) y procesal , dilatando lo posible la apelación al combate y fomentando el uso de pruebas”, añade Terradas.
Más de un siglo después, a finales del XI creemos que esa campaña doble se está llevando a cabo en Frómista y en otros lugares donde vemos esculpidas en la fachada de la iglesia los juramentos –origen de abundantes perjurios, que era mejor jurar en falso  a que te abrasaran la mano-y las subsiguientes ordalías o combates a escudo y bastón.
Como la propia Iglesia estaba en contra de las ordalías, no resultaba difícil manipular las pruebas rebajando temperaturas, tiempos, con ungüentos, etc. porque en muchos casos se pensaba que si alguien voluntariamente aceptaba la prueba, ya tenía una disposición a dejar en manos de Dios su destino. Todo esto desembocaba en trampas y abusos que abundaban más en el deseo de eliminarlo en todos los campos, sobre todo, reforzando la investigación y aportación de pruebas de los delitos. Pensemos que se podía acusar a alguien sin pruebas y los representantes del rey (no siempre de la Ley) no tenían por norma investigar los delitos.
Los defensores de este tipo de juicios apelaban a su origen bíblico y usaban referencias como el paso del mar Rojo (ordalía perdida por el faraón y sus tropas) , la lluvia de fuego de Sodoma (que respetó a Lot y “casi” toda su familia) y así hasta el mismo Diluvio Universal. Dejar el destino de uno en manos de Dios parecía una prueba de fe irrefutable pero algunos pensaban que no había que invocar a Dios tan a menudo y por asuntos de cuernos, por ejemplo. La misma Isolda comete un abuso con un engaño para manifestar su fingida fidelidad. No obstante, la Iglesia, en determinados casos, no dudó en apelar a ellas cuando se trataba de desenmascarar desviaciones de su doctrina. La malicia y abusos que llegaron a rodear estos espectáculos (no olvidemos que luego se aplicaron a los acusados de brujería) llevaron a comentar  en Alemania que algunos monjes empujaban a mujeres a las ordalías porque debían realizarse desnudas.
Uno de los casos más sonados fue el de la reina Teutberga, acusada de sodomía con su hermano, quien superó la ordalía por un tercero. Veamos cómo lo cuenta Voltaire ("Ensayo sobre las costumbres") :
Nombró a un campeón que se sometió en su lugar a la prueba del agua hirviendo, en presencia de una corte numerosa. Cogió el anillo bendito (el equivalente a las gleras) sin quemarse. Es cierto que existen secretos para aguantar sin peligro la acción de un pequeño fuego durante algunos segundos: yo he visto ejemplos de ello. Estos secretos eran entonces tanto más conocidos porque eran más necesarios.  Pero no lo son tanto como para dejarnos absolutamente impasibles. Hay bastante muestras de que, en estos extraños juicios, se hacía seguir la prueba de una manera más o menos rigurosa, según se quisiera condenar o absolver”.
Lo cita Dominique Barthélemy en “El año mil y la paz de Dios: la iglesia y la sdad.feudal”
La oración de la ordalía mencionaba otro antecedente bíblico: los jóvenes judíos compañeros del profeta Daniel, Ananías (Shadrach), Misael (Meshach) y Azarías (Abednego) indemnes tras ser arrojados al horno ardiente.
¿quién sabe si el supuesto juramento al que se vió obligado el rey Alfonso VI en Santa Gadea por el Cid pudo haber influído en su empeño de codificar y ordenar todo lo relativo a las manifestaciones judiciales?
Veamos las últimas notas de Terradas: “Lo equivalente al perjurio en el juramento es el fraude en la ordalía. Se toma como natural que las personas libres y nobles subroguen el tránsito ordélico a algún sirviente suyo o similar”. A este respecto tenemos un voluminoso e interesante “Diccionario de Antigüedades del reino de Navarra” en PDF de D.José Yanguas editado en 1840 al que volveremos, que dice en su pag.142 en la voz Juicio, en el apartado referido al juicio de agua caliente y gleras y que atribuye –tal como planteamos respecto a lo esculpido en el capitel de Frómista- a los esclavos (siervos, si resulta menos escandaloso el nombre ) que eran quienes sufrían por sus amos todos esos daños.
Terminemos lo acotado por ahora del libro de Terradas: Según Hincmar (el arzobispo citado) el juicio afectaba a tres jurisdicciones (pag.591): la del tribunal de la penitencia en la que el crimen es pecado y tratado directamente por Dios como tal; la del tribunal de los hombres, en que el pecado es un crimen que es tratado directamente por ellos; y el juicio de Dios en el que extraordinariamente se pide la asistencia divina para lo que el tribunal humano no alcanza a ver, pero no para verlo a través de la confesión sino del juicio ordálico.

A partir del siglo XII, tras el concilio de 1215 las ordalías quedan degradas a purgaciones vulgares, respetandose en cambio, los juramentos solemnes o sacramentos como purgaciones canónicas.
Y la pregunta "románica" la dejamos para el final:
¿Hay algún síntoma de ordalía en los capiteles de la iglesia de Silió en Cantabria, donde por tres veces aparecen hombres porteadores de barrica? A nuestro juicio, el que tiene más elementos es el capitel de paso a la sacristía en los arcos ciegos del ábside, puesto que lo que enarbolan los porteadores pudieran ser gleras y las figuras a ambos lados parecen prestar juramento, aunque no metan la mano en la boca de una fiera, sino levantándola y mostrando la palma.
Tradicionalmente se interpreta como una ceremonia de bendición de los campos, similar a la mostrada en un capitel de una ventana,con una procesión de clérigos y tal como también figura ya muy deteriorada en un capitel del triunfal.