ARTAIZ, EN BUSCA DE UNA LECTURA DE SU ALERO

 

UNA CONFERENCIA

El pasado Marzo, en un consultorio inevitablemente telemático al final de uno de los magníficos cursos que organiza la Fundación que acoge este blog, tuve ocasión de recibir la negativa a mi pregunta sobre un canecillo de San Martín de Artaiz. Nada importante, pero sigo pensando que yo tenía razón, que para eso tengo también mis fotos –como todos- y no aprovecho ahora este discreto escaparate para insistir sobre ello, sino porque me ha dado pié para “darnos una nueva vuelta” por esa intrigante y bella iglesia.

Fachada de San Martín de Artaiz (Navarra) con su intrigante iconografía


Muchos son los especialistas que la han dedicado sus estudios y se pueden encontrar las mil y una interpretaciones de su sorprendente –uso el término a propósito- iconografía. De entre tantos, siempre me gustó la propuesta del Dr. Carlos Sastre, quien, como gallego erudito, entiende y mucho de simbología y mundos ocultos.( Ab Austro DeusEl trifonte barbado de Artaiz, un intento de interpretación. Príncipe de VianaISSN 0032-8472, Año nº 58, Nº 212, 1997págs. 483-496) . La iconografía de la portada le inspiró el trabajo sobre los ríos del Paraíso que citamos y curiosamente, sin que tengan aparentemente relación, la Dra. Esperanza Aragonés, que ha visitado el templo muchas veces y leído y escrito tanto sobre él, ha publicado una conferencia en la que también contempla sus capiteles como expresión del Paraíso y del infierno. https://www.romanicoennavarra.info/aragones_conferencia.pdf

propuesta de lanza


De ambos trabajos ponemos la referencia para su descarga. De otros buenos estudios haremos cita aquí, como el de la rusa Dilshat Harman con la que colaboré cuando me lo pidió, y cuyo interesante artículo manejamos o el de Agustín Gómez Gómez, cuyo artículo sobre los partos supone una gran aportación, como luego veremos.

Canecillo "en pleito" del guerrero con tonsura
de la cámara indiscutible de Omedes


Pero primero quería solventar “el pleito” pendiente por mi pregunta.

Canecillo del guerrero

Una de las ponentes de ese día, especialista en iconografía románica, mostraba un canecillo del tejaroz de San Martín de Artaiz, identificándolo como un obispo que clava su báculo en un monstruo infernal. Luego matizó que pudiera ser un abad, pero que no había duda de que aquello era un báculo, que es lo que uno modestamente dudaba. El oportuno apoyo del moderador a la tesis de la ponente, me dejó fuera del partido.

Mi única foto del “obispo” permite deducir que no es báculo sino lanza lo que clava en el bicho. Cierto es que, como adujeron, el personaje parece lucir tonsura, que indica su condición clerical, pero carece de cualquier identificación como obispo. No es nada frecuente que un obispo en ejercicio use el báculo como arma y tampoco que se proteja con un escudo.

Más aún: en esa misma fachada, a escasos metros, en una de las metopas que ahora queremos resaltar, sí que aparece un obispo, quien, pese a que el báculo no tiene la voluta habitual, sino que está cerrada –algunos lo entienden como signo egipcio- su vestimenta no ofrece dudas. Y porta una mitra. 

Obispo mitrado con báculo en Artaiz


Además de ello, el báculo muestra el engarce o anillo que encaja la voluta con la pértiga, mientras que el supuesto obispo navarro donde tiene el anillo de sujeción es abajo, junto a la punta, porque el resto es la pértiga, sin engarce alguno donde el moderador creía ver iniciarse una voluta. En consecuencia, no parece ser aquello un báculo sino una lanza.

Moarves de Ojeda (Palencia)

Y es que tampoco ninguno de los estudiosos que han comentado esa figura la mencionan como “obispo” sino como clérigo o guerrero, que es lo que uno piensa del personaje: un Miles Christi atacando al diablo. Un personaje similar seguro que lo tiene mil veces visto el moderador, y explicado a los alumnos en sus magníficas visitas guiadas: en la portada de Moarves de Ojeda, allí como bravo guerrero sin tonsura pero igualmente protegido por un escudo, como en Artaiz, con su bello rostro “punsetiano”. 


Detalle del guerrero de Moarves de Ojeda



Detalle del escudo de Moarves
Desconocemos la heráldica de ese curioso escudo, si es que la tiene, ya que parece más un refuerzo. Se observa perfectamente el trascol. La parquedad de la explicación de la ficha de la EdR sobre Moarves (“al este un guerrero alanceando a un monstruo fantástico y al oeste una máscara indeterminada con rasgos negroides de ecos navarros”) no nos ayuda más, salvo la interesante referencia navarra.

 EL TEMPLO

Pero, como decimos antes, no pretendemos tener razón, sino una disculpa para un nuevo paseo por Artaiz, tan enigmático y sugerente.

No vamos a aportar nada sobre los llamativos capiteles de su portada, de los que ya tienen sus opciones los lectores, y poco podemos decir si no es remarcar de nuevo el sentido general de la  escultura de Artaiz : sorprender, intrigar, atraer la mirada, provocar ¿para que? Pues, como venimos defendiendo, para proteger del mal el lugar y sus visitantes.

No olvidemos que la Dra. Aragonés nos informa que el templo “tenía una finalidad funeraria conocida”, lo que da pié para que busquemos el sentido apotropaico de su escultura porque aquel era un lugar de reposo de los difuntos, a los que había que dotar de protección contra la acción del Maligno. Lo que ocurre es que el comitente encargó unas figuras que se compadecen mal con las lecturas ortodoxas que se pretenden hacer –lucha del bien contra el mal, que es el recurso tópico del historiador que no sabe muy bien cómo enfocarlo- y a veces hasta se recurre a la imaginería oriental para su análisis. 

Crismón con otros signos apotropaicos en el tímpano de S.Martín de Artaiz.(ver mocheta izquierda)


El crismón y los círculos del tímpano ya nos dan idea clara del sentido apotropaico que tiene esa entrada, tal como hemos defendido recientemente (casode Galicia). Una sospecha nos invade a la vista del tamaño y contenido de la mocheta a nuestra izquierda: ¿qué tendría representado para haber sufrido un recorte brutal, (comparar medidas) esculpiendo luego una carita que solo nos puede servir de utilidad para datar la fecha de escultura de los capiteles interiores, los de los monigotes? La cabezota superviviente, probablemente un oso, conserva restos sugerentes tras el picado. Estaban tan a mano…

Diferencia del ancho de las mochetas. La izquierda ha sido muy retocada



Por tanto, sólo vamos a aportar el sentido del alero que, a nuestro juicio, tenía –las reformas parecen haberse llevado por delante alguna lectura más clara- un parangón en un punto un tanto alejado de Artaiz: San Quirce de los Ausines, en Burgos. (se referencia la primera de varias sucesivas entradas sobre el tema).

Descripción de las metopas de San Martín de Artaiz. La última con diferente temática.


Creíamos ser los primeros en proponerlo pero esa idea ya rondó en su día en la mente del maestro Yarza y lo ha seguido Agustín Gómez. Pretendemos tan sólo proponer que se ha seguido en Artaiz el mismo sistema de “montaje” del relato entre metopas y canecillos que muestra el tejaroz de San Quirce, sin relación con talleres ni escultores ni temas, sino la forma de colocar las figuras para que tengan una utilidad.

Cuando hemos analizado los canecillos tan llamativos e incluso escandalosos -también- de San Quirce, en su portada occidental, hemos urdido un sistema que pudo tener sentido para los lectores de su tiempo: los canecillos relatan el Génesis y las metopas –que aparentemente desbaratan el relato con los caganers, los gallos, la violación, etc.- no “perjudican” el relato bíblico sino que actúan con sentido apotropaico para proteger tanto el relato anterior como el propio templo y su portada. No tienen relación unos con otros, sino “utilidad”. 

Signos apotropaicos rematan la cornisa sobre los canes en Artaiz


La propia decoración de los sillares que soportan el tejado de San Martín de Artaiz, con serpientes, entrelazos, nudos de Salomón y otro “adornos” tienen una clara función apotropaica, para distraer los diablos y maleficios que acechan el templo.

Decoración del tejaroz de San Quirce de los Ausines (Burgos) con el relato sagrado en los canes

Pues bien, estimamos que ese mismo sistema de labrar los relatos se ha utilizado en Artaiz, dando más valor a las metopas con sus relatos cristianos y poniendo a los canes como valor apotropaico para proteger el relato de las metopas (a la inversa de San Quirce) Vaya por delante, que la hechura de las metopas parece venir de otro templo porque encajan mal –algunas con rellenos- con los canes. Allí se ha recompuesto bastante la escultura. Precisamente nuestro “guerrero” –que no obispo- parece un canecillo añadido en una reforma: está al final de la serie, parece algo ladeado o removido y además es el único que no sigue la norma de los compañeros. ¿qué hace un Miles Christi con una serie de músicos y jaraneros obscenos? Y también: si las metopas tienen todas sentido cristológico, ¿por qué la última muestra un combate de guerreros? ¿Se trata de una ordalía, que pudiera haberse celebrado ante esa portada? ¿Acaso los dos leones jaqueses de sus enjutas no hacen sino advertir a los perversos de su castigo (por ejemplo, por falso testimonio) y a los honrados, de su premio (por su inocencia tras el juicio)?

Canecillo torcido del guerrero y metopa de Artaiz


Pero vamos a entrar a analizar cada sujeto, más que nada por disfrutar de tan bello y curioso repertorio.

Primera metopa con sentido funerario en Artaiz,de la magnífica colección de A.García Omedes


METOPAS

La primera metopa muestra una escena reconocida: una psicostasis, donde San Miguel pudiera tener las alas plegadas sobre su cuerpo, portando una misteriosa pulsera. Parece evidente que las buenas acciones del difunto “pesan” más que las malas, con la pesada más reducida, que obliga al diablo a echar la piedra que lleva en su mano para hacer la trampa habitual. El alma del difunto aparece junto al diablo por razones compositivas, esperamos. Es un tema decididamente funerario desde tiempos egipcios.

Metopa nº 2 suplementada a la izqda.con la misa (foto Omedes)


La metopa nº 2 ya nos lanza un aviso: no sólo la peor talla de ésta muestra como mínimo un segundo tallista (quizás otro origen) sino que el tamaño no se ajusta al hueco y ha sido preciso rellenarlo con un sillar. Eso sugiere un emplazamiento anterior. Como todo el mundo ve muy claro, representa la celebración de una misa. La rechonchez y el hieratismo recuerdan a los budas. Pero el gesto del momento de la misa creo que es importante. Tenemos pendiente de saber si un buen liturgista (ante la dolorosa ausencia del maestro Ugarte) nos aclara si estamos ante una misa de difuntos o un memento de la misa rememorando a los difuntos, dado el sentido funerario del templo. La posición de las manos del celebrante invocando a Dios, ya vimos al estudiar el capitel obsceno de Villanueva de la Nía que era un gesto apotropaico. El presbítero con el misal abierto y el monaguillo con el incensario completan la escena en la que destaca el enorme copón. Para la estudiosa rusa Harman, refleja el momento cumbre de la misa: la Transubstanciación. El tallista insiste en su gusto por poner pulseras (o guantes) a los personajes principales. Los estudiosos destacan lo inusitado de esta representación: no es habitual en el románico encontrar una misa esculpida, sobre todo rodeada de figuras obscenas. Representar el momento exacto en que Dios se materializa mediante la liturgia sacerdotal es al tiempo un riesgo y un desafío al diablo. 

Canecillo con sacerdote llevando un cáliz y su boca especial en Ventosilla (Segovia)


Nosotros recordamos un canecillo en la lejana iglesia de Ventosilla en la provincia de Segovia, donde figura un probable sacerdote con un cáliz en las manos y una extraña forma (de hostia, creemos recordar que señala Inés Ruiz Montejo) en la boca, rodeada asimismo de figuras extrañas. (¿un obispo con dos báculos o una bailarina?). Visitamos ese templo porque creemos que se esculpe en su arco toral una agresión sexual y no una escena de prostitución que sostiene la acreditada historiadora. Lo expusimos en este blog.

Metopa con la Anástasis, otro tema funerario en foto de A.García Omedes


La tercera metopa nos vuelve a las figuras tradicionales de la imaginería románica: una anastasis o descenso de Cristo a los infiernos tras su muerte, a liberar a los justos del seno de Abraham. Como es habitual, un Cristo barbado (quizás luciendo al cuello la sujeción de su capa) tira de la mano de Adán, también barbado, para sacarlo, junto a otras almas, de las fauces del leviatán que aparece en primer plano. Lleva en su mano izquierda una gran cruz como lanza (ahora sí) que clava en la calavera para mostrar que ha vencido a la muerte. Al fondo otra pequeña alma trata de escapar de las fauces del dragón que lo atrapa por la mano. 

Detalles de la anástasis de Artaiz


Es sin duda otra escena funeraria que propone la esperanza de la Resurrección a los difuntos. La lectura del interesante trabajo de Francisco de Asís García en los Cuadernos de Iconografía Medieval de la UCM (nº 6 de 2011) sobre el tema, nos sugiere que esas metopas pudieran tener relación con algún drama litúrgico que se representara ante esa portada en determinadas fiestas.

https://www.ucm.es/data/cont/docs/621-2013-11-21-3.%20An%C3%A1stasis.pdf

Metopa del sacrificio de Isaac en foto de Omedes


Vemos, por tanto, imágenes vinculadas con los difuntos y el interés por salvar sus almas. La siguiente metopa, tan desgastada que no debería estarlo por el lugar protegido en el que está, (luego, debería provenir de otro lugar) tiene el formato conocido del sacrificio de Isaac, prototipo del acto eucarístico y por tanto, de la muerte salvadora y la fe ciega en Dios. Tras el joven sacrificado aparece la silueta de la oveja sustitutoria y Abraham parece enarbolar el cuchillo sobre su cabeza.

Metopa del Epulón y el pobre Lázaro bajo su mesa lamido por el perro en foto de Omedes


La siguiente metopa también la reconocemos fácilmente: la historia de Epulón y el pobre Lázaro. El tallista se ha esforzado en que aparezcan todos los elementos precisos: la gran mesa, el rico desmesuradamente gordo al que le sirven más y más y al pié tumbado en la calle el pobre Lázaro al que un perro le lame las llagas. Para mayor humillación, un invitado a la mesa se sienta sobre el pobre leproso, como muestra la excelente foto de Omedes. Habrá quien quiera relacionar el pecado de la gula aquí representado (aunque es la falta de caridad lo que vemos) con los canecillos que lo enmarcan, como lujuriosos, pero no vemos intencionalidad en ello, ya que, como proponemos, nada tienen que ver canes y metopas unos con otras: las metopas son dogmáticas y funerarias (Epulón irá de cabeza al infierno) mientras que los canes tienen carácter apotropaico: atraer la mirada para proteger el resto del relato.

Metopas del sacrif.de Isaac y  Epulón. La mujer pariendo parece volverse hacia éste, según Harman


Finalmente, la última metopa destaca por tener un formato distinto, más corta que las anteriores (los caballos tienen suelo, mientras en muchas de las otras ocupan todo el espacio), toca un tema que puede ser funerario o no (un simple torneo o juicio de Dios, aunque muchas veces esta lucha ilustra los sepulcros de los nobles) y además lo escolta el canecillo motivo de la disputa, que se separa temáticamente del resto: ni es obsceno ni es musical; es funerario por mostrar el triunfo del Miles Christi sobre el diablo. 

Metopa final con lucha ritual de caballeros cristianos


Ya vimos la portada de Moarves: su pendant es una cabeza diabólica, de aspecto negroide, políticamente inadecuado: cara redonda, cuernos, pelo rizado, labios gruesos, ojos redondos …y amarrado por el cuello en el cepo que lo aprisiona. 

Diablo con rasgos negroides atrapado en un cepo en Moarves de Ojeda


Tampoco somos los primeros en verlo: Agustín Gómez Gómez, en un recomendable estudio La iconografía del parto en el arte románico hispánico descargable en internet, es el primero que utiliza la cita de la epístola de Santiago para explicar al crío con cuchillo en el parto. Nosotros no entendemos todo el esfuerzo (aunque nos encanta tanta investigación) para encajar esos motivos en la fachada con bases doctrinales, ya que, como venimos repitiendo, no se trata más que de mostrar escenas sorprendentes, chocantes, a ser posible llenas de vida (nada mejor que un parto) para dotar al templo de elementos protectores contra el diablo y da resultado mostrar vida donde el demonio busca muerte. Por eso dejamos flores y velas en las sepulturas, para ahuyentar al diablo, aunque no lo sabemos.

Tanto interés en proteger recintos sagrados y alejar el diablo, llevó a comitentes ya en el gótico a seguir dotando a los templos de esos elementos apotropaicos tan eficaces, y así vemos las abundantes gárgolas góticas con figuras casi cómicas y siempre sorprendentes e incluso las encontramos en los situales de los coros, en el interior de las iglesias, en las misericordias donde apoyaban sus solemnes posaderas los clérigos cantores, que necesitaban protegerse de la acción del diablo en las interminables sesiones de canto sacro, para no perder la concentración.

Creemos que no hay que buscar referencia para lo esculpido, pero seguro que algún erudito encontrará la cita bíblica adecuada. Y porque no tenemos esculpida una matrona románica –que se sepa- porque uno tiene ya elegido el pasaje de los proverbios de Salomón que las alude y el rey mago algo debía saber del tema, ya que tenía 700 esposas y 300 concubinas:

Del libro de los Proverbios: (la Biblia rezuma machismo, aprovechen para criticarla, señoras): Mejor es vivir al descubierto en un rincón del terrado, que dentro de la misma casa con una mujer rencillosa (Prov.XXI.9) que se repite en (Prov.XXV,24) o el versículo 19 del mismo capítulo XXI: Más vale morar en un desierto que con una mujer rencillosa y colérica. Menos mal que el sabio rey rectifica al final y dedica a la buena esposa todo el capítulo XXXI, el último.

O en el Eclesiastés, de nuevo a la carga contra la mujer: No hay ira peor que la ira de la mujer: antes quisiera habitar con un león y con un dragón, que con una mujer malvada (Ec.XXV,23) y así una sarta de lindezas bíblicas hasta el tópico versículo 33: de la mujer tuvo principio el pecado y por causa de ella morimos todos.

¿debemos concluir cuando vemos un capitel con un león y un dragón, que se muestran las preferencias machistas ante la mujer? El uso y abuso de las citas bíblicas dan mucho juego.

También es precisamente Agustín Gómez, quien citando a Joaquin Yarza anota lo que estamos proponiendo aquí: que la última metopa (lucha de caballeros) y el canecillo del guerrero no encajan con el resto de la iconografía, incluso tratando por separado metopas y canes, como nosotros hacemos, aunque ninguno se plantea que obedezca a la reforma de la fachada que se hizo en el siglo XVI. De otra manera, la reiteración del profesor en vincular las escenas de parto con el pecado de la lujuria (ninguna –a nuestro juicio- tiene condena) como hacen  muchos estudiosos, le impide contemplar la visión de estos episodios como “obscenos”, es decir, no adecuados para un alero; van más allá del sexo, y lo que pretenden es atraer la mirada, sorprender e incluso espantar.

Hemos visto cómo, de una manera genérica, las metopas tienen un sentido didáctico, para que los fieles reconozcan en ellas escenas religiosas sabidas, en muchos casos de carácter funerario. Ahora veremos brevemente los canes que las enmarcan, que nada tienen que ver con el relato anterior.

Hay otra estudiosa rusa a quien autoricé a usar mis fotos, Dilshat Harman, que escribe el artículo “The Woman in Labour: A Twelfth-Century Navarrese Relief from the Church of San Martin de Tours, Artáiz” que podemos ojear para ver su opinión. 

https://trivent-publishing.eu/history/ambiguouswomen/2.%20Dilshat%20Harman.pdf.

Es ella quien asimismo muestra la relación de San Quirce con Artaiz, (que uno no hace más que coincidir con los expertos que antes pasaron por aquí) con la salvedad que Harman pretende en ambos templos encontrar una relación entre metopas y canes, mientras que nosotros los entendemos con su propia utilidad y sin relación.

Ya hemos comentado que el canecillo del guerrero a la derecha incluso parece estar ligeramente ladeado, como una mala recompostura. Pensamos que también la metopa está fuera de programa.

Enmarcando al Epulón tenemos un discutido personaje que Omedes describe correctamente, pese a la errónea literatura habitual, quizás porque los descriptores se resisten a identificar esos sorprendentes elementos sexuales.

Tañedor de salterio que parece cantar junto con la danzarina GALA, tan repeinada

Detalle del escote de Gala lista para bailar


LOS CANECILLOS

Vemos el primer canecillo, que representa un músico pulsador del salterio, vestido con una túnica con bordado de nudos, muy apotropaico,  y que entreabre la boca porque seguramente entona una canción (y no la bailarina, GALA, como pone en su bordado, que bastante tiene con seguir el ritmo). 



Vihuelista de Artaiz con aire zángaro
Gaitero de piernas cruzadas



Les sigue el gaitero, con las piernas cruzadas y el vihuelista, con su aire gitano y una carita tallada en el puente. Parece tocar de rodillas. Digamos que son figuras bien talladas y de sentido apotropaico “normal” porque los dos siguientes hacen de polos atractivos por su atrevida postura, que hacen surgir variadas interpretaciones, casi ninguna en el sentido apotropaico que defendemos, que es citado casi para descartarlo.


La mujer tocada que ha parido un crío que blande un cuchillo o espada por su impresionante vagina, que recuerda la de las sheelas pero exagerada, es objeto de múltiples comentarios. Se pueden ver en los artículos que citamos y en la EdR. Lo mismo ocurre con el presunto itifálico espectacular, que lo mismo puede ser un masturbador. Lo que no hay duda, es que muestra su aparatoso miembro, que al ser destruido ha dejado al descubierto su genitalidad.

Famoso parto armado de Artaiz

Sonriente masturbador o exhibicionista.
Se puede ver la redondez y la partición 
que denota que son testículos y no orinal


En cuanto a la ficha de la EdR matiza bien su distancia con las varias hipótesis sobre su portada, esperando nuevas aportaciones, aunque no compartimos su descripción del itifálico frustrado con el supermiembro perdido. No es un orinal lo que tiene debajo, como bien ha propuesto Omedes y que nosotros mantenemos hace años; dice: En el sexto encontramos un hombre exhibicionista, y en el séptimo un guerrero con escudo crucífero clavando la lanza sobre un dragón…El hombre que defeca con el orinal situado a su lado también forma parte de los temas procaces frecuentes en canecillos …

Contradicciones aparte, no está el sonriente personaje sentado en un orinal, sino que al perder el miembro que tenía empalmado sobre los testículos, éstos aparecen a la vista. Es cierto que el caganer es frecuente entre los temas apotropaicos del románico y precisamente en Artaiz lo tenemos, en la cara norte, gritando al tiempo para llamar la atención de los molestos diablos. Pero en la fachada sur es un exhibicionista-masturbador.

 

Caganer gritón del alero norte de Artaiz. 
Ambos actos son marcadamente apotropaicos

Ocurre que Harman menciona algún otro caso en donde se puede comprobar que los penes rotos dejan a la vista el sistema de tallarlos. Cuando se quiere poner un miembro exagerado, el riesgo de romperlo, bien al tallarlo, bien al colocarlo, es muy grande si se hace de una pieza. Para ello lo que hacían era esculpir el cuerpo, la masa de piedra por un lado y aparte se hacía el falo propiamente. En ambos se hacía un agujero para insertar una espiga –que no sólo lo hacen los carpinteros- que servía de unión de ambas figuras sin riesgo de romperlo. Así se hizo en Artaiz; por eso se pudo tallar ese monumental “orinal” que no son más que los testículos como se puede apreciar por el contorno doble de su fondo redondeado,  nada que ver con un orinal. Aunque Harman aduce que no hay fuente sobre esta afirmación, están las fotos, que son la mejor fuente.

Masturbador apedreado de Bañuelos del Rudrón que muestra
el hueco para la espiga que sujetaba su falo gigantesco


Además de los citados por Harman, en Bañuelos del Rudrón al norte de Burgos, hay un canecillo itifálico al que han roto de sucesivas pedradas las piernas y el pene y hoy podemos apreciar el agujero de la espiga –habitualmente de plomo o hierro- en el resto superviviente. Por una vez, la salvajada moralista sirve para conocer un sistema de escultura.

Canecillo de St.Marcouf (wiki) con itifálico sonando un cuerno.
Puede verse el apaño en su falo
 

El canecillo de Saint Marcouf que menciona Harman no conserva la varilla-espiga, por lo que pensamos ha podido recibir pasta de pegamento o cemento en algún momento, o quizás lo tiene así desde su colocación, pues se observa una capa doble.

Esta investigadora en “The woman in Labour: A Twelfth-Century Navarrese Relief from the Church of San Martin de Tours, Artaiz” publicada por Trivent en 2019 y descargable generosamente, documenta muy bien su trabajo. Como podemos deducir, la woman in Labour se refiere a la mujer parturienta. También se refiere al itifálico superdotado como “grinning man” aunque casi nadie se fija a primera vista en que sonríe, postura habitual en los exhibicionistas, que también gesticulan.

Una de las observaciones de la investigadora rusa es la posición de la parturienta, girada hacia la metopa del Epulón o bien hacia su compañero exhibicionista, lo que permite suponer cualquier relación. Nosotros pensamos humildemente que para poder esculpir la vasija (o huso o mantequera) que porta la dama fue preciso separar un poco  la cabeza en el modillón, nada más. Tampoco tiene sentido relacionar la vasija que porta la dama con el “escrotum” del vecino.

Cita, entre otros, comentarios de Kenaan-Kedar sobre el contraste de figuras positivas y negativas, lo alto y lo bajo, bueno y malo, etc. que tanto se ha utilizado para estas lecturas (por no recurrir al manido carnaval, etc) pero lo que menos resalta es el valor apotropaico de disponer figuras chocantes para proteger el edificio y a los difuntos enterrados a sus pies de la acción diabólica, cosa que no debería repugnar al párroco o comitente más reticente. La pieza que maneja la parturienta en tan dificultoso momento, ha de tener un gran significado por su prevalencia. Hablamos de mantequera (que a veces era de pequeño tamaño) porque en la Edad Media era un potente protector, ya que se consideraba que el diablo intervenía en ese delicado proceso. Aún hoy las mujeres deben cuidar esa labor para que no se corte. Bien fácil es pensar en la acción del diablo, pese a que el daño puede venir por un cambio brusco de temperatura o una mala manipulación (las mujeres reglantes siguen teniendo prohibido ciertos manejos, como trasegar vino o hacer mantequilla).

También algún estudioso ha mencionado la carraca, otro potente apotropaico, ya que el diablo se escurre si hay ruido o música (de ahí los frecuentes músicos, a veces gesticulantes, a veces exhibicionistas). Incluso puede ser un simple huso para señalar su condición femenina, al igual que la toca la identifica como casada. Lo que descoloca a todos es el crío con espada, y quizás eso es lo que se quiso poner: ya no sólo sorprende, asusta, repugna (desde luego, nada erótico) o impresiona la escena del parto; es que el tallista ha dado un paso más allá para esculpir una figura amenazante. Parece que el mensaje (nosotros podemos “inventar”  el nuestro) sería: “Señor diablo, no creas que puedes aprovecharte de la inocente criatura que nace, pese a que ponemos a su madre en tan ofensiva postura. El crío viene armado y deberás tener mucho cuidado al acercarte a él”. Bromas aparte, no pensamos que aluda a pecados, como todo el mundo viene a ver en una iglesia, sino una acción profiláctica contra los diablos, que acometen a los difuntos enterrados allí y que necesitan protección. Si yo soy feligrés y el párroco no me deja proteger a mis difuntos, no quedaría muy conforme, por mucho que me diga que eso es superstición. También hay opiniones en el sentido de que el neonato no empuña un arma sino otro elemento ruidoso como el de su madre.

Por ello también le ponen un posible masturbador con aparatosos genitales, material mundialmente reconocido eficaz contra los diablos a lo largo de la historia, como hemos ido narrando en sucesivas entradas de este blog.

Uno de los curiosos casos de exhibicionismo lo cita la Dra.Harman en la abadía inglesa de Romsey, donde un descarado exhibicionista medieval (en la web del proyecto sheela-na-gig lo cuentan bien) ha sido “restaurado” para “ pasar la censura” victoriana.

https://sheelanagig.org/romsey/

Que la mujer parturienta o los exhibicionistas sean representados junto a juglares y gente de mal vivir no significa –pese a las conclusiones pecaminosas- una condena, sino que todos ellos eran elementos apotropaicos y de ahí la proliferación en aleros y ventanas, los lugares más susceptible de ser asaltados por los diablos, lo mismo que los amuletos (casi siempre obscenos) se colocaban en los cuellos de niños y mujeres por ser los más débiles de la sociedad. Por cierto, que pensamos que el bulto del cuello del trifonte del alero de Artaiz, no es la nuez de la Santísima Trinidad (dicho con todo el respeto que los creyentes merecen) sino un amuleto sin tallar, como el resto de las caras. Un caso similar es el dado que lleva en el cuello la dama del alero de St.Sernin de Toulouse. Puro amuleto en figuras sorprendentes.


Trifonte apotropaico pagano con amuleto junto al gesto apotropaico cristiano de Artaiz

Pintura medieval de la Divinidad cristiana

Detalle del trifronte donde se observa la cinta que sujeta el amuleto al cuello
(probablemente una bulla)


Por fortuna, Harman se apoya en su estudio en Barbara Freitag para pasar al tema paralelo de las sheela-na-gig, aunque no vemos la relación “genital” que aduce sino que ambas figuras, por su propio significado sorprendente –la sheela no es más que una bruja, al fin- son apotropaicas.

Y sobre ese trabajo, podemos agregar que aunque escasas, tenemos alguna representación de sheelas en España que han sobrevivido a la censura feroz.

La investigadora, al estudiar la posible vinculación de esas imágenes con el carnaval, menciona a Batjin, autor de referencia quien junto con Camille, Schmitt, Gurevich, Deonna y otros prestigiosos investigadores, han trabajado en ese sentido: la influencia de la cultura popular en las representaciones artísticas, aunque opina:

“El peligro de este enfoque consiste en colocar completamente las imágenes del parto en el campo de la cultura popular, desconectándolas así del campo semántico de la alta literatura religiosa. Creo que la imagen de Artáiz une con éxito estos dos campos, y muestra claramente que no existe tal desconexión”.

En nuestra opinión, los partos son tratados en estos templos como un elemento apotropaico más, igual que los exhibicionistas, masturbadores y músicos, sin más finalidad que sorprender y asustar. Esa muestra, más bien provocaba tranquilidad en los feligreses que verían que el templo estaba protegido contra la acción diabólica –ya hemos comentado que despertar la risa también era un gesto apotropaico- mediante imágenes que sabían no les estaban dedicadas, sino a los diablos y aojadores que pudieran dañar el templo y sus sepulturas.

De todos modos, pensamos que la alusión al carnaval y la inversión de roles es poco adecuada para interpretar la iconografía obscena, casi siempre esculpida años antes de las referencias literarias, como Rabelais, y que no influyeron en estas imágenes que ya existían.

Díptico de Lieja. Museo Wittert con obscenidades apotropaicas advertidas



Sin acabar de entender el mensaje del “hombre sonriente”: the man holds a vessel in a manner that alludes to his phallus, (manda huevos, que diría el político: la vasija es el falo) el trabajo se enreda en intentar relacionar la metopa de Epulón con el crío del cuchillo que conduce a reflexiones que no vamos a comentar. Sigue buscando en el trabajo la conexión entre metopas y canes, y es aquí donde conecta San Quirce con San Martín, para concluir: “La portada de San Martin de Artaiz probablemente trae a la mente de los visitantes un sistema de asociación, llevándoles a pensar cómo la vida y la muerte están conectados, como un mapa para salvación o una constante llamada a buscar el recto camino, el camino de la vida”.

Nota posterior: apenas dos días después de publicada esta entrada, me recuerda amablemente la Dra. Aragonés que el hombre sonriente del falo ausente, tiene además una característica muy especial: es monosandalista, tema que ella ha estudiado. No es la única figura calzada así, ya que tenemos al menos otro en la portada. Y no se esculpen por capricho, sino que suelen aludir a personajes al límite entre lo sagrado y lo profano, o entre lo real y lo onírico, según otros. Lo que si está claro, y agradezco ese detalle que demuestra lo bien que conoce la historiadora su templo, que en Artaiz se apila misterios con más misterios. Incluimos el detalle fotográfico al final.

No queremos terminar sin dar un breve repaso al resto de iconografía de Artaiz que, aparte del caganer tiene otros asimismo intrigantes. ¿Qué el trifonte hierático del alero tiene que ver con el propuesto Dios de la portada? No, si se considera su función apotropaica –como en otros templos que no tienen nada que ver con Artaiz, a veces góticos- como en S.Pedro de Caracena, donde además el personaje es un negro dentudo, poco que ver con la Trinidad. Se trata de poner monstruos, seres extraordinarios para sorprender y atraer la mirada. Perdón por repetirnos.En otro modillón de Caracena (Soria), otra gran cabeza africana nos guiña el ojo y hace una mueca. Todos gestos sorprendentes, que llaman la atención por si no bastara la raza del sujeto. Muecas hacen también los canes de Artaiz, como el calvo que se abre la boca con las manos o el que aparenta morderse los dedos, aunque creemos que toca un chiflo. No digamos el llamativo juego sexual masculino en todo su esplendor, del que dice Omedes con mucho fundamento, que es la demostración de que algunas piezas delicadas tenían hierros para evitar su rotura.

Caracena. Trifontre apotropaico de su alero en cabeza de negro con otros motivos protectores

Caracena. Cabeza de negro haciendo muecas apotropaicas


 No faltan otras figuras con esa función protectora, muchas veces representadas por animales familiares, como las cabezas de ganado, que en Artaiz asoman la lengua en gesto protector, junto a exhibicionistas o piezas como la vasija vuelta para que se meta en ella el diablo y no acierte a salir. 

Evidente falo protector de Artaiz

Mujer exhibicionista en el muro norte de Artaiz

Cabeza de diablo, ya que el efecto espejo es muy molesto para los diablos


El personaje con el niño a hombros, del que hay uno similar en la entrada de la iglesia de Santillana, pudiera representar el cambio de año (el año viejo llevando a hombros al nuevo que viene) pero no sabemos su sentido real. Por lo menos, sorprende sin ofender. Como esa cabeza diabólica o la posible dama espinaria.

Hombre con un niño a los hombros en el muro norte




No hace más la sugestiva iconografía de Artaiz que atraer la mirada, intrigar, a veces asustar e incluso irritar, pero piensen los fieles devotos que aquello no les está dedicado sino a los diablos o echadores del mal de ojo, que, evidentemente, van a envidiar la belleza del templo y precisa ser protegido como se hace desde la más remota antigüedad: con lo que no debe mostrarse, lo “obsceno”.

Hasta la punta del rabo del fiero león tiene una cabecita esculpida para proteger la figura


Comenzábamos con la figura del obispo lanceador. Terminamos ahora : “eppur si mouve”.

 

 

Primer plano de los pies del itifálico: uno calzado con botín y el otro descalzo
(agregado el 7 de Abril)

 

 



Comentarios

  1. En noticia de prensa de estos días se informa del hallazgo de un cementerio de hace más de 2.000 años en China con más de 80 espejos junto a los restos de gente de alcurnia. Los espejos de colocaban para ahuyentar a los malos espíritus, los diablos, que al pretender acercarse a los cadáveres van a verse reflejados en el espejo, lo que hará que huyan ya que son espíritus que no pueden verse en los espejos.
    https://noticiasdelmundo.news/mas-de-80-espejos-de-bronce-aun-reflectantes-despues-de-2-000-anos-fueron-descubiertos-en-china/?unapproved=309&moderation-hash=cc6ebed2606ace675d471a5b1cafacc5#comment-309

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